13 ago 2020

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Carta de un jardinero: "Nuestro entorno de trabajo se deteriora por los excrementos de perros"

Rafael Carrasco Martín

Un niño juega en un parque infantil de San Sebastián.

Un niño juega en un parque infantil de San Sebastián.

Érase una vez, y mentira no es, que la gente disfrutaba de los jardines. Los niños jugaban y el aire se respiraba. Hoy, los niños me preguntan por qué los jardines y parques huelen a orín y excremento de perro.

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Ahora, mientras los jardineros y jardineras segamos y desbrozamos los céspedes, los excrementos nos saltan a la cara. En esas condiciones, el trabajo es un horror. Se deteriora nuestro entorno de trabajo a raíz del vandalismo y la inconsciencia de dejar los excrementos de los perros sin recoger.

Décadas atrás, el amianto no era noticia; hace pocos años se descubrió que era peligroso para la salud y hoy sabemos que la manipulación sin protección es mortal para el trabajador. Y del riesgo biológico que suponen los excrementos de perro para los niños y niñas que juegan en los parques de nuestros pueblos y ciudades, y de manera continuada para el trabajador que trabaja en la calle (jardinería, limpieza viaria...) nadie comenta nada. Estoy seguro de que en un futuro se hablará de este tema de manera similar a lo ocurrido con el amianto. Y, entonces, se demostrará el riesgo que supone para nuestra salud.

Y esta historia se acabó. Pero pedimos a todos los responsables que solucionen el tema con todos los recursos disponibles y necesarios.

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