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La lluvia barre el regreso del botellón estrella de la Mercè

Los chubascos disuaden a los miles de jóvenes congregados esta madrugada en los alrededores de la Plaza de España

Algunos jóvenes se han refugiado en las Arenas para seguir con la fiesta, otros se marchaban empapados a casa

MANU MITRU

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Ferran Dalmau

La madrugada de este sábado en la avenida de María Cristina miles de voces coreaban: "Por eso esperaba con la carita empapada a que llegaras con rosas, con mil rosas para mí". Era medianoche y 'La Oreja de Van Gogh' cantaba ante cientos de adeptos. Parecía hecho a propósito, pero no. Los fans -y los que no lo son tanto- han terminado el concierto con la cara empapada por la lluvia. En la primera gran velada de la Mercè los chubascos no han querido perderse el espectáculo. Hasta tal punto que en el escenario Besòs del Moll de la Fusta tuvo que cancelarse el concierto de Miss Raisa cuando quedaban 10 minutos y en el Moll Llobregat se suspendió directamente el de Luna Ki. Lo mismo pasó en la zona de la Platja de Bogatell, donde no pudo acabar Santa Salut, y en la misma Maria Cristina, donde fue Mosaic quien tuvo que parar el micrófono.

La avenida Maria Cristina, a los pies de Montjuïc, ha sido escenario de uno de los conciertos más buscados de esta noche y también del regreso del botellón estrella de la fiesta mayor de Barcelona, que el año pasado congregó miles de jóvenes y derivó en incidentes. Este viernes las torres venecianas, casi adrede, separaban una multitud de otra. Mientras en la avenida miles de jóvenes han venido a disfrutar de la música -y a veces también de un poco de alcohol- en las escaleras de la plaza de España otros miles invierten las preferencias.

Marta tiene 19 años y es de las primeras: "He venido por la música, no cómo otros que vienen a emborracharse". Entre estos otros está Pau, sólo un año mayor que ella: "Yo he venido por la bebida y por la droga", afirma entre las risas de sus compañeros. Lleva un vaso de cerveza en la mano, que acaba en el suelo una hora más tarde, cuando toca correr. A pocos minutos de las dos de la madrugada arranca a llover a raudales, y válgase el dicho, agua la fiesta.

Difícil retorno a casa

Las ganas de marcharse han chocado con la odisea de muchos para volver a casa. Algunas bocas de metro se han inundado esta noche, y con ello el tránsito se ha desviado hacia las paradas de autobús. Los buses nocturnos no daban de sí y los taxis no podían asumir tantos pasajeros. Algunos han intentado reservar un Vehículo de Transporte con Conductor (VTC) pero la alta demanda y la lluvia torrencial han colapsado las aplicaciones. Para muchos, la solución ha sido chubasquero, paraguas y caminar.

Fiesta al resguardo de las Arenas

Sin embargo, la falta de música no ha impedido a los más fiesteros seguir, la mayoría en el centro comercial de las Arenas, donde se han colado a través de las escaleras mecánicas, que estaban cerradas. Allí han continuado la noche con pequeños altavoces portátiles y mezclas de bebidas energéticas con ron o vodka. La Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra también han tenido que desalojar la entrada del Hotel Catalonia, en la misma plaza, que estaba siendo el resguardo de muchos otros jóvenes que impedían el acceso al edificio.

“Alcohol puedo beberlo en todos lados”, dice Mateo, de 22 años, con una botella de ginebra en la mano. “Pero aquí puedo socializar con mucha gente”. María, a su lado, coincide: “No me gusta ninguno de los conciertos. El botellón es lo mejor, pero que sea controlado”. Su matiz se entiende mejor con contexto: el año pasado hubo una decena de apuñalamientos, altercados con los Mossos y mucha crispación. Adrià, tarraconense de 19 años, tuvo “miedo” entonces, pero ha vuelto este año y coincide con Ada, aún menor de edad: “El ambiente es más positivo, no hay tantas peleas”.


/ MANU MITRU

Quizá haya cambiado el ánimo, o quizá la lluvia haya disuelto los problemas antes de que ocurrieran. A las tres de la madrugada el botellón ya era residual y la única herida era una joven con un golpe en la cabeza tras resbalar en un rellano de dos metros de altura. Ha sido atendida por los Servicios de Emergencias Médicas mientras la policía aprovechaba para terminar de dispersar el rastro de los asistentes. Un agente a pie de calle calculaba una afluencia de las 40.000 personas.

La primera noche no convence

A Teo le falta poco para cumplir los dieciocho y no bebe, porque es deportista de élite. Empieza a marcharse con las primeras gotas de agua: “La Mercè es un desastre, el ambiente es horroroso”. Viene de la Playa de Bogatell, el otro gran núcleo de fiesta de esta noche: “Acabo de llegar en metro y nada. Allá es lo mismo con menos gente”.

La enorme multitud también perjudica a quiénes verdaderamente solo vienen para cantar. Lara es acérrima de 'La Oreja de Van Gogh': “Ni siquiera se podía escuchar bien la música. Es agobiante”. No es una opinión aislada, porque en medio del concierto algunos grupos gritaban lo mismo: “¡No se escucha!” 

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Para alivio de algunos, mañana la cita se renueva. María, la amante del “botellón controlado”, volverá a este mismo punto la noche del sábado. Mateo, Ada, Pau, Marta, también. La oferta musical de la próxima velada cuenta con 'La Pegatina' o 'Itaca Band', aunque para muchos la oferta es la de siempre. Beber y bailar.

De momento, en la noche del viernes de fiesta mayor de Barcelona la lluvia ha sido la mejor política para prevenir los macrobotellones. Ha permitido la actuación musical del grupo, pero nada más terminarse y empezar los DJs ha empapado y desalojado a los fiesteros. “Así no se puede”, decía María al marcharse, aunque la previsión meteorológica ya advertía los chubascos. Parece que si el cielo escucha música, es fan de 'La Oreja de Van Gogh'.