Unas 40.000 personas

Otro macrobotellón termina en batalla campal y enturbia la fiesta de la Mercè

  • El Sistema d'Emergències Mèdiques ha atendido un número "elevado" de heridos por botellas de cristal y arma blanca durante una fiesta improvisada con miles de jóvenes en la avenida de Maria Cristina

  • Un grupo de chicos causó destrozos en el Palacio de Congresos de la Fira de Barcelona, calcinó coches y árboles y arrojó cristales contra los agentes de la Guardia Urbana

Un coche ardiendo en la avenida de Maria Cristina.

Un coche ardiendo en la avenida de Maria Cristina. / Manu Mitru

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Otro macrobotellón ha vuelto a llenar la plaza de Espanya de Barcelona, la Avenida Maria Cristina y el parque de Joan Miró de miles de jóvenes (muchos menores de edad) en una fiesta improvisada. El encuentro, que ha llegado a reunir a 40.000 personas, ha acabado en una batalla campal con el lanzamiento de botellas de cristal entre los asistentes y contra los agentes de la Guardia Urbana. Tras la intervención de los cuerpos policiales a las cinco de la madrugada, la zona ha terminado desalojada pasadas las siete de la mañana. Hay un número importante de heridos y destrozos, entre ellos, en el Palacio de Congresos de la Fira de Barcelona, hasta hoy, el gran vacunódromo catalán contra el coronavirus. Según el Ayuntamiento de Barcelona, los disturbios se han saldado con 20 detenidos y 45 heridos, de los cuales 13 han sufrido lesiones de arma blanca.

Manu Mitru

Igual que ocurrió la primera noche de las fiestas de la Mercè de Barcelona, este viernes miles de jóvenes se han vuelto a congregar en los alrededores de la plaza de Espanya para celebrar un macrobotellón que incumplía todas las restricciones sanitarias. Pasada la madrugada, la zona estaba repleta de jóvenes bailando 'dembow' y bebiendo alcohol desde el parque de Joan Miró hasta las fuentes de Montjuïc. Eran, de hecho, muchos más que los cerca de 15.000 concentrados el día anterior. Pero todos decían buscar lo mismo. "Queremos fiesta, diversión, conocer a gente... estamos hartos de que no nos dejen hacer nada", comentaban muchos asistentes, la práctica mayoría, menores de 20 años.

La zona estaba llena de adolescentes, desde 14 años hasta los 21. Algunos querían rememorar su primera Mercè de 2019, cuando la avenida acogía grandes conciertos, como Adriana y Constanza, de 21 y 20 años. Otros, era la primera vez que salían de fiesta en la capital. "Necesitamos salir, bailar... vamos locos bebiendo y tal pero es que es normal, no podemos más", decía Ángela, una joven de Vilassar de Mar de 17 años. "¡La vamos a liar en plaza España!" presagiaba Marc, un joven de 25 años que empezó la noche bebiendo cubatas con sus amigos en el barrio de la Marina de Barcelona.

Incendio en un edificio de la Fira.

/ Manu Mitru

Ya entradas las dos de la madrugada, empezaron a registrarse los primeros heridos por peleas. Fue entonces cuando el Sistema d'Emergències Mèdiques, con la ayuda de los Mossos y la Guardia Urbana, montaron un espacio especial para atenderles. Ataques de ansiedad tras robos de teléfonos móviles, mareos y malestar causados por el abuso de alcohol, pero sobre todo heridos por botellas de cristal. Desde las dos hasta las cinco y media de la madrugada era constante el degoteo de chavales ensangrentados por golpes de botellazos en todo el cuerpo. Los agentes también contaron un número abultado de cuchillazos. Fuentes médicas se muestran sorprendidas del número de agresiones por arma blanca y la temprana edad edad de la gente. A partir de las tres de la madrugada, muchos chicos empezaron a huir de la avenida de Maria Cristina mientras otros, ajenos a todo lo sucedido, seguían bailando, riendo y bebiendo como si nada estuviera pasando.

El despliegue policial se manifestó insuficiente, ante la gran cantidad de asistentes. Era evidente que el plan para atajar las macrofiestas había hecho aguas. "Es incontrolable", confesaba un agente de la Guardia Urbana que había estado en el mismo lugar la noche anterior. A pesar de ello, en todo momento cuatro furgonetas de los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana se situaron al final de Maria Cristina, en la avenida de Rius i Taulet, para tratar de limitar el espacio de la fiesta.

La Guardia Urbana se lleva a un joven durante el botellón en Maria Cristina.

/ Manu Mitru

Fue precisamente allí cuando un grupo minoritario de jóvenes empezó a atacar a los cuerpos policiales a las cinco de la madrugada. Lanzaron botellas de cristal, quemaron un coche aparcado en la carretera, destrozaron otro y reventaron los cristales del Palau de Congresos de La Fira de Barcelona y el puente que une la avenida de Maria Cristina con la fuente de Montjuïc. También usaron varios extintores del Palau, quemaron contenedores y cipreses de la avenida Maria Cristina. Finalmente a las siete de la mañana los agentes de los antidisturbios de la Guardia Urbana, después que los Mossos se fueran del lugar, lograron replegarles a los jóvenes violentos. Al menos uno de ello se encaró a los agentes y fue detenido. Durante el desalojo una chica sufrió una paliza de un joven que estaba fuera de sí. Al fin, la fiesta terminó llena de basura por todos lados, el vacunódromo masivo más grande de Catalunya destrozado y con una lluvia de ceniza.

"Vinimos con todos mis amigos para pasarlo bien, para salir de fiesta juntos, y no entiendo cómo hemos acabado así", decía con las manos en la cabeza Sergio, un joven de 22 años vecino de Santa Coloma de Gramenet. Uno de sus amigos, extintor en mano, era de los que lanzaba cristales e insultos contra la policía. Sergio trató de detenerlo, sin éxito, en varias ocasiones. "Claro que odio que nos restrinjan, que nos pongan multas... a mí también me da asco la policía pero esto es demasiado. La gente tiene rabia dentro, no llegan a entender el porqué de todo esto. Creo que todos necesitan un psicólogo", zanjaba el joven, que acabó huyendo de las llamas.

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Los otros botellones

La fiesta, y los botellones en la ciudad, no han estado solo en la plaza de Espanya. La plaza de los Àngels (Raval), el paseo del Born, la avenida de Lluís Companys y el Moll de la Fusta han sido otros de los enclaves usados por muchos jóvenes. Allí, la media de edad era bastante más elevada y apenas se han registrado incidentes. A las dos de la madrugada, el Born ya estaba desierto, después que la Guardia Urbana desalojara pacíficamente a todos los fiesteros. "Ya sabemos que no podemos estar aquí. En cuanto venga la policía nos iremos sin problemas", contaba Mikel, un estudiante de 26 años en Lluís Companys. "La pandemia nos ha jodido, yo he tenido que volver a vivir a casa de los padres porque he estado un mes en el paro", se sinceraba el joven. Muchos otros en el lugar, que superaban la treintena, opinaban lo mismo. "Plantar cara no plantaremos, sabemos que esto esta mal y nos iremos", asumía otro chico.