La lucha contra la pandemia

Badalona vacuna a un centenar de 'sinhogar': "Pensé que a mí no me llamarían"

  • La mitad de las personas sin hogar de Badalona ya se han vacunado contra el coronavirus con la monodosis de Janssen

  • Muchos de los que se acercaron al pabellón olímpicos carecen de asistencia médica y agradecen poder blindar su cuerpo ante el covid-19

Julián, un hombre sin hogar de 67 años, recibe la vacuna Janssen en el pabellón olímpico de Badalona.

Julián, un hombre sin hogar de 67 años, recibe la vacuna Janssen en el pabellón olímpico de Badalona. / MANU MITRU

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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"Pensé que jamás me avisarían para vacunarme contra el covid, que a mí no me tendrían en cuenta", cuenta Mamadou, un hombre senegalés de 40 años que, hace un año al menos, malvive en naves abandonadas de Badalona (Barcelonès). Pero este miércoles lo ha logrado, tras un intenso trabajo de los servicios sociales especializados, él y otras 51 personas sin techo han recibido la monodosis de la vacuna Janssen en un pequeño espacio habilitado en el pabellón olímpico donde juega la Penya. En menos de un mes, un centenar de personas sin hogar de la ciudad ya se han vacunado. Está previsto que este junio todas las grandes ciudades vacunen a personas sin hogar, tal y como avanzó EL PERIÓDICO.

Mamadou sale de la sala de vacunación con una sonrisa. "Me duele un poco el brazo pero ahora ya estoy protegido. Y lo más importante, puedo ir a Francia o a Bélgica a ver a mis familiares", dice. La sonrisa se apaga cuando recuerda cómo en 2006 cruzó el Atlántico en patera y consiguió pisar suelo español en las Canarias. Desde entonces ha rondado por toda la península trabajando sin contrato o haciéndolo con la documentación de otro en la agricultura, la hostelería o la construcción. No tiene papeles, ni tarjeta sanitaria y solo conserva una página de su pasaporte. "Se me quemó con el incendio de la nave de Gorg", aclara. Vive ahora en otra nave ocupada, en el mismo barrio, con 50 personas más. "Al menos tenemos agua y luz. Pero a nadie le gusta vivir así", suspira.

"Yo solo voy al médico si tengo una urgencia, pero no no estoy en el sistema, no cuento... Por eso pensé que no me llamarían para vacunarme", prosigue. A pesar de ello, la semana pasada un equipo municipal de educadores se trasladó hasta el asentamiento y les insistió a todos sus habitantes que tenían derecho a vacunarse. "Yo no constaba en la lista, pero cuando Mamadou me dijo que me podía vacunar pensé en venir", explica Alejandra, una colombiana de 27 años que carga en brazos a su pequeña Djana, de 17 meses. "Su padre vivía en la nave de Gorg, pero desde el incendio desapareció, no se nada de él...", cuenta la mujer.

Gibril posa con la pequeña Djana, tras vacunarse del covid 19

/ MANU MITRU

Alejandra aterrizó en España pidiendo asilo junto a su hijo mayor. Les concedieron el permiso de refugiados pero ya han agotado las ayudas estatales para ello. Ella sí tiene documentos, lo que no tiene es empleo. "Trabajaba tapizando barcos pero todo ha bajado mucho tras la pandemia. Además la máquina se me quemó en el incendio del Gorg y no tengo con quién dejar a la niña", explica. Ahora vive en casa de un amiga con los dos niños, pero reconoce que frecuenta las naves ocupadas en la ciudad. "No quise saber nada de los servicios sociales porque temía que me quitaran a los niños. Pero hoy me he acercado al menos para vacunarme y poder estar tranquila", asevera. Gracias a la vacunación, los educadores la conocen e intentarán tramitarle ayudas para conseguir un hogar para los pequeños.

"A mí sí me llamaron antes, cuando me tocaba por mi grupo de edad, pero esto de los trombos me daba miedo.. ¿y si me da una embolia?", se preguntaba Julián, de 67 años, que vive en la calle desde hace una semana

Quien tampoco se ha querido perder la vacuna es Julián, un hombre de 67 años que vive en la calle. "A mí sí me llamaron antes, cuando me tocaba por mi grupo de edad, pero esto de los trombos me daba mucho miedo.. ¿y si me da una embolia?", se cuestionaba. Al fin, se ha decidido. "He visto que todo ha ido bien... y pensé que esta vez debía venir. Lo hago por mi salud y la de los demás", aclara. Julián apenas lleva una semana en la calle. "Yo era encofrador en la construcción", explica. Tras la crisis de 2008 el trabajo empezó a decaer. "Me hacían trabajar sin contrato, sin cotizar... y ahora me he quedado con una pensión de 665 euros. ¿Cómo me pago un piso, una habitación?", se pregunta el hombre, que reconoce que ha estado durmiendo en un banco frente a la comisaría de la Guardia Urbana de Badalona.

Aunque, en realidad, el primero en vacunarse este miércoles ha sido Matar Thioub, un joven senegalés de 18 años que mide más de dos metros y que también ocupó la nave calcinada de Gorg. "Duele un poquito pero ya está", tranquilizaba a sus compañeros tras recibir el pinchazo. El joven salió de su país en 2018 convencido que acabaría jugando a baloncesto en el Barça después que un supuesto ojeador se presentara en casa de sus padres. "Empecé a jugar en Alicante... pero al final nada", comenta, resignado. En 2019 acabó en varios centros de menores de Catalunya, hasta que en diciembre tuvo que abandonarlos al cumplir la mayoría de edad. Ahora vive en una pensión municipal, como más de 90 supervivientes de la nave calcinada de Gorg.

Varios hombres sin hogar esperan para recibir el pinchazo de la vacuna Janssen en Badalona.

/ MANU MITRU

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"Esta es la segunda vacuna que me ponen en mi vida", explica feliz Matiga, otro superviviente de la nave que sabe el que el día 15 debe abandonar la pensión municipal y ocupar otra nave industrial. La primera inyección que recibió fue la de la tuberculosis, en Senegal. La segunda, la del covid en Badalona. "Es que nosotros allí no tenemos la suerte de podernos vacunar tan fácilmente, en África las vacunas no llegan", agrega Gibril, otro hombre gambiano sin hogar. "Al principio tenía muchas dudas, pensaba que harían un experimento o algo... pero luego pensé que yo también tengo derecho a vacunarme. El problema está con aquella gente que no está conectada con ninguna entidad ni servicios sociales... ¿cómo se van a enterar que pueden vacunarse también?", se pregunta.

Ola de peticiones para vacunarse en Barcelona

El próximo jueves y viernes está previsto que también se vacunen a personas sin hogar en el centro abierto de la Fundació Arrels y en la parroquia de Santa Anna, en Barcelona. "Nos han llamado varias entidades para atender a sus usuarios que se querían inscribirse, e incluso nos han llamado personas que duermen en la calle en Sant Cugat del Vallès", explica el director de la entidad, Ferran Busquets. De hecho, en un primer momento iban a ser 50 las personas vacunadas en ese espacio, aunque al final, ante la oleada de peticiones, el centro ha pedido a Salut aumentar 25 dosis más.

"Nos preocupa que venga gente que no hemos inscrito pensándose que se pueden vacunar y generemos más frustración", alerta Busquets. Es cierto que ha corrido la voz en varias entidades del barrio y de la ciudad. "Lo que está clarísimo es que las personas sin hogar se quieren vacunar y que es un colectivo importante e invisibilizado", insiste Busquets, que pide que todos los ayuntamientos den el paso para vacunar a las personas que duermen en la calle.

En Santa Anna, el sistema va a ser distinto. "Queremos aprovechar la vacunación para que este colectivo esté en seguimiento médico, muchos no tienen tarjeta sanitaria ni médico de referencia, y no suelen ir a los centros sanitarios", explica el rector, Peio Sánchez. Es por ello que los cerca de 60 inscritos el viernes para vacunarse ya estarían localizados por el CAP Gótic, que es quien se encargará de esta vacunación, y a partir de allí toda la gente que quiera sumarse para poderse vacunar van a ser introducidos en el sistema sanitario previamente. "Es un proceso que va a tardar varios días, pero así conseguimos una asistencia sanitaria a largo plazo y la vacuna va a servir para mucho más", asume el rector, que insiste que este colectivo tan vulnerable e invisible, necesita una atención sanitaria diferencial.