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UN BARÇA CAMALEÓNICO

Así cambia los partidos Valverde

El técnico ha agitado al equipo con sustituciones decisivas y diferentes planes tácticos

Marcos López

Valverde da instrucciones durante el Barça-Olympique de Lyon en el Camp Nou.

Valverde da instrucciones durante el Barça-Olympique de Lyon en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

Detrás de Messi también hay vida en el Barça. Ocurrió, curiosamente, en la época en que Leo estaba lesionado. Fue entonces cuando Valverde ejerció más de entrenador que nunca, reajustando a su equipo para sobrevivir al pánico que provocó la ausencia del 10. El Barça descubrió la buena mano de su técnico para tejer a su conjunto.

Tenía entonces Leo una fractura en el radio de su codo derecho, pero sus compañeros, arropados por la red que dibujó el Txingurri, no notaron su baja. Tres partidos, tres triunfos:  4-2 al Sevilla, ya sin Messi, que caía lesionado en el minuto 28, 2-0 al Inter y 5-1 al Madrid en la Liga.

No solo ha alterado el paisaje táctico del equipo sino que ha sorprendido a los rivales

Intervinó el técnico con acierto en cada uno de ellos, detectando que Rafinha, hasta su nueva lesión, era una buena solución, aprovechando la polivalencia de Sergi Roberto tras abrir antes la puerta a Arthur. Ocurrió todo eso en octubre. Ahora, Valverde, y prácticamente ante los mismos rivales, ha hecho cambios que han cambiado para bien al Barça. Con Messi, a su lado, por supuesto.

Retoques que han alterado el paisaje táctico del equipo, al tiempo que han sorprendido los rivales. Pocos se fijan, pero el Txingurri también tiene una libreta. Aunque no se le vea escribir. Por si acaso no se repara demasiado ya está Messi para recordarlo. "El planteamiento del míster ha sido perfecto”, dijo tras golear al Betis.

1.- Ernesto cogió el bisturí en Sevilla

Venía el Barça de Lyon. De un 0-0 que retrataba su impotencia ofensiva después de haber realizado 25 disparos. Venía también de una crisis porque en sus tres partidos anteriores (1-1 con el Madrid en la Copa, 0-0 con el Athletic en San Mamés y 1-0 en el Camp Nou contra el Valladolid) delataba sus verdaderos problemas. 360 minutos de fútbol y solo dos tantos: Malcom y Messi de penalti. Llegó entonces la visita al Sánchez Pizjuán con un equipo irreconocible en la primera parte.

Tan mal lo vio Valverde que intervino en el descanso con un par de medidas drásticas. No se limitó a hacer un simple cambio de jugador por jugador sino que modificó el dibujo del Barça. Llevó a Messi al centro, escoltado en las bandas por Dembélé, que envió a Arturo Vidal a la ducha, y Coutinho teniendo la referencia arriba de Suárez. Por detrás, dos guardaespaldas: Busquets y Rakitic.

O sea salió un Barça distinto en la segunda mitad ahogando al Sevilla entonces de Machín, al que llevó al cansancio físico y mental. En los últimos 23 minutos recibió tres goles y perdió. No tuvo respuestas ante un genial Messi. Del 2-1 al 2-4.


2.- Dembélé ataca el espacio y asiste

Había tenido una primera parte errática. No le salían nada bien las cosas a Ousmane Dembélé, más preocupado de formar una línea de cuatro centrocampistas en el plano defensivo cuando el Madrid atacaba en el Bernabéu, sobre todo en el tramo final de la primera mitad.

No existía el joven francés. Ni tampoco el Barça de Valverde, tímido y plano al punto de que cerró los 45 minutos iniciales sin realizar ni un solo disparo a puerta. Vivía tranquilo Keylor Navas, mientras Ter Stegen sostenía al Barça con las manos y los pies, sufriendo porque sus defensas no sabían detectar a Vinicius.

Todo cambió en la segunda mitad. Valverde instó a su equipo a ser más agresivo en ataque (peor no podía estar) y ahí emergió Dembélé. Atacó el espacio que había tras la zaga blanca, se convirtió en un jugador invisible y dejó dos asistencias de gol: una por la izquierda sin que Carvajal se enterara (marcó Suárez) y otra por la derecha donde Reguilón tampoco se percató de su presencia (gol en propia puerta de Varane). 0-3 al Madrid en el Bernabéu con su propia medicina.

3.- Corregirse también desde la victoria

El Barça había echado al Madrid de la Copa. Se iniciaba así la semana negra de los blancos. Pero Valverde no quedó nada contento, a pesar del triunfo. Entonces decidió corregir sobre la victoria, introduciendo especialmente matices defensivos para que Vinicius no tuviera la noche tan despejada como en la semifinal copera. En realidad, jugaron los mismos en esos dos clásicos en apenas tres días. Diez de los 11 titulares repitieron.

Valverde hizo un solo cambio (en la Liga entró Arthur por Semedo), pero construyó un nuevo Barça. El brasileño se incrustó como volante zurdo devolviendo a Rakitic a la posición de interior diestro, ocupada en la Copa por Sergi Roberto.

Aunque éste tenía un nuevo trabajo; ejercer de lateral derecho para frenar a Vinicius con inteligencia sin entrar en el cuerpo a cuerpo de la velocidad donde era inferior. Inteligencia y con las necesarias ayudas del propio Rakitic, Busquets y Piqué.

Pero con la astucia necesaria para llevar a la joven esperanza del madridismo a los territorios donde se sintiera más incómodo. Sergi Roberto se salía con la suya; Valverde, también. Acabó 0-1, pero jugó mejor el Barça. 

4.- Cuando las estrellas coinciden arriba

No es habitual que coincidan Arthur, el toque y la pausa, con Arturo Vidal, vértigo y piernas para llegar a todos sitios en poco tiempo, en un mismo once. Aunque ante el Rayo, y tras el doble esfuerzo de los dos clásicos, Valverde empleó esa fórmula para un centro del campo en el que no estaba la valiosa figura de Rakitic. Empezó tan mal el partido con el gol de Raúl de Tomas (0-1, m 24) que el técnico tramó los cambios imprescindibles para agitar a un Barça que se marchó al descanso 1-1 gracias al tanto de Piqué.

De nuevo, como ya había sucedido en el Sánchez Pizjuán, Valverde usó el bisturí en la charla previa al inicio de la segunda mitad. Dejó a Arthur duchándose mientras aparecía Dembélé para volver a la fórmula del Sevilla que tan buen resultado le dio empleando un 4-2-3-1.

O sea, las cuatro estrellas azulgranas (Messi, Suárez, Coutinho y Dembélé) para dar la vuelta a un partido que tenía mala pinta. Y lo consiguió con un nuevo traje, aunque necesitara al final la aparición de Rakitic. El croata suplió a Coutinho (m. 80) y un minuto después daba la asistencia del 3-1 definitivo a Suárez.

5.- Velocidad, fuerza y Leo para continuar en Europa

Estaba el Barça viviendo unos momentos de tensión ante el Olympique de Lyon. De repente, un gol de Tousart a la salida de un córner (m. 58) le hizo revivir los viejos fantasmas de Roma. Viajó en el pasado a aquella dramática eliminación de la Champions. El Camp Nou también se contagió de esos minutos de miedo temiéndose lo peor porque estaba a un gol de volver a caer en Europa.

Asumiendo el riesgo que corría, Valverde sacó al campo a Dembélé. Quería velocidad y profundidad para intimidar al conjunto francés, exponiéndose, como así sucedió después, a que el delantero sufriera otra lesión muscular. Pero andaba en juego la Champions. Puso a Ousmane y cuatro minutos más tarde, aún con el peligroso 2-1, ordenó a Arturo Vidal suplir a Arthur.

Requería el Barça piernas y fuerza. Cuatro minutos más tarde, la presión azulgrana permitía robar un balón para que Messi continuara con su festival. Un cuarto de hora después de sustituir a Coutinho, el joven francés firmaba el 4-1. Luego se confirmó la lesión muscular de Dembélé. Pero Valverde esquivó Roma.

6.- La lección del 3-4 del Betis

En la Liga no perdía el Barça desde que el Betis de Setién le puso a mirar delante de su espejo dejando un resultado como lección. Aquel 3-4 no lo olvidó Valverde. Desde ese 11 de noviembre tenía trazado un plan para no caer en los mismos errores cuando le tocara enfrentarse al mismo Betis, pero en su casa del Villamarín. El técnico azulgrana tomó decisiones antes incluso de empezar el partido.

Sentó a Coutinho, al que le dio luego los minutos de la basura, ya con el 1-4 definitivo iluminando el marcador en otra de las noches gloriosas de Messi, aclamado por el beticismo. Sentó a Coutinho y colocó a Arturo Vidal como el cuarto centrocampista, arrancando casi siempre desde el flanco izquierdo.

No le importó a Valverde refugiarse detrás de la pelota para buscar los pases largos que sorprendieran a la defensa andaluza. Dejó las bandas para los laterales, especialmente venenoso fue Jordi Alba, y hasta con Ter Stegen tenía un plan. Realizó el meta alemán 26 pases, 20 con éxito. Pero solo tres dentro de su área. El resto fueron largos para evitar la presión del Betis. "Ordenaditos", dijo Leo. Orden más el talento del 10 y del 9.