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CRÓNICA DE MÚSICA

Primavera Club, entre jóvenes promesas y realidades a reivindicar

Amber Coffman brilló con fuerza particular en la segunda jornada del festival

Juan Manuel Freire

Concierto de Amber Coffman en la Sala Apolo, dentro del Primavera Club

Concierto de Amber Coffman en la Sala Apolo, dentro del Primavera Club / FERRAN SENDRA

Desde su resurrección de hace unos años, el Primavera Club se autodefine como un festival de nuevas promesas, escaparate de talentos con a menudo poco más que un 'epé' en su haber. Pero en su cartel también se cuelan algunos casi veteranos, como Amber Coffman, quien ha publicado este año primer disco a su nombre, pero antes ya había deslumbrado como parte de Dirty Projectors.

Su actuación del sábado, en la que estuvo apoyada por teclista, bajista, batería y corista, fue de lejos lo mejor visto hasta ahora en este Primavera Club. El gran repertorio de pop retroactual de 'City of no reply', ejecutado con una pericia técnica en la que quedaba espacio, mucho espacio, para la emoción. Canciones como 'No coffee', 'Under the sun' o esa 'If you want my heart' en intenso crescendo suenan a clásicos modernos; en otros tiempos, sus melodías primorosas y arreglos elegantes habrían cautivado al gran público. Pop como ya no se hace.

La jornada había arrancado, a última hora de la tarde, con Jorra i Gomorra, el proyecto del hombre que lo hace todo en el pop mallorquín, Jorra Santiago, visto con Miquel Serra, Roig o Lost Fills, de los que el sábado vestía camiseta. Versátil al límite, podía saltar de las guitarras 'jangle' al arrebato punk ('Quadre costumista', con referencia al anterior rey de España) y del noise-pop marca Pixies a una balada de bailar pegados. Siempre con buen humor, como los ensoñadores y 'arty' Poolshake en sus interpelaciones al público, superiores quizá a sus canciones. Dijo su líder Riviera Johnson: "Este fin de semana nos han sacado a pasear. Gracias, Primavera Club. Estamos muy aburridos en Murcia. ¿De qué os reís? Tampoco es que sea el nuevo Lepe".

Antes del sol de Amber Coffman hubo tormenta con Moor Mother y su cruce de hip hop y electrónica ruidosa sobre siglos de abusos a la raza negra. También nublada es la atmósfera de Smerz, dúo femenino noruego que reconstruye el R&B de los 90 desde una óptica de gélida electrónica centroeuropea. Una bomba implosiva. Sonaron más originales que el 'crooner' pop Yellow Days, derivativo vocalmente de King Krule, o una banda claramente basada en los clásicos del pospunk como Vulk.

La oferta del segundo día se completó con el R&B retroactual de Gabriel Garzón-Montano, las jams hippies de unos bastante tediosos Tonstartssbandht o la electrónica abrasiva a la par que juguetona de Blanck Mass.

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