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ENTREVISTA

Katrin Himmler: "Ya no me da vergüenza decir mi nombre"

La nieta del hermano menor de Heinrich Himmler, el jefe de las SS y la Gestapo, mano derecha de Hitler y artífice del exterminio judío, presenta el libro donde bucea en el pasado familiar para exorcizar el peso de los crímenes del «asesino del siglo"

ANNA ABELLA / BARCELONA

Katrin Himmler, sobrina nieta del líder nazi y mano derecha de Hitler, en Barcelona.

Katrin Himmler, sobrina nieta del líder nazi y mano derecha de Hitler, en Barcelona.  / JOAN CORTADELLAS

Heinrich Himmler, el temible líder de las SS nazis llevaba 22 años muerto (se suicidó mordiendo una cápsula de cianuro) cuando su sobrina nieta Katrin nació. Ella es la prueba de que el mal no viaja en la sangre. Risueña, reflexiva y cercana, alternando el inglés con un excelente castellano (de niña vivió tres años en España), presenta en Barcelona 'Los hermanos Himmler' (Libros del Silencio), donde lucha contra la pesada herencia familiar. 

¿Cómo se lleva el apellido Himmler? Ahora ya no me cuesta tanto. De niña y joven sí, quería cambiármelo. Pero poco a poco vi que este apellido no era un problema a nivel social, nadie me ha señalado nunca con el dedo por él. No es fácil vivir con ese nombre, no por el nombre sino por la historia, pero ya no es un problema porque mucha gente me ha aceptado, sobre todo tras escribir el libro. Y tengo muy buenos contactos con supervivientes o con sus hijos, que sufrieron tanto a causa de los alemanes y de mi familia. He perdido mucha de la vergüenza que me daba decir mi nombre: Katrin Himmler. 

¿Qué significó escribir el libro? Cierto alivio. Llegó un momento en que sentí la necesidad de investigar sobre ese tema porque ya no podía seguir con mi vida normal, estaba bloqueada por el pasado familiar y era la única forma de liberarme de él. De joven sí tuve un sentimiento de culpa difusa, luego quedó el peso. Aún pesa mucho. A los descendientes de las familias nazis también les afecta físicamente, muchos tienen enfermedades crónicas, problemas psicológicos, con el alcohol o las drogas, es muy difícil tener una vida normal. Hubo años en que yo pasé inviernos enteros enferma. 

Y se casó con un judío descendiente de supervivientes del gueto de Varsovia. Nos conocimos mucho antes de ser pareja. Para él y su familia mi apellido nunca fue un problema. Fui bienvenida desde el principio. Mi suegra me animó a iniciar la investigación. 

Investigación a la que también le empujó su propio padre. Sí, aunque lo hubiera hecho de todos modos. Iba a hacer una tesis sobre hijos de criminales de otras familias que no eran la mía y analizar la repercusión psicológica y personal del pasado familiar. Incluso pronuncié un seminario sobre ello junto con mi profesor y luego él me dijo: «¿Y por qué no escribes sobre tu propia familia, que bastante tienes?». Buena reflexión, pensé. 

¿Influyó el nacimiento de su hijo, pensar en lo que sentiría al saber un día que una parte de la familia quiso exterminar a la otra? Tiene 11 años. Era muy importante poder darle toda la información posible cuando empezara a preguntar. Me daba miedo que psicológicamente fuera difícil de soportar para él, pero ya no, porque veo que tiene un carácter fuerte y lo lleva muy bien. 

¿Qué haría Heinrich si levantara la cabeza al verla casada con un judío y luchando contra su pasado? Creo que se volvería a la tumba. 

¿Cuándo fue consciente del pasado familiar, del Holocausto...? Mi hermana y yo lo sabíamos desde siempre. Pero cuando fui más consciente fue al ver la película Holocausto, yo tenía 11 años, ella 10. Desde entonces no pude parar de leer todo lo que salía sobre el tema. En cambio mi hermana decidió no tener nada que ver con ello, no lo soportó. Se decidió muy pronto que yo era la persona de la familia que iba a cargar con todo el peso de esa herencia. 

Se sentía culpable sin serlo. Ahora sé que no puedo sentirme culpable de algo que no he hecho. Y siento una responsabilidad no solo por venir de esta familia sino por ser alemana. Es una responsabilidad que toda la gente joven aún carga hoy. No puedes huir, pertenece a nuestra historia. En Alemania existe la impresión de que aquello queda muy lejos, pero si salen al extranjero ven que está muy vivo. Y los jóvenes no entienden por qué les preguntan qué piensan sobre Hitler y los nazis. 

Su familia maquilló su pasado. Solo el hermano mayor, Gebhard, sobrevivió a la guerra. Nunca contó nada. Fue siempre el buen padre para sus hijas y ellas nunca les preguntaron qué habían hecho. Mi abuelo había muerto y mi abuela, Paula, que tras la guerra crió sola a cuatro hijos, tampoco contaba nada. Para ella fue muy duro, perdió al marido y se dio cuenta de que en los años más agradables de su vida hubo muchos crímenes. Decía que no había sabido nada de ellos pero creo que no lo quiso saber, como muchos alemanes. Nunca pude hablar con ella sobre eso. Yo era muy joven pero entendí enseguida que era mejor no preguntarle porque le dolía demasiado. 

Su abuela parecía tener mucho cariño por Heinrich, le llamaba Heini. Se entendían bien, seguramente porque para Heinrich ella era la mujer ideal, la mujer perfecta. Era muy alta, rubia, tenía los ojos azules... 

¿Se da cuenta de que acaba de retratarse a usted misma? Sí, ja, ja. Me parezco mucho a ella. 

Los dos hermanos fueron de las SS y se beneficiaron del poder de Heinrich. Su abuelo tuvo una casa expropiada y una trabajadora forzada. Creo que mi abuelo era un oportunista que lo que hacía era devolverle los favores a Heinrich. Se afilió a las SS pero creo que sin mucha implicación. Trabajaba en la Radiodifusión del Reich y diría que su principal implicación era la denuncia de algunos trabajadores de la empresa. 

De ahí la carta en que recomienda a Heinrich que no debe seguir protegiendo al judío Schmidt, lo que significaba una sentencia de muerte. Eso me mostró cómo pensaba, su ideología tan antisemita. 

Su abuelo tuvo un final confuso. Sí, sí. Es una leyenda. Nadie sabe en realidad qué pasó. Lo que es seguro es que intentaba salir del Berlín sitiado por los rusos. Hay tres versiones de cómo murió. Una, que tenía la cápsula de cianuro en la boca, tropezó y la mordió accidentalmente; otra, que se suicidó con ella para no caer preso, y otra que murió anónimamente como miles de berlineses bombardeados y enterrados en cualquier parte. Nos lo contaron años más tarde distintos hombres que iban a casa de mi abuela diciendo que habían conocido a alguien que le contó que otro le dijo...

¿Pudo ser uno de esos nazis que se ocultaron y cambiaron de nombre? Sí, muchos se escondieron y huyeron a otros países, con otra identidad. Pero otros muchos se suicidaron. Y lo peor es que muchos lo hicieron junto con sus familias. Lo más cruel es que a los niños no les daban el derecho a vivir, a decidir si querían construir un futuro diferente al que ellos habían planificado. Como Goebbels, que asesinó a sus seis hijos en el búnker de Hitler. Para ellos los hijos nacían para servir a Hitler, eran un proyecto de futuro para la sociedad nazi y si esta se venía abajo los niños no tenían valor. 

Su abuela Paula guardó una cápsula y quiso intentarlo años después, pero su hija se lo impidió. Sentían que no valía la pena vivir una vez derrumbado el sistema nazi. 

Una muestra de la ideología nazi. Era el todo o nada. O vencemos o no vale la pena vivir, mejor morir. Los nazis no valoraban la vida. La vida era un campo de batalla. Nacidos para luchar era su premisa educativa. 

Los descendientes de líderes nazis pasan de la idolatría al rechazo total, como los hijos de Göering, que se esterilizaron, o Niklas Frank, hijo del carnicero de Polonia, que se masturbaba cada año el día en que ejecutaron a su padre en Núremberg. No hay término medio. Hay una película nueva en Israel, Hitler’s children. En ella hablan Bettina Göering, Niklas o yo misma. En cambio, Gudrun, hija de Heinrich, aún defiende a su padre y es muy activa en círculos de extrema derecha. No tengo contacto con ella. 

¿Qué añadiría a su calificativo de Himmler como «asesino del siglo»? Eligió su ideología de muy joven y luchó y trabajó hasta el fin por Alemania. Era muy consciente de qué era el poder y lo que significaba. Parecía modesto y poco inteligente pero no era así. Fue capaz de construir, de inventar las poderosas SS, un Estado dentro del Estado, una gran familia en la que él era el padre todopoderoso, que se preocupaba por el bienestar de sus miembros y por eso tenía derecho a controlarlo todo, hasta las cosas más personales. 

De joven era enfermizo, «triste y deseoso de amor», obsesionado por el sexo, nunca antes del matrimonio. Tenía obsesiones y principios muy rígidos. Siempre luchó por formar su personalidad según su imagen ideal. Su sueño era ser soldado, pero era muy enclenque y se esforzó durante años por borrar los aspectos de sí mismo que detestaba. 

¿Qué le diría a Himmler hoy? No vale la pena hablar con alguien tan fanático. Además, no creo que quisiera escucharme.

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