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UN LIBRO REÚNE LA CORRESPONDENCIA PRIVADA DEL JEFE DE LAS SS CON SU FAMILIA

Himmler: «Besos. Tu papi»

La sobrina nieta del dirigente nazi publica las cartas entre él y su mujer

ANNA ABELLA / BARCELONA

Heinrich Himmlerjefe de las SS y la Gestapo, artífice del Holocausto, íntimo colaborador de Hitler... pero, también, atento marido y padre, que en las cartas a su mujer, Marga, -entre 1927, cuando se conocieron, y 1945, cuando se suicidó mordiendo una cápsula de cianuro tras ser detenido por los aliados- la llamaba cariñosamente «mi querida tontuela», «mi amorcito» o «adorada mujercita» y escribía coletillas como estas: «Cielo, cuánto amo tu alma pura y buena y tu cuerpo hermoso y delicioso. Te besa. Tu esposo»; «Besos. Tu papi»; «Te acaricio la frente y beso tu boca. Tu Heini». «Durante todos esos años, todo lo que hace, y su radicalización, se basa en su ideología, y es consecuente con ella. Nunca cree que lo que hace sea malo. Por una parte fue el ejecutor de los judíos y por otro el papi enamorado de su mujer y su hija. Puede parecer que esté dividido en dos personalidades pero es la misma persona, es a la vez Jekyll y Hyde. Y estaba absolutamente convencido de ser una buena persona y de que hacía lo correcto». Así lo afirma, en conversación telefónica, Katrin Himmler (Dinslaken, 1967), sobrina nieta del líder nazi, que hace tres años se liberaba del pasado familiar con Los hermanos Himmler, y ahora acaba de publicar en España Himmler, según la correspondencia con su esposa (1927-1945) (Taurus).

MISIVAS RECUPERADAS / Katrin Himmler, escritora y politóloga, que se casó con un judío descendiente de supervivientes del Holocausto, que le dio un hijo, confesaba entonces a este diario que aunque de joven sufrió el peso de su apellido ya no le daba vergüenza decir su nombre. Gracias a aquel libro, la realizadora israelí Vanessa Lapa la llamó para participar, junto al catedrático de Historia Michael Wildt, en el documental El decente, estrenado en la pasada Berlinale en febrero, y en el libro que ahora reúne, por primera vez, las cartas privadas de Himmler con su familia. Las que él escribió a su mujer se creían perdidas, pero fueron desveladas en Tel-Aviv en enero por Lapa, cuyo padre superviviente del Holocausto, las adquirió en el 2007 al judío Chaim Rosenthal, que las custodió durante años.

Himmler y Wildt han emprendido el imprescindible trabajo de contextualizar las misivas, aclarando hechos históricos, situaciones y personas citadas, y de intercalarlas con las cartas que le envió Marga, que se conservaban en el archivo de Coblenza, con fragmentos de su diario, del de su hija, Gudrun, de agendas y cartas de la amante del ejecutor de la Solución final.

JUNTO AL «JEFE» / «Hasta ahora se pensaba que el papel de Himmler dentro del partido nazi no fue demasiado importante hasta 1933. Pero la cartas revelan que lo fue mucho antes, desde los años 20. Ya estaba muy cerca de Hitler, preparaba reuniones y viajaba mucho con él, con «el 'Jefe', como le llama», destaca Katrin Himmler. Puede sorprender al lector no hallar en la correspondencia referencias directas al genocidio, al margen de por ejemplo de una nota de él, del 15 de julio de 1942, donde dice a su esposa: «Estaré en Lublin, Zamosc, Auschwitz y Lemberg», sedes de guetos y campos de exterminio, o cuando ella le escribe en 1941: «Hoy hemos ido al campo de concentración de las SS en Dachau. ... ¡precioso!... un gran proyecto...».

«Uno puede pensar que los contenidos de las cartas son algo banales, pero hemos llegado a la conclusión de que Himmler no tenía la necesidad de hablar en ellas a su esposa del Holocausto ni de lo que hacía en la guerra porque tenía la certeza de que pensaba lo mismo que él. Ya cuando se conocieron, en 1927, tenían las mismas opiniones y se fueron radicalizando juntos», apunta la escritora, que añade, que «tenían en común el racismo y el odio a las personas que creían inferiores a ellos», y destaca sus comentarios antisemistas y racistas: la «chusma», «gentuza» o, como escribía Marga en 1938, «este asunto de los judíos, cuando esa escoria desaparezca podremos tener una vida feliz».

HIJOS CON SU AMANTE / Sin embargo, con lo que Marga no comulgaba tanto era con compartir desde 1938 a su marido con su secretaria y amante, Hedwig Potthast, con la que tuvo dos hijos, siguiendo el precepto nazi de engendrar hijos aunque fueran ilegítimos para perpetuar la sangre aria. «A ella le resultaba difícil pero para él era necesario tener el máximo de niños para Alemania. Hasta planeaba tras la guerra legalizar la bigamia y que los hombres tuvieran dos familias», revela la autora.

«Lo más difícil de aceptar de estas cartas -concluye- es que alguien tan normal y mediocre como Himmler pudiera cometer esos crímenes exorbitantes. Porque eso significa que cualquiera puede ser como él y que no sirve de nada tener una buena educación y familia, pues hubo muchos nazis con doctorados que participaron en el exterminio. Muchos mataron porque lo creían necesario según su ideología y su nación, no por odio real».

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