La DGT explica con esta regla matemática cómo calcular el alcohol en sangre

Control de alcoholemia de los Mossos en la autovía de Castelldefels, en Barcelona.

Control de alcoholemia de los Mossos en la autovía de Castelldefels, en Barcelona. / Josep Garcia

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Lola Gutiérrez

Que alcohol y conducción es una combinación mortal lo saben hasta los niños. Pero no es solo una frase hecha: la DGT estima que entre el 30 y el 50% de los accidentes mortales están relacionados con la ingesta de alcohol.

Y hay más: el 42% de los usuarios admite haber conducido bajo los efectos del alcohol alguna vez.

El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central que altera tanto la aptitud como la actitud para conducir e incrementa el riesgo de verse involucrado en un accidente de tráfico. En su primera fase, produce un efecto euforizante, que da lugar a pérdida de control, disminuye la percepción del riesgo, modifica el comportamiento y deteriora la función psicomotora, todo ello altera la capacidad para conducir un vehículo.

Alcoholemia

La alcoholemia representa el volumen de alcohol que hay en la sangre y se mide en gramos de alcohol por cada litro de sangre (g/l) o su equivalente en aire espirado. Por pequeña que sea, una tasa de alcoholemia positiva puede alterar la capacidad de conducción, incrementando el riesgo de accidente.

Por ello, la tendencia a nivel internacional es ir rebajando las tasas máximas permitidas, con la finalidad de alcanzar al menos el límite de 0,1-0,2 g/l para conductores en general y a 0,0 g/l para los profesionales. Por ahora, en España contamos con una tasa permitida de alcohol en sangre de 0,25 g/l y 0,25 mg/l en aire respirado para los conductores en general, y 0,3 g/l en sangre y 0,15 mg/l en aire para profesionales.

Riesgo de accidente

Existe la percepción de que el riesgo de accidente se asocia únicamente a niveles de consumo muy elevados, pero sus efectos negativos sobre la capacidad de conducir se observan incluso con niveles bajos de consumo. A medida que aumenta la cantidad de alcohol en el organismo, lo hace el riesgo de accidente: con una alcoholemia de 0,5 gr de etanol por litro de sangre se multiplica por dos el riesgo de sufrir un colisión, y con 0,8 gr/l el riesgo es 5 veces mayor, y continua aumentando a medida que lo hace el nivel de alcohol en sangre.

No solo aumenta el riesgo de sufrir un accidente, también lo hace el riesgo de sufrir lesiones y la probabilidad de que estas sean mortales. El riesgo es aún mayor en los conductores jóvenes, en los que se une a la inexperiencia con el alcohol la inexperiencia en la conducción, hecho que justifica que el legislador haya establecido en la norma, como veremos más adelante, niveles de alcoholemia menores para los conductores en los dos primeros años del permiso.

Las tasas

Para saber cuanto alcohol se ha bebido, hay que saber la graduación y la cantidad del alcohol que se ha consumido (ya sea en centímetros cúbicos o en mililitros) y la densidad del alcohol (que es de 0,8). Tras tener esas cantidades, hay que multiplicarlo todo y dividir el resultado entre 100.

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Por otro lado, está la fórmula para calcular el grado de alcoholemia. En este caso, dividiremos los gramos de alcohol puro ingeridos por el peso (en kilos) del bebedor multiplicado por 0,7 en el caso de los hombre (0,6 en las mujeres, cuya tolerancia al alcohol es menor).

Pese a que la recomendación es cero alcohol al volante, la DGT publica unas cifras orientativas de la cantidad de alcohol que se puede consumir antes de ponerse al volante. Aunque destaca, no obstante, que no son cifras matemáticas y que dependen de múltiples factores, como la hora del día en que se consuma, si se está más cansado o menos, si se ha comido o no...


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