El problema de la vivienda

El precio de las habitaciones en 'pisos patera' se dispara a 600 euros al mes

  • En 2021 Cáritas atendía a una veintena de familias en esta situación, este 2022 ya son un centenar, un 450% más

  • Las condiciones del alquiler son cada vez más precarias: a menudo no les dejan usar la cocina ni lavar la ropa

Piso patera en el Poble-sec

Piso patera en el Poble-sec / FERRAN NADEU

5
Se lee en minutos
Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

ver +

Familias pobres con niños ya pagan 600 euros al mes para vivir encerradas y hacinadas en habitaciones de pisos compartidos. Un precio exorbitado consecuencia directa de la inflación, o una nueva excusa para aprovecharse de la miseria más extrema. Aunque también es fruto de la dificultad creciente para alquilar un piso en las grandes ciudades. Lo alerta Cáritas en Barcelona, que ha visto cómo los precios de las habitaciones subarrendadas se han disparado este año en los barrios obreros de la capital catalana y también en L'Hospitalet de Llobregat. "Son familias que no pueden dar la entrada de un piso ni firmar un contrato de alquiler: es una habitación o bien ocupar", dice Mercè Darnell, responsable de Cáritas del programa de necesidades básicas en Barcelona y alrededores. En 2021, la entidad atendía a 20 familias en estas circunstancias. En 2022 ya son casi un centenar. Un aumento del 450%.

Los 'pisos patera' no son de lejos un fenómeno nuevo, propulsado por los desahucios. Hace años que se detectan hacinamientos en pisos en los que tocan a  menos de 5 metros cuadrados por persona, y durante la pandemia se expuso que había muchas familias con niños en estas circunstancias. Al tratarse de un mercado de vivienda tan oscuro (no hay contratos ni documentos oficiales sobre estas transacciones) es imposible saber cuántas personas se encuentran en ellos. Sin embargo, a través de los datos de las entidades sociales, se observa que este año el fenómeno se ha disparado. No tan solo por el número de familias, sino especialmente por el precio que pagan por vivir en ellos. Una auténtica estafa de la miseria.

El doble de inversión

Los datos de Cáritas Barcelona arrojan luz a este fenómeno. En 2021 la oenegé ayudó a pagar la mensualidad a 1.000 familias diferentes a lo largo del año, con un total de 533.000 euros invertidos. "Les ayudamos algunos meses porque son familias que no tienen otro lugar donde ir a vivir, intentamos que aguanten un tiempo... evidentemente es precario, pero así evitamos que terminen en la calle. Si no pagan, les echan, y son desahucios invisibles, no pueden acceder a una vivienda social", sigue Darnell. Este 2022 han pagado habitaciones a 1.200 familias, pero la factura de las mensualidades sube al millón de euros. "Ha habido un ligero repunte de familias, pero es que los precios de estas habitaciones se han disparado. El problema es que no lo podemos sostener en el tiempo... el año que viene no podemos gastar dos millones de euros, es inasumible e inviable, el año que viene no tendremos más presupuesto", sigue Darnell.

Pero estos no son todos los hogares que Cáritas conoce que están viviendo en estos mal llamados 'pisos patera'. Desde Badalona hasta L'Hospitalet, atienden a 1.800 familias que viven hacinadas en habitaciones. "A muchas no les pagamos la vivienda pero les ayudamos con la alimentación, la ropa, o extraescolares", cuenta Darnell. Este octubre, el 32% de estas familias pagaban por su espacio habitacional menos de 300 euros al mes, el 45% estaban por debajo de los 400. "Estas son las que llevan más tiempo, por lo que cuesta más que les suban los precios. El problema está en los nuevos casos", sigue. El 18% pagan entre 400 y 500 euros, y el 5% paga más de 500 euros. "Lo de pagar más de 500 euros no lo habíamos detectado antes y nos preocupa muchísimo", lamenta Darnell.

Sin espacio para estudiar o jugar

"Vivir en una habitación realquilada significa que te tienes que encerrar a cal y canto en la habitación por miedo. Muchas familias están atemorizadas por el tipo de gente con la que conviven en el piso. Tienes que compartir la cocina, el baño, el comedor. Tienes que comer en la habitación. No hay espacio para hacer deberes ni jugar con los niños, ni intimidad. Duermen en la misma cama que sus padres", explica Darnell. Y es que, según la entidad, esta realidad afecta principalmente a las familias con menores. "La gente no quiere niños en estas habitaciones, les molestan... y los padres solo encuentran un techo pagando un dineral", explica desde Cáritas.

Ésta es una de las causas de este nuevo fenómeno. Otra es la crisis general que lleva una década arrastrando el mercado de la vivienda por falta de alquileres públicos y sociales. "Hay mucha gente joven (y no tanto) que debe compartir piso porque con lo que ganan no se pueden plantear un alquiler. Cada vez cuesta más encontrar habitaciones para cualquiera", se queja Darnell. A más demanda, suben los precios.

Noticias relacionadas

Y un tercer factor es la simple estafa o especulación. Las personas que arrendan las habitaciones suelen tener un contrato de alquiler con el propietario del piso, aunque también hay casos de subarrendación en pisos ocupados. Al subarrendar habitaciones (o incluso colchones en el suelo de estancias comunes) marcan el precio que les da la gana. "Y con la excusa de la inflación y que la vida está más cara, suben los precios. Es puro negocio especulativo aprovechándose de la miseria más extrema", cuenta la responsable de Cáritas. La entidad sospecha que tras esta realidad hay grandes tenedores de vivienda que se aprovechan de la situación. "Cuando les quieren desahuciar no tienen que garantizar ningun derecho ni vivienda alternativa".

A pie de calle, la realidad preocupa, y mucho. "Hay muchas familias con menores que no encuentran habitaciones y no tienen para pagar lo que les piden. Es un drama pero ¿qué hacemos? ¿Los dejamos en la calle?", se pregunta la trabajadora social de Cáritas en L'Hospitalet de Llobregat, Alba Mauri, desde el centro de atención del barrio de Sant Ildefons. Este lugar, de apertura reciente, cuenta lavadora y secadora. "En estos pisos compartidos cada vez hay más restricciones: no les dejan usar la cocina ni lavar la ropa. Al menos aquí pueden hacerlo", explica. La trabajadora no duda que lo que ve Cáritas es solo una pequeña parte del iceberg. "No tengo ninguna duda que hay familias viviendo en garajes, trasteros, oficinas abandonadas o en coches. Es que no tienen alternativa".