Peligro: excursionista dominguero

Los neófitos imprudentes conquistan la montaña y multiplican los rescates evitables

Los bomberos aconsejan "formarse e informarse" antes de adentrarse en un medio que puede "ser hostil"

Momento de un salvamento en helicóptero por parte de los GRAE de los Bombers de la Generalitat.

Momento de un salvamento en helicóptero por parte de los GRAE de los Bombers de la Generalitat. / BOMBERS DE LA GENERALITAT

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Jaume nunca ha pisado un club excursionista. Tampoco presta atención a la información meteorológica. No ama especialmente el deporte. Ropa deportiva sí tiene porque acaba de vaciar media estantería de prendas técnicas de oferta en un centro comercial. Tiene dos cosas más: un Smartphone y ganas de ir a la montaña. Se descarga una ruta del Cadí desde internet, la guarda en su teléfono móvil y convence a su novia de que este fin de semana "sí": se van al Pirineo.  

Los dos comienzan decididos la primera cuesta, él pendiente del móvil y ella de la vegetación. Después de cuatro horas de excursión, la situación ya es distinta. De la euforia inicial están pasando a un nerviosismo cercano al de la ansiedad. Las piernas -desentrenadas- comienzan a fallar. Están agotados. El plan era llegar a un pico que ofrecía unas espectaculares vistas pirenaicas pero se encuentran en una zona que parece un pequeño valle en la falda de la montaña.

Se han perdido porque han cometido lo que los técnicos conocen como “un error paralelo”. En algún punto de su avance han tomado una decisión equivocada y han seguido andando sin saber que se apartaban del plan previsto. Están cansados, no les queda agua y no llevan linterna. Unas nubes negras se ciernen sobre el valle y en la mochila no hay ningún impermeable, solo un par de mandarinas. Por suerte, al teléfono le queda todavía un 15% de batería. Llaman al 112.

-Hola, sí mire, nos hemos perdido. No sabemos volver. Podría venir alguien a recogernos.

-¿Cuántos son?

-Dos personas, de 32 y 33 años. Mi novia Sonia y yo, Jaume.

-¿Se encuentran bien?

-Sí, estamos bien. Perdidos, pero bien.

-De acuerdo. ¿Dónde están exactamente?

-Buena pregunta, no lo sé. Cerca del pico del Cadí. Pero en una especie de valle que debería estar más cerca del mar que de Francia. Más o menos.

LA MONTAÑA ESTÁ DE MODA 

Jaume y Sonia no existen. Son tan solo la representación de uno de los casos frecuentes de excursionistas novatos -e imprudentes- que inquietan a los bomberos. Como lo son también los que piden un rescate estando a 15 metros de un camino bien señalizado. O los optimistas que toman de referencia los tiempos y el equipaje que usa Killian Jornet. 

Un ultrafondista como Jornet necesita solo un par de horas para completar la Olla de Núria (más de  20 kilómetros y casi 2.000 metros de desnivel positivo). Pero una persona normal necesita "mucho más tiempo" y, por lo tanto, "más agua y más comida", avisa Sebastià Massagué, responsable de la Divisió de Grups Operatius Especials.

Las administraciones locales es esfuerzan en promocionar su entorno porque la llegada de excursionistas reactiva a municipios olvidados. Sin embargo, esta "moda" por la montaña provoca que durante el verano reciba una afluencia “masiva” de personas poco preparadas para un entorno “complejo” que puede llegar a ser “muy hostil”, avisa Joan Borràs, sargento del Grupo de Rescats Especials (GRAE).

MÁS DE 700 RESCATES

Los especialistas del GRAE lo saben porque mientras dura el calor, las llamadas de socorro se disparan. Solo en el Ripollès -la comarca que más emergencias acumula- han sido rescatadas casi 400 personas desde el 2010. Y, según estiman, más de la mitad de los más de 700 salvamentos que cada año hacen en la montaña están motivados por excursionistas imprudentes. 

Jaume y Sonia deberían haber llevado consigo una linterna frontalagua y comida suficientes y ropa de abrigo. También tendrían que haber sabido que estaba prevista una tormenta intensa y era obligado adelantar el horario de la excursión para evitarla, haber cogido mapas de papel para no depositar toda la confianza en un teléfono móvil que habría podido fallar o quedarse sin batería y haber estudiado con atención la ruta que querían hacer. Era asimismo aconsejable que tanto Sonia como Jaume se hubieran entrenado un poco antes de aceptar un desafío físico tan exigente.

Lo ideal hubiera sido que, además de todas estas precauciones, se hubieran acercado a alguno de los 400 clubs que conforman la Federación d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC) para pedir consejo "a los veteranos" que conocen el terreno. Esto último, debido a que ahora “toda la información está en internet”, se va perdiendo poco a poco, insiste Borràs.

EVITABLES Y COSTOSOS

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Saben que van a ser rescatados “las 24 horas de los 365 días del año”, explica Massagué. Pero cada rescate implica movilizar efectivos tan caros como el helicóptero del GRAE. "No se trata de que los ciudadanos no avisen si están en un apuro, porque estamos para eso", remarca. El objetivo es conscienciar para que tomen antes de la excursión todas "las precauciones" que pueden evitar el apuro, razona.

A Sònia y a Jaume los hubieran terminado encontrando pronto y todo hubiera quedado en una aventura más grandilocuente de lo que habían imaginado al vaciar media estantería de ropa técnica del centro comercial. En eso y en un derroche de recursos públicos que podrían haber evitado.

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