Los efectos del recorte

La jornada intensiva lesiona la equidad por un ahorro mínimo

La medida condena al niño a pasar la tarde solo o a sus familias a pagar extraescolares

Pedagogos y educadores avisan de que un niño sin tutela es más vulnerable

El comedor de la Associació d’Educació Integral Raval, ayer.

El comedor de la Associació d’Educació Integral Raval, ayer. / FERRAN NADEU

Se lee en minutos

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
BARCELONA

Pocos profesores de instituto -por no decir que prácticamente ninguno- reprueban el horario intensivo implantado en los centros de secundaria de Catalunya hace dos años. Para la gran mayoría de los docentes, todo son ventajas. Esos pocos que sí se atreven a criticarla, lo hacen con la boca pequeña, apelando a las dificultades que la medida está entrañando para algunas familias. Hay que recordarles que ha habido alumnos que se han quedado sin comedor escolar, para que entonces digan: «¡Ah! ¡Sí! Eso también...».

Pedagogos y trabajadores del sector social no están en absoluto de acuerdo con la valoración que hacen los profesores, que son parte interesada, en definitiva. La jornada intensiva escolar es, afirman, uno de los recortes educativos que más impacto ha tenido sobre los menores en riesgo de pobreza, «porque quienes pueden pagar, buscan actividades extraescolares o colegios concertados, mientras que los que no tienen recursos han de dejar, muchas veces, a los niños solos en casa», alerta Elena Sintes, doctora en Sociología y autora del informe A les tres a casa?, que analiza los efectos de esta medida, a partir de la experiencia catalana y de distintos países.

«¿No se dan cuenta de que enviando a los niños a pasar toda la tarde solos, sin el acompañamiento de un adulto, están acrecentando su riesgo de vulnerabilidad?», clama Enric Canet, director del Casal dels Infants en el barrio barcelonés del Raval. Su entidad ha optado por extender los horarios de acogida a los niños y ha ampliado «la oferta de actividades de tarde, con clases de refuerzo escolar y deporte», indica Canet.

Además, agrega Ismael Palacín, director de la Jaume Bofill, «como medida de austeridad, la jornada compactada tampoco tiene un gran impacto económico, ya que con ella la Administración no se ahorra los sueldos de los profesores, que son la partida más cuantiosa del gasto educativo». «Las facturas de electricidad, calefacción y comedor son una parte muy pequeña para Ensenyament», subraya Palacín.

DESPLIEGUE DISCUTIBLE / «Desde el punto de vista educativo -prosigue la socióloga Sintes-, está demostrado que la jornada intensiva tal y como se ha desplegado en Catalunya, con toda la concentración de la carga lectiva en el horario matinal, no aporta una mejora de resultados académicos». Por eso, para intentar elevar el rendimiento de los alumnos, países que aplican ese modelo «están animando a los institutos a aprovechar las tardes para actividades complementarias o extraescolares, lo que incluye muchas veces el servicio de comedor», añade la investigadora. «La lástima es que aquí no se ha sabido aprender de esas experiencias previas. Y no solo de países extranjeros, sino también de otras comunidades españolas», lamenta.

Te puede interesar

«Ese ha sido precisamente el problema en Catalunya: si a los 450 centros a los que se les ha autorizado la jornada intensiva, se les hubiera exigido también mantener actividades por la tarde, si se les hubiera pedido mantener el instituto abierto hasta las cinco, en lugar de cerrarlos a cal y canto como hacen muchos ahora,  no nos encontraríamos ante estas situaciones», protesta Ismael Palacín.

Y es que, desde el momento en que el horario compactado se adopta como medida de ahorro (algo que ha reconocido siempre la consellera de Ensenyament, Irene Rigau), «a los institutos se les hace prácticamente imposible conseguir recursos para las actividades de la tarde», señala Sintes. «Y a eso se le suma otro peligro: los chicos afectados están en  plena adolescencia, una edad muy, muy complicada, con lo que el resultado puede ser fatal», avisa.