Testimonios de la pandemia

Un enfermo de covid persistente: "Es un desgaste emocional ir de médico en médico"

Los pacientes denuncian que muchos profesionales siguen sin creer en esta enfermedad

Joan Manel Heredia, con covid persistente.

Joan Manel Heredia, con covid persistente. / Joan Revillas

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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A Begoña Ruiz, de 48 años, los médicos le dijeron que todo lo que explicaba era "subjetivo". Cuenta su historia a EL PERIÓDICO, pero pide ocultar su rostro. A Joan Manel Heredia, de 37, le negaron rotundamente que esos síntomas que él estaba sintiendo (tos, dolores musculares, erupciones cutáneas, mucha fatiga) estuvieran relacionados con el coronavirus, pese a que había estado contagiado. "Lo escuché en el Hospital de Valls, Reus y Tarragona", cuenta.

Tanto Ruiz como Heredia, miembros ambos del Col.lectiu d'Afectades i Afectats Persistents per la Covid-19, denuncian haberse topado con médicos que no creían en el covid persistente. También se quejan de la desigualdad territorial: "Es un agravio comparativo que yo tenga que ir a Badalona para que me traten la enfermedad que tengo", dice Heredia, que vive en Reus.

Begoña Ruiz, una mujer con covid persistente.

/ Joan Mateu

También los dos se contagiaron en la primera ola, en marzo de 2020. Se encuentran mal desde entonces. Se preocuparon cuando los síntomas se empezaron a alargar mucho. Tras toparse con numerosos médicos que les decían que era imposible que tuviera síntomas del covid tres meses después de infectarse, Heredia se puso en contacto con el colectivo. Mientras, los médicos seguían creyendo que lo suyo era, entre otras cosas, una "alergia".

"Si hubieran tenido más empatía, muchas de las personas con covid persistente no estaríamos diagnosticadas como ansioso-depresivas", se queja, por su parte, Ruiz. A ella, que sigue de baja, le dijeron que tenía fibromialgia y fatiga crónica porque todas las pruebas le salían negativas. Aún no ha visitado la unidad de Can Ruti ("no se han puesto en contacto conmigo", precisa) y, de momento, está diagnosticada como un posible caso de covid persistente. "No quiero que me quiten esta etiqueta y quedarme fuera de rehabilitación", dice. En marzo acabó la rehabilitación en el Institut Guttmann y ahora se paga ella su propia rehabilitación.

Mejor gracias a Can Ruti

La situación de Heredia mejoró en septiembre de 2020, cuando por fin fue atendido en la Unidad de Covid Persistente de Can Ruti. "La descubrí en la televisión. Allí nunca recibí ningún mal trato", cuenta este joven de 37 años. Un mes después, en octubre, dio con una médica de cabecera en Tarragona que por fin lo "entendió".

"He llegado a pasar por cuatro médicos de cabecera hasta que di con una que me entendió"

"Fue la primera vez desde marzo en que un médico de familia me entendía. Llegué a pasar por hasta cuatro médicos de cabecera. Ella me dijo que tenía otros pacientes como yo", relata. Esta semana tiene cita en Can Ruti, por la que lleva esperando seis meses. "He ido notando cierta mejora con el tiempo. Lo pasé muy mal. Me suponía un desgaste emocional tremendo ir de médico en médico a decirle que, desde que me había contagiado en marzo, no estaba bien".

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"Yo, cognitivamente, sigo mal -cuenta Ruiz-. No tengo memoria a corto plazo, no tengo concentración y me he llevado sustos conduciendo". Se queja también de que el Institut Català d'Avaluacions Médiques (ICAM) le ha dado el alta sin visitarla, pese a que sigue mal, y debe empezar a trabajar a finales de este mes. No ha vuelto a trabajar desde marzo de 2020. Y, aunque la fatiga que siente ya no es "invalidante", hay días puntuales en que nota que se queda sin "fuerza". Le preocupa cómo va a encarar su vuelta a la oficina.