Sí, el estrés tiene una causa biológica perfectamente coherente con la lógica evolutiva. El cuerpo humano está preparado para reaccionar ante situaciones de emergencia, por ejemplo un peligro físico, segregando cortisol y adrenalina y activando el corazón y otros órganos. Tras la alarma inicial, el organismo suele volver a la normalidad en pocos segundos, en cuanto la sensación de alerta se disipa.

Pero, a veces, esa reacción natural de vigilancia y alerta tensa se instala en nuestra vida diaria generando un constante estado de tensión y ansiedad. Ese es el estrés que conviene reducir, sobre todo si lo detectamos en sus estadios iniciales, cuando aún no se ha cronificado ni convertido en un problema grave.

Para evitar que el sistema nervioso permanezca constantemente con las revoluciones por las nubes, basta con seguir unos pasos cuya puesta en práctica resulta bastante sencilla. Además, seguir estas pautas nos ayudará a encarar la vida de otra manera. Diez normas para incorporar a tu rutina y que pueden contribuir a alejarnos del estrés.

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1 - Siéntate, piensa en las cosas, ya sean personas o situaciones, que te estresan y escribe una lista con ellas. Después, mira qué puedes controlar y qué no. Trata de ser muy realista y no te engañes.

2 - Obsérvate. Estudia tus emociones, encuéntralas y sácalas de tu interior. Analízalas con calma. Habla, exprésalas. Permite que afloren.

3 - Nada es insalvable, así que conviene relativizar los problemas y afrontarlos. Preocuparte constantemente por ellos y darles mil vueltas no te servirá de nada. Es mejor que los encares y, con tranquilidad, intentes solucionarlos.

4 - Aprende a gestionar el tiempo y nunca olvides que es tu tiempo, que te pertenece a ti y a nadie más. Organízate e intenta en la medida de lo posible no abordar tareas que no puedes llevar a cabo, que no te apetecen o no te interesan. No adquieras compromisos que te agobien y trata de no dejar para mañana lo que tengas que hacer hoy. Esos deberes pendientes te pesarán como una losa y no te los quitarás de la cabeza.

5 - Dormir y descansar es absolutamente necesario. En el trabajo o con tus responsabilidades, tómate de vez en cuando un respiro y, siempre que sea posible, duerme las horas necesarias para recuperar fuerzas. Mantén la higiene del sueño y unos buenos hábitos.

6 - Errar es humano, algo cotidiano y forma parte del aprendizaje. No tengas miedo a equivocarte y tómate el tiempo necesario para adaptarte a las circunstancias. No quieras ser perfecto, nadie lo es.

7 - Tómate las cosas con un poco de humor. Reírse es una gran válvula de escape, además de un síntoma de salud, normalidad y equilibrio emocional en sí mismo.

8 - Cuida tu alimentación, come sano y despacio. Es importante consumir sobre todo productos ricos en magnesio, minerales y vitamina B. Reduce el consumo de café, proteínas y grasas, azúcares y alcohol, ya que son alimentos que favorecen el estrés. Acostúmbrate a beber infusiones y tómalas con calma, disfruta el momento.

9 - El ejercicio físico ayuda a liberar la tensión, los nervios y la agresividad y favorece el cansancio y, por tanto, el sueño. Eso sí, no te obsesiones con su práctica y hagas del deporte una obligación. Elige una actividad acorde con tu edad, tu estado corporal y con el tiempo que tengas para practicarlo. Mejor si lo combinas con largos paseos por la naturaleza.

10 - Busca tiempo para ti y desconecta. Lee, cocina, pinta, retoma ese hobby que dejaste hace años... Aprende a relajarte a través de técnicas de respiración y de meditación, yoga u otras disciplinas, Un buen baño o un masaje de vez en cuando también funcionan muy bien.

Dmitry Fisher

 

Y recuerda...

El magnesio está considerado como el mineral anti-estrés por excelencia, ya que regula el sistema nervioso y los músculos. Se encuentra en las espinacas, la lechuga y los puerros; en legumbres como la soja y las judías; en frutas tipo plátano, peras, ciruelas albaricoque o cerezas; frutos secos como nueces, almendras o dátiles; y también en la leche y sus derivados.

La vitamina B cuida el sistema nervioso, actúa sobre el cerebro y las glándulas adrenales y hay que consumirla diariamente ya que es hidrosoluble y que, por tanto, no se almacena en el organismo y se elimina por la orina. Está presente en verduras y hortalizas, cereales integrales, legumbres, levadura de cerveza y germen de trigo. Es muy recomendable el consumo de albaricoques y aguacates, zanahoria, patatas, espinacas, maíz, huevos, carnes y pescados y cacao. Pero ojo, los procesos de refinado, pasteurización y cocción destruyen parte de esta vitamina. Si te compras un suplemento, vigila que contenga todas las vitaminas del grupo B puesto que la carencia regular de una de ellas provoca la deficiencia general.