Son tipos autosuficientes, de tienda de campaña y hornillo portátil que, expuestos a la intemperie, se transforman en parte del paisaje a lo largo de miles de kilómetros y exploran sin más significado que el propio movimiento de sus motos. Algunos llevan años en ruta. Y no han vuelto. Bajo su casco suena el runrún del motor, sinfonías de viento y los bamboleos de cilindro que empujan desde el escape.

Estos nómadas digitales narran sus peripecias en las redes, comparten vídeos, producen programas de televisión y documentales invitando al curioso, al estático, a viajar con ellos desde su oronda quietud. Sus aventuras redimen al que se queda en casa y, de algún modo, viajan por todos nosotros enfrentándose a la soledad y a la avería y recogiendo a cambio la hospitalidad del hombre de todas partes que les recibe con esa curiosidad de la que está hecha el mundo.

Para algunos, la moto es, en todo caso, un tranquilizante, una puerta y, cuando se abre gas es como si intentasen romper con un mundo de rutinas establecidas, de jefes vigilantes, de vacaciones encorsetadas, de sábados preprogramados y existencias obsolescentes. La moto es un truco, un sedante, como los paseos a caballo que tranquilizaban a Michel de Montaigne.

Charlie Sinewan

Viajar en libertad

“La moto es el mejor remedio que conozco”, reconoce Charlie Sinewan, un madrileño sonriente que lleva veinticinco años viajando en moto y se sigue emocionando cada día. “Es el mejor remedio contra la monotonía”, asegura. Para este nómada digital, cuyo nombre es un juego de palabras con Ewan McGregor, que hizo la vuelta al mundo rodeado de mecánicos y equipo técnico mientras Charlie va sin otra compañía y apoyo que él mismo, “la moto te lleva a escenarios menos controlados y, en muchas ocasiones, especialmente cuando el terreno se complica, te obliga a centrarte al cien por cien en el camino para evitar estamparte contra el suelo. Eso cura la cabeza, hace que te olvides de todo lo demás”.

Charlie asegura que la moto “es el mejor vehículo para viajar en libertad, el que te lleva a más sitios con menos esfuerzo y el que te abre más puertas”. Y que va solo, “un poco por lo mismo” y porque cree que un viaje tan largo como el suyo “es muy complicado de compartir con otra persona”.

“Yo no escapo de nada, ni en moto ni de ningún otro modo”, espeta desde el eje más profesional el aventurero alicantino Miquel Silvestre, ocho temporadas al frente de la serie Diario de un Nómada en Televisión Española. “La moto me sirve para conocer otras realidades y contárselas a los demás”, asegura. Para Silvestre la moto es el medio de transporte perfecto para recorrer el mundo porque “pasa por cualquier terreno, cuando se acaba un continente es relativamente sencillo enviarla a otro por barco o avión, porque es más barata de mantener que un coche, y porque me ofrece libertad para moverme, cercanía total con paisajes y personas y la emoción de descubrir lugares por tus propios medios superando todas las dificultades”.

Miquel Silvestre

 

El antídoto contra todos los dolores

Para Alicia Sornosa, la única mujer de habla hispana en dar la vuelta al mundo en moto, como reza su Wikipedia, “cada vez que me subo a mi montura se me pasan todos los males, desde un dolor de hombro hasta una pena. Hacer equilibrio sobre dos ruedas lo cura todo, desde luego que es el mejor remedio para la pena, los comederos de tarro, la angustia, los dolores musculares y la depresión”.

Sornosa reconoce que sus motivaciones con la moto han ido cambiando con los años: “Primero fue escapar de una crisis, después superar un reto, ahora viajo por necesidad, para seguir cuerda”. Esta aventurera prefiere la moto sobre todas las cosas: “En moto sabes que eres frágil y que la vida puede durar uy poco, así que la disfrutas mucho más. Puedes pensar, o cantar a grito pelado, no molestas a nadie, te obliga a conocerte, ya que se pasan muchas horas solo, bajo el casco. Es la máquina más perfecta que ha inventado el hombre”.

Alicia Sornosa

El motorista Martín Solana también descubrió que viajar en moto lo devolvía a la vida cuando las cosas se complicaban, así que no deja de hacerlo todo lo que puede para sentirse libre de las rutinas diarias.

Aunque él no viaja a tiempo completo, reconoce que es la mejor forma que conoce para “conseguir un estado mental de felicidad plena”. Este motorista autosuficiente hace la vuelta al mundo por etapas y procura salirse de las carreteras y circular por pistas: “Para llegar a los mejores sitios hay que salir del asfalto y adentrarse en la naturaleza”. Por eso escoge destinos con imponentes entornos naturales que le hagan sentir muy pequeño, como Islandia, Balcanes, Sudamérica o la inmensidad de África.

Yana Stancheva