Con una humildad desbordante, el diseñador Moisés Nieto (Úbeda, 1984) nos recibe en su taller madrileño, sin ninguna pretensión más que la de mostrarnos el trabajo que realiza para las dos firmas que posee. Por un lado, la enseña que lleva su nombre, dedicada a la mujer; por otro, Dos Studio, la firma lanzada en 2017 junto a su pareja, Valerio Canals especializada en moda masculina.

Nos sentamos en la terraza exterior de su oficina, en la que varias plantas, una preciosa mesa de madera y la sonrisa del diseñador nos hacen sentirnos como en casa desde el primer momento. Una naturaleza que también queda patente en cada una de las colecciones que realiza cada temporada. “Me gusta que mi marca refleje lo que yo soy. No me considero una persona austera, pero sí que creo que todo debe ir en consonancia. Y la realidad es que soy muy normal”, afirma.

El jienense acaba de presentar sus propuestas para el próximo verano de su firma homónima dentro del marco de la Mercedes Benz Madrid Fashion Week (MBMFW) aunque, desde hace varias ediciones, lo hace fuera de la sede central de la pasarela situada en IFEMA. “Creo que me meto en mucho lío cuando decido hacerlo fuera de allí, ya que toda la organización, la escenografía, el sitting, además de la colección, depende al 100 % de nosotros. Pero luego es muy satisfactorio ver el resultado”, asegura Nieto.

 

En una entrevista decía que nunca ha ‘olido’ la moda. Me gusta esta apreciación teniendo en cuenta que muchos grandes diseñadores siempre vienen de entornos en los que la moda  está integrada desde su nacimiento. Cuénteme cómo fueron esos inicios…

Tuve una infancia bastante normal. Pero sí que es cierto que el interés por la moda me llegó tarde. De hecho creo que comencé a interesarme por ella cuando comencé a ver MTV, con esas actuaciones, cantantes y conciertos… Sobre todo, cuando empecé a decidir qué quería llevar puesto. Aunque, al ser cinco hermanos, que en algunos casos me sacan diez años de diferencia, la cultura musical y de cine se la debo totalmente a ellos. Gracias a esta diferencia de edad, ya veía Twin Peaks con siete u ocho, escuchaba Depeche Mode… Elegía cómo quería vestirme con la ropa de ellos. Durante la adolescencia, al viajar más, ya empiezas a ver alguna obra que te inspira, estábamos en plena década de los 90, un periodo que me fascina. Pero lo que quiero decirte es que mi gusto por la moda se ha ido construyendo poco a poco de una forma muy natural. No porque mi familia tuviera tradición en la industria o pasáramos largos periodos en París.

 

¿Cuándo se produjo ese 'clic' definitivo para dedicarse a la moda?

Pues creo que fue cuando me instalé en Málaga a estudiar. Recuerdo comprar revistas independientes como Neo2 y Tendencias. No compraba las revistas de moda que todo el mundo conocemos, pero si que me han interesado desde siempre las cosas nuevas que se hacían en la industria de la moda, la música, el cine… Y este tipo de publicaciones me daba precisamente eso. Y luego cuando ya me vine a vivir a Madrid a estudiar al IED, conocí a toda la gente que veía en las revistas: Eduardo Ballester, Carlos Díez, David Delfín… Y ya sabes cómo es Madrid. En tres fiestas que coincidas y demás, ya tienes nuevos amigos y estás dentro de un círculo de gente superinteresante,

¿Qué pasó cuando terminó sus estudios en Madrid? 

Cogí los dieciocho looks que había presentado y me fui a participar a un concurso en Italia en el que los jueces eran –entre otros– Franca Sozzani, en ese momento directora de Vogue Italia, y parte del equipo creativo de firmas como Moschino o Valentino y Sara Maino. Un sueño. Un sueño que cumplí porque gané el concurso y estuve yendo y viniendo de Milán, ya que pude producir mi colección en los mismos talleres desde donde salen las prendas de Valentino. Siéndote honesto, yo no hacía mucho más que supervisar lo que hacían los equipos de allí con mis diseños. Pero fue alucinante la experiencia. Porque la realidad era diferente, la verdad. Empecé a desfilar para Ego, a vender algunas prendas… fue duro al principio. Pero muy emocionante.

¿Fue complicado montar un negocio desde cero?

Mucho. No eres consciente de todos los gastos que tiene una colección. Solo para poder mostrarla tienes que adelantar mucho dinero y mucho trabajo. Al final trabajamos con materiales que no es la voz, como puede ser un cantante, o el ordenador en un diseñador gráfico. Hay que hacer mucha inversión previa y, en muchas ocasiones, es difícil. Pero bueno, viéndolo con perspectiva no me lo montaba tan mal, ya que vendía las prendas después en pop-ups o venían amigos a casa y me compraban las prendas… Ese dinero que obtenía lo utilizaba para comprar otra máquina de coser… Nunca he querido liar a nadie en inversiones gordas ni nada de eso.

Precisamente esa austeridad, o realismo creativo, es una de sus señas de identidad que aún mantiene.

 Lo intento. Yo tengo un presupuesto para cada colección y de ahí no me salgo. Intento ser bastante consciente de mi realidad. Creo que lo de suma’, en términos de diseño es muy fácil. Las perlas, los oros y los demás excesos, en todo tipo de cosas –incluida la forma de dirigir mis firmas– no son para mí. Lo que es complicado es restar. Y decir “tengo esto y tengo que lograr sorprender al público”. 

Apuesta mucho por lo natural.  Lo sencillo, como bien dice. ¿Cree que por eso se le quiere tanto en la industria? 

Creo que mi marca es reflejo de lo que yo soy, sin artificios. Creo que al ser una persona con una infancia normal y con un origen como el mío, no me sentiría cómodo con la opulencia o los excesos. Supongo que eso es lo que se ve. Me gusta hacer las cosas como sé hacerlas. Y es verdad que me pongo mis metas, pero también soy muy consciente de hasta dónde puedo llegar. Por ejemplo, sé que París pues no es para mí.

El medioambiente y la sostenibilidad siempre han sido temas que le han preocupado. Lo vimos en 2016 con su colaboración con Ecoembes y lo acaba de mostrar en su último desfile para su propia firma. ¿Cómo cambió aquella colaboración su vida y su forma de entender la moda?

La verdad es que cuando comencé esa colaboración no tenía ni idea de materiales reciclables ni sostenibles, no estaba nada informado. De repente estaba allí alucinando con las propuestas tecnológicas como materiales textiles que parecían sedas o lanas y estaban hechos con botes de plástico. Empecé a investigar al respecto, con proveedores que hacían este tipo de tejidos y demás. Me di cuenta de que es inviable para el planeta que para hacer un pantalón vaquero se consuman casi 2.000 litros de agua. Es un exceso que, a la larga, no vamos a poder soportar. Así que comencé a apostar por este tipo de tejidos y a hacer menos prendas, y que estuvieran hechas en Europa como mínimo…

Respecto a esto último, su preocupación por tener, ser y crear una marca 100% española –en cuanto a mano de obra se refiere– es alucinante ¿Es difícil lograrlo en un momento en el que la mano de obra barata y fuera de nuestras fronteras se está tomando como algo natural?

La mano de obra aquí es más cara. Y hay proveedores que pueden decirte que el 70% de sus tejidos son europeos, pero hay un 30% que vienen de fuera. Al final intentas ser supersensato con esto a la hora de producir pero no puedes certificar el 100% de los materiales. Es muy muy difícil. Tanto en Moises Nieto como en Dos Studio intentamos tenerlo todo controlado, lo máximo posible. Las prendas las diseñamos en el estudio, se confeccionan en un taller en Urgel. y preparamos las ventas online desde la oficina. Creo que nuestra pequeña aportación a la lucha contra la ‘fast fashion’, es precisamente estar pendiente de eso. No es viable que haya pantalones que se vendan a treinta euros y que se compren cada semana. Como te decía antes, menos es más. Siempre. 

En 2017 lanza, junto a su chico, Valerio Canals, la firma Dos Studio. ¿Cómo surgió la marca?

Porque nos dimos cuenta de que las visitas a la web de Moisés Nieto y a nuestra cuenta de Instagram era un 75 % de hombres. Así que nos dijimos Valerio y yo, ¿por qué no? La inversión inicial surgió del premio obtenido en el concurso Who’s on Next de Vogue. Así es como comenzó esta marca que funciona muy bien.

Dos Studio destaca por su exquisitez en el diseño y cuenta una imagen totalmente novedosa para el tipo de marcas que hay en nuestro país. ¿Cuáles son sus señas de identidad?

Es una marca muy fresca que no tiene ningún tipo de pretensión. Queríamos que contara con un diseño muy cuidado, realizada en su totalidad en España y que pudiéramos introducir, cada vez más, materiales sostenibles. Y, sobre todo, con una imagen limpia, que reflejara cómo somos nosotros y con referencias a lo industrial, a la arquitectura… Al final es un proyecto que nos está dando muchas alegrías. Se vende bien, no tenemos que ir a ferias, no hacemos desfiles y va a la par con la temporada. Es decir, ahora estamos vendiendo en la tienda online primavera/verano 2019, mientras que en Moisés Nieto acabo de presentar la misma estación pero de 2020.

¿Cómo es el hombre Dos Studio?

Es un poco atrevido. Al final, si te fijas bien en las colecciones, tienen mucho color. Hay muy pocas prendas de color negro. Y el que hacemos es porque yo lo digo. Si fuera por Valerio, sería color a tope. Con Dos Studio diseñamos para hombres inquietos. A lo que les gusta saber lo que está pasando en el momento y que están influenciados por la música, la cultura y el buen vivir. Un hombre que le gusta que le vean, pero que le vean bien vestido.

Y para la última pregunta, me dejo  esa obviedad a la que todos nos enfrentamos alguna vez:  ¿Qué sueños le quedan por cumplir?

Pues me voy a ‘mojar’ de verdad. Mi verdadero sueño es seguir con la marca ‘real’. Creo que la moda está sufriendo una crisis muy gorda y esto va a propiciar un cambio de confeccionar y consumir moda. Y yo quiero sobrevivir a eso. La gente, desgraciadamente, ya no tiene tanto interés por la moda como el que existía hace diez años. Y hay que anteponerse a ello y hacer que vuelvan a creer en esta industria, que es maravillosa.