"Tati empezó donde nosotros habíamos terminado", sentenció Buster Keaton. Y dio en el clavo. Porque Tati recogió la herencia del cine mudo, pero fue mucho más allá del género, aderezándolo con un puñado de palabras y un arsenal de sonidos. Convirtiendo el gag en una de las bellas artes.

Cineasta integral, Tati rodó siete largometrajes en los que lo hizo prácticamente todo: desde el papel protagonista hasta el diseño de producción, pasando por el guión y la dirección. El carácter anómalo y artesanal de sus films hace de ellos artefactos audiovisuales únicos, que han convertido a Tati en una de las personalidades más sobresalientes de la historia del séptimo arte. 

Y mientras la prestigiosa casa Criterion ha publicado The complete Jacques Tati, una caja de DVDs que incluye todos los cortos y largometrajes rodados por Tati, la no menos afamada editorial Taschen tira la casa por la ventana y se descuelga con Jacques Tati: The Complete Works, un lujoso estuche de cinco libros con un total de 1.136 páginas a mayor gloria del cineasta francés.

Editado por la eminente doctora en filosofía, fotografía y cine Alison Castle, el libro –o quizá deberíamos decir “enciclopedia”– es una exploración profunda de la vida y obra de Tati a través de cientos de fotogramas, los guiones completos de sus películas, así como entrevistas, ensayos originales, y una gran selección de documentos, cartas, bocetos y notas. 

 

Humor sin fronteras

Descendiente de aristócratas rusos, Jacques Tatischeff (Le Pecq, 1907) nació en Francia, pero no quiso ser enmarcador como su padre. Así que recortó su apellido y se puso a trabajar de mimo. En 1935 triunfó en el music hall parisino y, tras la Segunda Guerra Mundial, se lanzó a hacer cine, fundando junto a Fred Orain el estudio Cady-Films, que produciría sus primeras películas.

En la gran pantalla, Tati se reveló como un cómico brillante y un cineasta de insólita originalidad y sólida cosmovisión. En sus años como mimo, aprendió el arte de hacer reír sin usar apenas la palabra, y en sus films potenció mímica, atrezo y disfraces, integrando la voz humana en una sinfonía de timbres, chirridos, explosiones, gorgoteos, pasos, ladridos, bocinazos y musiquillas.

El propio cineasta interpretaba al protagonista de sus películas, el antihéroe monsieur Hulot, un atolondrado caballero andante que se enfrenta al mundo moderno armado con una pipa y un paraguas. La idea era forjar un humor universal, más allá de las contingencias espacio-temporales, culturales o idiomáticas: los films de Tati son accesibles para cualquier espectador pues, en el fondo, nos enseñan que todos somos personajes del espectáculo de la vida: “Quiero que la película comience al salir del cine”, solía decir el director.

Pero que sean universales, no significa que las películas de Tati no sean críticas. Por ejemplo, Día de fiesta (1949) satiriza la americanización de Europa, Las vacaciones del Sr. Hulot (1953) el veraneo burgués, Playtime (1967) la burocracia y el turismo, Tráfico (1971) la plaga del automóvil. Y Mi tío (1958) exalta la singularidad del individuo como antídoto contra un mundo mecanizado y absurdo. Cumbre de su carrera, Mi tío le dio a Tati el éxito global, amén de un Oscar y el Gran Premio del festival de Cannes.

En 1971, Tati rodó su última película, Parade, una fantasía ambientada en el mundo del circo. Y poco después escribió Confusion, fábula futurista sobre los medios audiovisuales que debía protagonizar el dúo de art rock Sparks. No llegó a rodarse, pues Tati murió en 1982. Afortunadamente, podemos disfrutar de su guión original, incluido, junto a otros proyectos inéditos, en el estuche de Taschen. Un estuche que compensa con creces los 185 euros que vale: un precio de risa, nunca mejor dicho.