“Nunca pierdas esa ardiente tristeza que llamamos deseo”

Patti Smith

 

Las fotos fueron tomadas en 1969, y los 50 años transcurridos han acabado por darles una relevancia y un interés que nadie por entonces sospechaba que tendrían. En ella aparecen dos de los principales artistas estadounidenses del siglo XX en una pose insólita: rezando de rodillas, desnudos y con los ojos vendados. En otras fotografías de la misma serie, los dos protagonistas de esa plegaria fetichista se acurrucan juntos en la cama con total inhibición o miran a la cámara con intensidad y descaro.

Los dos son muy jóvenes, muy bellos, y resultan ser Robert Mapplethorpe y Patti Smith sorprendidos en todo el esplendor y la vulnerabilidad del final de la adolescencia, mucho antes de que se convirtieran, respectivamente, en titanes de la fotografía y la música. 

Las fotos, en un elocuente blanco y negro, de una singular pureza, han permanecido inéditas todo este tiempo. Las realizó Lloyd Ziff en aquel Nueva York convulso y efervescente en que Patti y Robert trataba de abrirse paso a finales de los 60. Las ha mantenido aparcadas todo este tiempo y ahora ven la luz pública por primera vez, en una edición de lujo de solo 600 ejemplares titulada DESIRE (Deseo).

Para Ziff, aquello era un simple ensayo doméstico, una sesión con un pareja de amigos a los que había conocido en el Max’s Kansas City y que se prestaron a posar para él y ayudarle a poner en práctica algunas de sus ideas estéticas. “Creo que son fotos extraordinarias”, nos cuenta el veterano fotógrafo, “porque Patti y Robet se están dejando llevar y en ocasiones ni siquiera parecen ser muuy conscientes de estar posando. Son ellos mismos, sin pretensiones y sin reservas”. Hablamos con Ziff de cómo los conoció y qué le ha impulsado a recuperar esas instantáneas de juventud precisamente ahora.

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¿Qué fue lo que primero que le atrajo de Robert cuando se conocieron  en la escuela de arte y cuáles fueron sus primeras impresiones de Patti?

Robert y yo nos conocimos en el Instituto Pratt, en Brooklyn, en 1967. Éramos amigos, pero no particularmente cercanos, aunque creo que, de manera confusa, nos sentimos identificados él uno con el otro porque por entonces los dos nos estábamos empezando a plantear que tal vez fuésemos homosexuales. Cuando Robert comenzó a vivir con Patti en 1967 o 68, ella me llamó poderosamente la atención por su intensidad y originalidad. Eran una pareja que transmitía una extraña fuerza.

 

¿Qué tuvo que ver el “deseo” en esa sesión con Patti y Robert?

Ellos eran dos personalidades visceralmente creativas que nunca se plantearon ningún proyecto vital que no fuese ser artista. Siempre estaban creando. Dibujos, pinturas, esculturas, collages… Patti, además, escribía poemas y diarios. Yo empecé a hacerles fotos de manera intermitente en 1968, cuando ellos no sabían aún hacia dónde iba a llevarles esa apuesta por la creatividad sin concesiones, pero ya tenían claro que estaban en el camino correcto. Esa compulsión creativa tan urgente, tan incondicional, es el tipo de deseo al que me refiero.

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Las fotografías capturan la esencia de un momento muy especial en la historia de la cultura estadounidense…

Creo que sí. Fue un periodo en que tanto la música como el arte o el cine estaban cambiando de manera radical gracias a los valores de una nueva generación, mucho más extrema en sus planteamientos, y a la expansión expansión mental que trajeron las drogas. Nueva York era por entonces una ciudad peligrosa, pero también fascinante y muy abierta. Cualquiera que pudiese pagar una copa tenía la posibilidad de entrar al Max’s Kansas City y relacionarse con naturalidad con Andy Warhol y sus estrellas. Por supuesto, la mayoría de las veces ni Robert ni Patti ni yo podíamos pagarnos una bebida, pero no por ello dejábamos de intentar colarnos en aquel local, porque éramos jóvenes y nuestras aspiraciones eran muy altas.

 

¿Qué busca usted en un retrato, cómo logra tanta intimidad y espontaneidad en sus fotos?

Yo intento hacer fotos bonitas y auténtiucas. Y para ello tengo que establecer un clima de confianza con la gente a la que retrato. No uso luces, nunca me he preocupado de medir la luz. Fotografío lo que está delante de la cámara. La gente confía en que el resultado será bueno, porque consigo que se sientan bien mientras hago las fotos.

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¿Por qué, siendo como son unas fotos bellísimas y un documento espléndido, nunca nunca antes se decidió a publicar las fotos de Patti y Robert?

El tituló del primer tomo de las memorias de Patti se titula Éramos unos niños. Y yo les conocí justo entonces, cuando eran aún unos niños, en su momento de máxima vulnerabilidad, belleza e inocencia. Robert y yo seguimos siendo buenos amigos hasta que él murió. Tuve la oportunidad de trabajar con él y de hacerle encargos en mi papel de director de arte y diseño de revistas como Rolling StoneVanity Fair y alguna otra. Aunque él y Patti se convirtieron en grandes celebridades e iconos del mundo del arte, siempre sentí que aquellas fotos eran la expresión de un momento de intimidad que solo nos pertenecía a nosotros tres. En 2009, Patti me llamó después de muchos años y me pidió permiso para usar dos de los retratos de esa sesión de 1968 en Brooklyn para su libro. Le dije que sí, que sería un honor, y luego ella escribió que se trataba de las primeras fotos que Robert y ella se habían hecho juntos. Pero lo que me sorprendió aún más es que hiciese referencia también a la sesión de desnudo que hicimos en 1969 en mi apartamento de Manhattan, el sótano de Charles Street. Eso abrió la veda para mí. Me convenció de que no tienen por qué ser un secreto, que ahora es perfectamente legítimo enseñarle al mundo esas fotos que hicimos hace 50 años, cuando eran muy jóvenes, muy hermosos y muy ambiciosos.  

 

¿Hay alguna imagen en concreto que considere usted su favorita?

No sabría decirlo. Las fotos de 1968 reflejan la ambivalencia de mis sentimientos hacia Robert y Patti, hacia la (para mí, evidente) homosexualidad de él y el hecho de que pese a todo formaban un estupenda pareja, muy bella, muy compenetrada, con mucha química. Han ganado esa pátina particular que las bunas fotografías parecen adquirir con el tiempo, y creo que hoy ilustran mejor que nunca ese misterio. La sesión de desnudos de 1969 fue un acto de amistad, y quiero agradecer a Robert y Patti que confiasen en mí para hacerla.

 

Jacob Schuhle Lewis