Con Kanaal, el célebre diseñador de interiores y coleccionista de arte belga Axel Vervoordt ha diseñado algo así como la ciudad del futuro a muy poca distancia del centro de Amberes. Un nuevo distrito de aspecto vanguardista pensado para alojar galerías de arte y residentes de espíritu bohemio. 

Un viejo almacén de grano y una antigua destilería de whisky en las afueras del cinturón obrero de Amberes. Eso es lo que se encontró Vervoordt hace dos décadas cuando empezó a trabajar en Kanaal, uno de los proyectos de regeneración urbana más ambiciosos que pueden verse en Europa ahora mismo. Vervoordt ya se había dado a conocer como un coleccionista de arte de exquisito gusto y peculiar olfato antes de convertirse también en uno de los diseñadores de interiores más reputados del mundo, con clientes tan ilustres como Robert de Niro o Kanye West, para los que ha acondicionado y diseñado sendos apartamentos en Manhattan.

Pero la verdadera vocación de este hombre de talentos múltiples siempre fue el urbanismo, al que se ha aplicado con sensibilidad moderna e ímpetu visionario. Tras adquirir varios kilómetro cuadrados de campos sin cultivar y fábricas en ruinas junto a un canal periférico en el que nadie se animaba a construir nada, Vervoordt ha creado allí varios edificios residenciales de lujo y una serie de espacios dedicados a la exhibición de arte en los que ya se ha mostrado la obra de luminarias como Anish Kapoor o Marina Abramovic.

 

La ciudad del arte contemporáneo

Su viejo amigo el arquitecto Tatsuro Miki ha colaborado en lo que Vervoordt describe como el proyecto más ambicioso que concibió nunca, la obra de su vida. Con el tiempo, se ha consolidado aquí una comunidad bohemia con fuerte arraigo y sentimiento de pertinencia. Una tribu de anamorados del arte y del diseño que, además de vivir en un entorno privilegiado, puede disfrutar también de una oferta de restauración muy selecta, a la altura de la exquisitez y el aire futurista del entorno. Axel ha contado también con la colaboración de sus dos hijos, Boris y Dick, marchante artístico y agente inmobiliario, o que convierte el proyeco en un asunto de familia.

Anish Kapoor presentó aquí su exposición At the Edge of the Worlden 2000, cuando el complejo estaba a medio hacer y él no había alcanzado aún el estatus de estrella internaional del que disfruta hoy en día. Vervoordt nos cuenta que Kapoor representa, de alguna manera, “la esencia creativa y bohemia de Kanaal”. En el mismo edificio en que se cribaba el grano y en el que Kapoor exhibió su obra, Alex ha querido “crear una especie de capilla a lo Mark Rothko, un espacio a la vez sagrado y profano en el que se respire paz y armonía y se pueda contemplar arte en condiciones ideales”. Allí se han representado también operas y obras de teatro.

Muy cerca, en la galería Henro, puede verse la colección permanente del propio Vervoordt, que durante años se exhibió en el centro de Amberes. Esculturas japonesas del periodo Endo conviven con cuadros del movimiento Gutai, una rupturista escuela artística del Japón de posguerra cuyos adeptos pretendían trascender la pintura abstracta en favor de la pura materialidad, del arte sólido, rotundo y voluntariamente inexpresivo. A Vervoordt, estos antiguos graneros con enormes columnas que se mantienen intactas le hacen pensar “en un templo egipcio, un espacio poderoso, en el que algo divino se percibe de manera sutil. Después de todo, la arquitectura industrial, como la religiosa, no se hace persiguiendo la belleza en sí misma, sino pensando en que resulte útil”.

 

Como coágulos de sangre zen

El interiorista nos hace fijarnos en tres de las obras del artista Gutai Kazuo Shiraga, descendiente de uno familia de samurais. Son ‘retratos’ de guerrreros de un ferocidad primitiva, que hacen pensar en las tragedias de Shakespeare, con vistosas manchas escarlatas que parecen sangre coagulada. “Shiraga se sentaba a contemplar el lienzo en blancp hasta que él mismo se empapaba de vacío. En ese momento, entraba en una espacie de corto trance creativo que le permitía plasmar su visión artísticas con pinceladas breves y precisas. Así es como creo que se origina la vida. Con un preciso brochazo, un big bang que disipa el vacío”.

“Volvemos a la luz”, bromea Vervoordt mientras nos saca del espacío sombrío de su ‘templo egipcio’ hacia el comparativamente cegador sol de mediodía de este rincón de Flandes. Su observación nos hace darnos cuenta de hasta qué punto Kanaal resulta un espacio luminoso, construido teniendo siempre muy presene la necesidad de optimizar la luz.

En la galería Patio, el diseñador nos muestra una exposición temporal del artista ganés El Anatsui, autor de sculturas táctiles que parecen echas de residuos industriales y que resultan de una desconcertante belleza. Vervoordt descubrió la obra de Anatsui en Tokio y ha contribuido a popularizarla y exhibirla con regularidad en Europa, ejerciendo así una función de promotor del talento periférico o emergente que le produce grandes satisfacciones. Por último, nuestro anfitrión nos asoma a la galería Escher, un espacio en el que destacan las grandes cavidades cilíndricas que recuerdan que no hace mucho fue un enorme silo.

Aquí se muestran las esculturas de la artista belga Lucia Bru, que se integran a la pefección en los múltiples recovecos de este granero con alma de cueva. La propia Bru nos habla de cómo su obra intenta ilustrar la relación entre el hielo y el agua marina, “dos miembros de la misma familia que se pelean, se reconcilian, se oponen y se complementan”. La escultura no quire ir mucho más allá en el análisis, porque asegura que sus procesos creativos se basan mucho más en la intuición que en la reflexión: “me pongo a buscar sin plantearme qué acabaré encontrando, prefiero que la obra me sorprenda y me leve por derroteros que no había previsto”.

Vervoodt asiente satisfecho a las palabras de Bru, otra artista que ha encontrado su espacio en el seno de una comunidad como Kanaal, la ciudad de los que quieren vivir en contacto continuo con el arte.