Negociaciones tras el 23-J

Sánchez aguarda la derrota de Feijóo para acelerar el pacto con Junts y ser investido

El PSOE ve más cerca la reelección de Sánchez y se prepara para una legislatura con "pocas leyes"

PSOE y ERC pactan una reforma del reglamento del Congreso para el uso del catalán

Puigdemont fijará el martes las condiciones a Sánchez tras negar estar negociando ya la amnistía

Feijóo pide a Sánchez que le deje gobernar dos años y recibe un 'no' tajante

Sánchez y Feijóo

Sánchez y Feijóo / DAVID CASTRO

Juan Ruiz Sierra

Juan Ruiz Sierra

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Pedro Sánchez tiene prisa. El presidente del Gobierno y su equipo asisten entre sorprendidos y divertidos a la infructuosa tentativa de Alberto Núñez Feijóo de llegar a la Moncloa. Mientras el líder del PP comprueba cómo se le cierran todas las puertas para ampliar sus apoyos (solo tiene 172 votos a favor: los de su partido, Vox, Coalición Canaria y UPN), los socialistas ven con esperanza al escenario que se abrirá cuando los conservadores obtengan el rechazo del Congreso, a finales de septiembre. Los negociadores del PSOE siguen tendiendo puentes con los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos. El nombramiento del Rey a Feijóo como primer candidato a la investidura, después de que fuera el más votado en las elecciones del 23 de julio, no les ha parado

Quieren que la investidura sea “cuanto antes” para lograr que España salga de la “parálisis” política, así que intentan llegar a la segunda ronda de audiencias con Felipe VI, en la que este designará a un nuevo aspirante a la Presidencia del Gobierno, con la mayor parte de los deberes hechos. Más allá de su optimismo en ascenso, los socialistas no se atreven a dar del todo por hecho nada: ni cómo acabará la negociación, ni cuándo. Sobre todo, con Junts per Catalunya, la formación menos proclive a darles su apoyo. Evitan ponerse plazos. Pero trabajan con la esperanza de una investidura rápida. A poder ser, en la tercera semana de octubre, mostrando así que hay una “mayoría progresista” en la Cámara baja y que el mes que ha solicitado Feijóo para su “investidura ‘fake” supone una “pérdida de tiempo” con la que el líder del PP solo pretende “salvar el pellejo” al frente de su partido.     

La comparación con el PP

La búsqueda del contraste con los populares es constante. En público y en privado. Según el relato que hizo el propio Sánchez a los miembros de la ejecutiva del PSOE el pasado miércoles, las conversaciones que dieron lugar a la reunión que mantuvo con Feijóo ilustran muy bien la distinta actitud de ambos dirigentes. 

El líder del PP, explicó a puerta cerrada el presidente en funciones, le envió el lunes un mensaje vía Whatsapp para solicitarle un encuentro. Sánchez le contestó rápidamente, ofreciendo tres fechas posibles: martes, miércoles o jueves. Quedaron en que sus respectivos equipos pactarían el día, pero pasaban las horas y nadie del PP llamaba al PSOE. Sánchez pidió a su núcleo duro que tomase la iniciativa. Llamaron a los populares, y estos le dijeron que mejor quedaban la semana que viene. No tenían ninguna urgencia. “¿Nos estáis diciendo que Feijóo pide una reunión con el presidente en funciones, este le da tres fechas para que sea lo antes posible y ahora queréis retrasarla?”, les preguntaron. 

Al final quedaron el miércoles para un encuentro que apenas duró 50 minutos, en el que el líder del PP pidió sin éxito a Sánchez que le dejase gobernar dos años a cambio de aprobar seis pactos de Estado. “Feijóo ha pasado de querer derogar el ‘sanchismo’ a rogar al ‘sanchismo”, bromeó la portavoz socialista, Pilar Alegría, durante su comparecencia. Poco antes, a puerta cerrada, el presidente en funciones, según fuentes presentes en la reunión, había explicado a la cúpula de su partido que vio a Feijóo “perdido” y a la “defensiva”, lanzando ofertas “improvisadas” porque en realidad “no sabe muy bien por dónde tirar”. 

La hoja de ruta

El PSOE, en cambio, asegura tener una hoja de ruta clara. La negociación se sitúa ahora sobre complejos asuntos, como financiación, inversiones, modelo autonómico y, sobre todo, la amnistía sobre el ‘procés’ que reclaman ERC y Junts. Los socialistas, que hasta ahora habían defendido que una iniciativa de este tipo era inconstitucional, ya no cierran la puerta. Están explorando, como adelantó este diario, fórmulas para despenalizar lo ocurrido en otoño de 2017. De momento, aseguran que todavía no han “entrado al detalle” con las formaciones catalanas. 

Con los republicanos, las relaciones son fluidas tras la pasada legislatura. Con los posconvergentes, no. Pero en el equipo de Sánchez elogian la actitud del partido de Carles Puigdemont: su “seriedad” a la hora de negociar, que se plasmó hace un par de semanas en el pacto del Congreso que sirvió para elegir presidenta del Congreso a Francina Armengol. Ahora ya hay “puentes, relaciones de confianza y acuerdos”, señalan fuentes socialistas al tanto de las conversaciones, que restan importancia a los mensajes que el ‘expresident’ de la Generalitat envía en público desde Waterloo (Bélgica). 

El jueves, por ejemplo, Puigdemont escribió un tuit en el que aseguraba que no había “ninguna negociación en marcha con nadie”, aunque sí admitió un “diálogo”. Los colaboradores más cercanos al líder del PSOE no vieron motivos de alarma. Atribuyeron sus palabras a circunstancias internas de Junts, una formación dividida sobre qué hacer en la investidura. El ‘expresident’, dijeron, está mostrando una actitud “dura”, pero “posibilista”. Aun así, no dan todavía nada por cerrado.