La réplica de la conmoción en el Gobierno

El PSOE se prepara para la revolución interna y el rearme de cara a 2023

  • En Ferraz se espera que el tsunami llegue a la ejecutiva y se renueve en profundidad. Se comparte que seguirán Lastra y Cerdán, con menor desgaste

  • Sánchez abre etapa, un "nuevo PSOE", un nuevo sanchismo, una vuelta a los orígenes y añade la renovación generacional y el cierre de la guerra de 2017

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto a José Luis Ábalos y Carmen Calvo, en la reunión de la ejecutiva federal del partido del pasado 8 de febrero. 

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto a José Luis Ábalos y Carmen Calvo, en la reunión de la ejecutiva federal del partido del pasado 8 de febrero.  / PSOE / EVA ERCOLANESE

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

Especialista en información de Gobierno y PSOE.

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Todos en el PSOE han captado el mensaje. Es un "reset", "un empezar de nuevo", una "nueva etapa", un "nuevo PSOE". Los fogonazos de la remodelación del Gobierno ejecutada con frialdad y total determinación por Pedro Sánchez, una sacudida cuya intensidad no se esperaba, tendrán previsiblemente su réplica en el partido. La expectación es, de hecho, máxima y las cábalas, infinitas. Como resume un cuadro de Ferraz, "no se puede hacer ya ninguna apuesta", porque a fin de cuentas la primera y la última decisión es la del presidente y secretario general, el único que de verdad manda y así lo ha demostrado con un vuelco sorpresivo y hondo. Sí existe la percepción, no obstante, de que, tras el 40º Congreso Federal, que se celebrará en octubre, seguirán a su lado dos dirigentes claves y que acumulan un menor desgaste que los caídos Carmen Calvo y José Luis Ábalos: la número dos, la asturiana Adriana Lastra, y el responsable de Coordinación Territorial y jefe 'de facto' del aparato socialista, el navarro Santos Cerdán. La consigna es que ahora el partido debe rearmarse de cara a las batallas electorales de 2023: municipales, autonómicas y generales.

Sánchez enmudeció al PSOE con una operación profunda que llevaba barruntando semanas pero que acometió en apenas unas horas, a la vuelta de su gira báltica y tras recibir en la Moncloa a Isabel Díaz Ayuso, entre la tarde del viernes y la mañana siguiente. El sábado, temprano, telefoneó a su fiel Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia, para que acudiera a la Moncloa, le detalló todos los cambios y que le nombraría titular de la Presidencia, y ambos trabajaron en ese momento en el operativo. Sánchez llamó a los ministros salientes y a los entrantes, y comunicó al otro pilar de su equipo, Iván Redondo, que sería cesado como su director de Gabinete. Redondo, que tenía "a todo el partido enfrente", a quien se acusaba de haber "desideologizado y desnaturalizado" el PSOE, había pedido ser ministro de la Presidencia, según relatan fuentes tanto de Ferraz como del Gobierno. Desmantelado el núcleo duro del Gabinete (Calvo y Ábalos), él quería atesorar más y más poder. Pero Sánchez se plantó y lo cesó. Su 'spin doctor' contó después que su salida, recibida con euforia en el partido, fue "voluntaria", aunque pocos creen esa versión.

Redondo, apuntan en el Ejecutivo y en Ferraz, pidió ser ministro de la Presidencia para atesorar más poder, pero Sánchez se plantó y lo cesó

Su lugar, en todo caso, será ocupado por un histórico como Óscar López, el hombre que quizá mejor encarna la corriente de cambio que ha supuesto esta reestructuración del Ejecutivo. López, su antiguo amigo en Ferraz, de la época en la que ambos trabajaban para Pepe Blanco, y después secretario de Organización con Alfredo Pérez Rubalcaba, era repescado. Los dos trabajaron juntos en el primer mandato del madrileño, pero se distanciaron en las primarias de 2017 -el castellanoleonés respaldó a Patxi López y fue el jefe de Gabinete de su candidatura-, y fue apartado de la primera línea, aunque Sánchez le situó en un cómodo 'stand by' en la presidencia de Paradores de Turismo.

De confianza y en los municipios

La recuperación de López habla por sí misma de la construcción de ese "nuevo PSOE" del que todos hablan ahora, de esa reinvención del propio Pedro Sánchez. Aquel sanchismo de primera hora que le ayudó a reconquistar Ferraz frente a Susana Díaz, y del que era todavía tributario en el 39º Congreso (2017) y en la confección del primer Gobierno (2018) y del ala socialista de su segundo Gabinete (2020), ha caducado. El presidente buscó "un revulsivo, un cambio de marcha muy potente", condensa un ministro, con vistas al nuevo periodo electoral y para afrontar el terrible desgaste al que apuntan las encuestas, y también quiso lanzar un mensaje de reconciliación interna, de cierre de ciclo de aquella guerra fratricida que desangró al PSOE.

El líder premia a dirigentes de su confianza y busca apretar filas con el rescate de López y el ascenso de tres mujeres que apoyaron a Díaz

Solo así se puede entender, convienen en el Gabinete y en Ferraz, no únicamente el rescate de López, sino también el ascenso de tres mujeres que en aquella contienda apoyaron a Díaz: Pilar Alegría, hasta ahora delegada del Gobierno en Aragón y nueva titular de Educación (fue de hecho portavoz de la candidatura de la andaluza y antes apoyó a Eduardo Madina); Isabel Rodríguez, ya exalcaldesa de Puertollano (Política Territorial y portavoz), y Diana Morant, exregidora de Gandia y muy próxima al 'president' valenciano, Ximo Puig.

Sánchez ha integrado a personas de su estricta confianza (Félix Bolaños en Presidencia y José Manuel Albares en Exteriores), ha apostado por mujeres jóvenes y con gestión de lo "cercano" y que considera sobresaliente (Alegría, Rodríguez, Morant, Raquel Sánchez, ya ex primera edil en Gavà, en Transportes, y Pilar Llop, presidenta del Senado, en Justicia), y no le ha temblado el pulso a la hora de dejar caer a pesos pesados como Calvo, Ábalos y Redondo.

En el PSOE y en el Gobierno generó estupor la marcha del bregado político valenciano. A las razones personales y familiares se suman, aducen distintas fuentes, otros posibles motivos, aunque ninguno es oficial ni definitivo: el desgaste sufrido por su exposición pública -ha sido la cara del partido y del Ejecutivo en los momentos críticos- y su gestión (los tropiezos con el 'Delcygate' y las ayudas a la aerolínea Plus Ultra), sus roces con el aparato monclovita y su menor dedicación a la fontanería interna, tarea que Sánchez delegó en Cerdán. Habría pesado asimismo la voluntad de dar un aire "más verde" a Transportes.

También ha influido, prosiguen, el deseo de renovación generacional, de visualizar un "fin de etapa" y de apear del poder a quienes han participado, por distintas razones, en las disputas internas. La marcha de Calvo se compensa con la de Ábalos y la de Redondo proyecta la victoria del PSOE sobre la estructura montada por el 'supergurú' y la entrada de una "nueva etapa" más política y menos tecnocrática. "Pedro no ha tolerado los tejemanejes de Iván contra Carmen, o a la inversa. Era consciente. Era la sensación de que estaban jugando con su Gobierno", razona una fuente de la Moncloa que conoce bien al líder. La partida del valenciano del ministerio podría completarse esta semana con su marcha de la poderosa Secretaría de Organización. En ese caso, Cerdán podría asumir la cartera de manera interina. La duda, en todo caso, es qué ocurrirá en el 40º Congreso y quién relevará a Ábalos.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, flanqueado por Santos Cerdán (i), José Luis Ábalos, Adriana Lastra y Carmen Calvo, en la reunión de la ejecutiva federal del partido del 17 de mayo de 2019, en Ferraz. 

/ JOSÉ LUIS ROCA

La composición del cuadro final del Ejecutivo es producto de la decisión de Sánchez y también de su labor de consulta con colaboradores y altos cargos de su entorno, a algunos de los cuales les encargó hace semanas mirar perfiles y discursos. Ese movimiento fue el que delató, en junio, que preparaba una crisis de gobierno. El presidente decidió mediada la semana lanzar la operación: mientras estaba de gira por los bálticos, canceló el acto de presentación de la ponencia que tenía programado para el sábado 10. Sus mandos de confianza disponían de información fragmentaria, pero no de toda la lista completa. El líder condujo el vuelco prácticamente en solitario.

"Más a sí mismo que al jefe"

En Ferraz esperan que el tsunami alcance el partido, ya sumergido en el proceso precongresual. Se contaba con una renovación profunda y un recorte de la actual ejecutiva -de 47 miembros, dos menos de los que tenía cuando nació por las renuncias de Beatriz Corredor y José Félix Tezanos-, pero la sacudida provocada en el Gobierno confirma, para muchos, que poco quedará en pie tras el 40º Congreso. "Habrá un cambio total", prevé un dirigente. Se da por hecho la incorporación de Bolaños, el nuevo hombre fuerte del Ejecutivo, y también de otros ministros para conferir más peso a la cúpula. La lectura compartida por todos los dirigentes consultados por este diario es que Lastra y Cerdán sobrevivirán. Ambos son fieles al jefe, discretos y leales y, a juicio de sus compañeros, no acumulan tanta erosión. No se han perdido apenas votaciones importantes en el Congreso -responsabilidad de la portavoz parlamentaria- y el partido vive en calma, más aún tras la muerte política de Díaz en su último pulso con Sánchez. Sánchez ya abrió la vía del futuro al designar a los coordinadores de la ponencia marco. De todos ellos, tres (Bolaños, Alegría y Albares) son ya ministros.

La dirección no pretende mover a los presidentes autonómicos, pero Sánchez sí opta por "poner gente a rodar", mover banquillo de cara al futuro

Otro mensaje, advierten en el cuartel general, es que Sánchez ha premiado a dirigentes que "no tienen agenda propia". Eso explica la defenestración de Redondo. "Era cuestión de tiempo que cayera. Buscaba venderse a sí mismo más que a su jefe", quería ser "un presidente bis", "cuando son más los problemas y dejas de ser útil, te vas", "su ambición le cegó", analizan con alivio desde la cúpula socialista y dirigentes veteranos. Sin embargo, hay quienes en la dirección creen que el nuevo Gobierno pierde "peso político", al causar baja Calvo y Ábalos, dirigentes de larga trayectoria y personalidad definida.

Sánchez ha jugado con la variable territorial. Ha situado en el escaparate a tres mujeres -Alegría, Rodríguez y Morant- que podrían convertirse en valores de futuro en sus federaciones, quizás como relevo a los actuales presidentes, Javier Lambán (Aragón), Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha) y Ximo Puig (Valencia). La dirección federal no prevé mover la silla a los actuales barones y la máxima es no arriesgar los gobiernos, pero el presidente, interpretan en Ferraz, quiere "poner gente a rodar", "pensar en el futuro", generar banquillo. Pilar Llop y Reyes Maroto son vistas como posibles referentes en Madrid, federación actualmente descabezada, tras el fiasco de la apuesta por el cesado titular de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes.

El hasta ahora director de Gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo, en la presentación de la precampaña de las elecciones generales del 10-N, el 30 de septiembre de 2019, en Madrid.

/ DAVID CASTRO

Foto aún incompleta

Falta por conocer la verdadera dimensión del terremoto originado por Sánchez. La foto no está completa. Ahora se tendrán que completar los segundos y terceros escalones de la Administración, y se espera en un rediseño total del Gabinete del presidente en la Moncloa tras la marcha de Redondo, ya que buena parte de los altos cargos eran de su confianza. En el Senado, el PSOE debe elegir nuevo portavoz, ya que el responsable del grupo, el burgalés Ander Gil, se convierte este lunes en presidente de la Cámara alta tras el paso de Llop a Justicia. Tampoco se conoce si el líder buscará acomodo para Calvo -aviso: no hay plazas como consejero permanente en el Consejo de Estado- y Ábalos. Ella podría ser la nueva presidenta del PSOE, en sustitución de Cristina Narbona, aunque ese rol es más institucional que ejecutivo.

El análisis es que "vuelve el PSOE", la victoria del partido sobre el aparato monclovita necesaria para afrontar el desgaste que predicen las urnas

Con la nueva estructura y la elección de Óscar López, se anticipa un retorno a la ortodoxia. Ese "vuelve el PSOE" que varios dirigentes entonan con júbilo. Las correas entre Gobierno y partido estarán, previsiblemente, más engrasadas. Sánchez dirigirá un Ejecutivo más cohesionado, sin banderías ni, 'a priori', desajustes internos, y muy enfocado a la recuperación, razón por la que no ha tocado a sus ministros económicos y ha reforzado a Nadia Calviño, coronada como vicepresidenta primera.

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Pero Sánchez piensa ya en 2023. Ha diseñado un equipo más político, preparado para lidiar el combate con la derecha en un momento en el que había que frenar el deterioro electoral. El presidente busca el rearme ideológico de cara al ciclo que viene, con la pandemia atrás y el acento en la gestión. Catalunya seguirá en primer plano, pero sin que monopolice toda la acción del Ejecutivo. Es una "nueva etapa". Un nuevo PSOE. Un nuevo sanchismo. Un retorno a los orígenes de Sánchez y a la fraternidad interna.