"Nuevo impulso" a la legislatura

Sánchez sopesa cambios profundos en el Gobierno y en el PSOE tras los indultos

  • Baraja una remodelación de calado de su Ejecutivo que efectuaría después de la medida de gracia, bien antes de agosto o bien más cerca del congreso federal

  • La idea del presidente es reforzar el peso político de su Gabinete y de su cúpula en el PSOE, pero no ha dado pistas aún del alcance de la reestructuración

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibido por el primer ministro de Libia, Abdelhamid Dbeibah, este 3 de junio a su llegada a Trípoli.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibido por el primer ministro de Libia, Abdelhamid Dbeibah, este 3 de junio a su llegada a Trípoli. / EFE

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Esta vez, no se trata de meras elucubraciones. Todas las señales apuntan en la misma dirección. Que ahora sí toca y que Pedro Sánchez sí hará uso de su cuaderno azul. Que el presidente acometerá, probablemente, una profunda remodelación de su Gobierno y también un claro rediseño de su ejecutiva federal en el PSOE. El líder socialista lo está sopesando y de hecho ha abierto consultas con dirigentes del partido y altos cargos en el Ejecutivo. La reestructuración del Gabinete se llevaría a cabo, en todo caso, después de que el Consejo de Ministros decida sobre los indultos. Pero no está claro aún si llegaría para antes de las vacaciones de verano o bien hacia el otoño, en paralelo al 40º Congreso Federal del PSOE, que se celebrará en València el 15, 16 y 17 de octubre. Se cuenta con que Sánchez conformaría un Gobierno más "político" que el actual —y tal vez con menos carteras—, para afrontar con un "nuevo impulso" el segundo tramo de la legislatura, haciéndolo coincidir con el final del túnel de la pandemia, la conquista del objetivo del 70% de la población vacunada y el afianzamiento de la recuperación económica.

El pasado 1 de junio, el secretario general del PSOE cumplió tres años desde su llegada a la Moncloa tras una fugaz moción de censura, embridada en menos de una semana. Mariano Rajoy abandonó el poder acorralado por la 'Gürtel' y Sánchez pudo sacar a su partido de las catacumbas demoscópicas para conformar un Gobierno que, en sus líneas maestras, le ha acompañado desde entonces. Con el reajuste obligado, claro, por la incorporación de Unidas Podemos en enero de 2020, tras las dos elecciones generales que ganaron los socialistas.

El presidente situó como su mano derecha a Carmen Calvo, ascendió al secretario de Organización, José Luis Ábalos, a la poderosa cartera de Fomento (luego Transportes) y promocionó desde Andalucía a María Jesús Montero. Concedió las riendas de la economía a una alta funcionaria de la UE, Nadia Calviño; otorgó a una experta en medio ambiente, Teresa Ribera, el señero departamento de Transición Ecológica, y premió con Defensa a uno de sus fichajes estrella en las elecciones de 2016 y siempre leal, Margarita Robles. Y destinó a Interior a Fernando Grande-Marlaska, juez aupado al Consejo General del Poder Judicial por el PP. En Educación colocó a Isabel Celaá; en Industria, a Reyes Maroto; en Ciencia, al astronauta Pedro Duque, y en Agricultura, a Luis Planas.

Sánchez ha mantenido en estos tres años una línea continuista, más allá de la entrada de los socios de Unidas Podemos en enero de 2020

Ese diseño básico no sufrió demasiadas mutaciones con la suma de Unidas Podemos. Hubo ministros que dejaron el Gabinete, pero no ellos. El Ejecutivo se amplió hasta los 22 departamentos y, desde entonces, Sánchez solo ha procedido a retoques quirúrgicos por la salida de Salvador Illa de Sanidad —se convirtió en el cabeza de cartel del PSC en las catalanas del 14-F—, sustituido por Miquel Iceta, y de Pablo Iglesias como vicepresidente segundo —se marchó para liderar la lista morada en los comicios madrileños—, reemplazado por Ione Belarra, movimiento que supuso el ascenso de Yolanda Díaz como vicepresidenta tercera.

Nuevo combustible con encuestas adversas

Pero ahora las condiciones son otras. Ahora, según confirman a EL PERIÓDICO fuentes gubernamentales y de la cúpula socialista, Sánchez sí está dispuesto a una reforma "profunda" de su Gabinete. Lo está "reflexionando", coinciden, y de hecho sí que ha reclamado su opinión a responsables del partido y altos cargos del Ejecutivo. De esas conversaciones emana la conclusión de que el presidente buscaría "reforzar el peso político" de su equipo. Un cambio de caras que en el partido y en el Gobierno entienden necesario para encarar el segundo tramo de su mandato. De hecho, un relevo sería congruente con el mensaje que él y los suyos llevan repitiendo semanas, que la legislatura "empieza ahora", una vez que la cobertura de vacunación avanza y los fondos europeos —el maná de 140.000 millones de euros en seis años— estarán operativos en los próximos meses.

Pero el mandatario también necesita nuevo combustible en un momento en el que las encuestas empiezan a situar al PP como primera fuerza del país y detectan un cierto trasvase de voto socialista a Pablo Casado tras el 4-M. Hay quienes, no obstante, en Ferraz y en el Ejecutivo, desaconsejan los movimientos porque sería "maquillaje", un cambio "más estético", un "efecto placebo" —en palabras de un ministro—, una reestructuración que "no preocupa al ciudadano de a pie", más inquieto por la evolución de la pandemia o su situación económica y laboral.

Hay quienes en el Gobierno y en el partido entienden que una crisis de gobierno sería "maquillaje" o un "efecto placebo" no necesario

No obstante, Sánchez no ha dejado ver a sus colaboradores el alcance real de esa posible remodelación ministerial. Todo está en el aire. Porque además tiene dos barajas con las que jugar y muchas piezas posibles para mover: el Gobierno y el partido. El PSOE se acerca a su 40º Congreso: será convocado en julio por el comité federal y se celebrará entre el 15 y el 17 de octubre en València. De ahí que algunos cuadros apunten que el jefe del Ejecutivo podría renovar su Consejo de Ministros en julio, después de la delicada decisión de los indultos, o bien planee hacerlo más cerca del congreso federal. Esta última sería la solución más convencional y en cierta medida lógica, pero con Sánchez, un líder muy hermético, las quinielas siempre son difíciles.

Pedro Sánchez preside la reunión del Consejo de Ministros del pasado 1 de junio en la Moncloa. 

/ POOL MONCLOA / FERNANDO CALVO

Una duda recurrente es qué pasará con Carmen Calvo. En ella se apoyó el líder socialista desde el primer momento y le tiene, como siempre reiteran en su círculo, una alta consideración por el despacho de los asuntos que le encarga, su lealtad fuera de dudas, su experiencia gubernamental y pericia jurídica, claves para un puesto tan sensible y absorbente como la vicepresidencia política, la responsable del filtrado de los asuntos que llegan al Consejo de Ministros en la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios. Algunos dirigentes la ven al final de su recorrido, pero la mayoría cree que Sánchez no prescindirá de ella salvo que se lo pida ella misma. Además, Calvo, como Ábalos y Montero, son pesos pesados en la dirección socialista, muy apreciados por sus compañeros, y una defenestración tendría, a juicio de los responsables consultados, poca lógica. Los tres son incluso vistos como "intocables" para el presidente.

Desgaste de Laya y Marlaska

Señalados por la oposición están la titular de Exteriores, Arancha González Laya —de quien el PP ha pedido su dimisión por la crisis con Marruecos—, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Pero no está claro que Sánchez se deshaga de ellos. Hasta ahora los ha defendido frente a la oposición y, como recuerdan en su entorno, que algunos de sus ministros sean diana para las derechas no es sinónimo de que tenga una mala opinión de su desempeño. No ha descollado el titular de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, ni tampoco el titular de Ciencia, Pedro Duque. Y Reyes Maroto mantiene un perfil bajo: es apreciada por el líder pero podría ser resituada como valor de futuro en el PSOE madrileño, ahora descabezado tras el desastre del 4-M. José Luis Escrivá (Inclusión, Seguridad Social y Migraciones) recibe críticas internas por su menor cintura política, igual que Teresa Ribera —ambos son, eso sí, muy expertos en sus materias—, mientras Margarita Robles es vista con algún recelo por sus compañeros por sus a veces duras palabras contra la parte morada del Ejecutivo. La titular de Defensa, en cambio, sí es aplaudida por la derecha y muy bien valorada por los ciudadanos en el CIS.

La reestructuración del Gobierno podría venir acompañada de un recorte del organigrama, con la eliminación de algunos ministerios

Pero de nuevo su relevo dependerá igualmente de las señales que quiera emitir Sánchez: si prefiere escorar su Gabinete a la izquierda o bien reforzar su centralidad, y a este último mensaje ayudarían la presencia tanto de Robles como de Calviño. Por eso en el Gobierno hay quienes creen que el presidente tendrá también en cuenta el 'input' que reciba de las primarias del PSOE andaluz, que se dirimirán en primera vuelta el 13 de junio (y el 20 en segunda ronda, si ninguno de los candidatos supera el 50% de los votos). Si gana Susana Díaz, quizá se vea obligado a buscar la moderación, pero si vence el alcalde de Sevilla y el ungido por Ferraz, Juan Espadas, será un espaldarazo a su proyecto procedente de la federación socialista más importante.

La remodelación puede venir acompañada de un adelgazamiento de la estructura, hecho que podría servir para lanzar un mensaje de austeridad hacia Bruselas. Pero en el círculo del líder no se atreven a especular con la dimensión de esa eventual reducción de carteras. Una desaparición bastante evidente sería la de Universidades, en manos de Manuel Castells. Pero un recorte del organigrama tendría que contar con el beneplácito de Unidas Podemos, que sienta a cinco de los suyos en el Consejo de Ministros (Yolanda Díaz, Irene Montero, Ione Belarra, Alberto Garzón y el propio Castells), ya que se entiende que sería proporcional al peso actual de cada socio. En el entorno de Sánchez, no obstante, se recuerda que la salida de Iglesias ya mermó cualitativamente el relieve de los morados, así que tal vez el presidente podría prescindir de alguno de sus ministros sin tocar la cuota de UP.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, encabeza la reunión telemática de su ejecutiva federal el pasado 17 de mayo en Ferraz. A su lado, José Luis Ábalos, Cristina Narbona y Adriana Lastra. 

/ PSOE / EVA ERCOLANESE

En el 40º Congreso se espera, y así convergen todos los mandos consultados, que el secretario general dé vida a un cambio de calado a su dirección. La actual ejecutiva, de 47 miembros (dos menos que los que tenía en 2017, cuando nació, por las salidas de José Félix Tezanos y Beatriz Corredor), es tributaria del tortuoso proceso de primarias que le enfrentó a Susana Díaz y Patxi López. Sánchez premió a sus fieles, a los que habían apostado por él cuando fue defenestrado por los notables del PSOE, compuso una dirección muy amplia y de bajo perfil político y solo integró al exlendakari y al presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara.

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Sánchez también quiere reforzar el peso de su cúpula en el PSOE. Ahora ya no necesita pagar lealtades porque es presidente del Gobierno y la guerra de 2017, que dividió al partido, queda en el pasado, aunque su 'spin off' son las primarias andaluzas. El secretario general, por tanto, tiene plenas manos libres para diseñar una ejecutiva de nuevo cuño, más reducida y funcional y de mayor relieve. Pero todos los dirigentes consultados dan por hecho que el corazón de su equipo —que conforman la dos, Adriana Lastra; el jefe del aparato, José Luis Ábalos; la secretaria de Igualdad y vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, y el responsable de Coordinación Territorial, Santos Cerdán— se mantendrá. El líder ya envió el primer signo de revolución en su cúpula cuando eligió como redactores de la ponencia marco del congreso a dirigentes sin un pie en la dirección actual.

Centrado en la economía, la pandemia y Catalunya y no en "rumores"

Tras conocerse este jueves por la noche la noticia sobre una eventual crisis de gobierno, publicada en EL PERIÓDICO y en otros medios, la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera, sí admitió en 'La noche en 24 horas' (TVE) que el presidente "está trabajando en cómo encarar la nueva etapa en la que estamos". "Le corresponde a él evaluar cómo, cuándo y con qué equipo quiere seguir gestionando esta nueva etapa", indicó.


La Moncloa tuvo que salir al paso para rebajar expectativas. En un comunicado, el Gobierno subrayó que el presidente está "centrado en la salida de la pandemia y en la superación de la crisis económica y la agenda del reencuentro con Catalunya". En ese marco encuadró dos "hitos importantes": que este viernes se alcanzará la cifra de 10 millones de vacunados con pauta completa -como ya anticipó Pedro Sánchez que ocurriría- y el visto bueno que recibirá de Bruselas el Plan de Recuperación en los próximos días.


En esos ejes, dijo la Moncloa, están "volcados" Sánchez y sus ministros, "y no en rumores o comentarios, que solo el presidente podría confirmar". La Secretaría de Estado de Comunicación concluye con una obviedad: que solo el jefe del Ejecutivo tiene la "prerrogativa" de formar o modificar su Gabinete, sin que nadie más que él lo pueda confirmar. Pero los motores de cambio ya se escuchan en el Gobierno y en el PSOE, aunque el líder pueda decidir pararlos en cualquier momento.