Comicios autonómicos

La campaña del 4-M agrava la desconexión entre el PSOE y la Moncloa

  • Las elecciones madrileñas evidencian el poder del círculo más próximo de Sánchez, capitaneado por Iván Redondo, en detrimento de las estructuras orgánicas y de la federación regional

  • El equipo del presidente busca el cuerpo a cuerpo con Ayuso, ha impuesto su criterio en las listas y ha diseñado una estrategia dirigida a los exvotantes de Cs que no acaba de despegar, según los sondeos

Pedro Sánchez y el candidato socialista madrileño, Ángel Gabilondo, el pasado 12 de abril en un acto de campaña en Ferraz.

Pedro Sánchez y el candidato socialista madrileño, Ángel Gabilondo, el pasado 12 de abril en un acto de campaña en Ferraz. / Europa Press

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Cuando se pregunta a importantes dirigentes del PSOE por la campaña de Ángel Gabilondo para las elecciones madrileñas del 4 de mayo, se encogen de hombros y dirigen su mirada a la Moncloa. Básicamente, se desentienden. “Pregunta allí”, dicen. Casi toda la estrategia socialista en estos comicios ha sido diseñada por dos de los colaboradores más cercanos a Pedro Sánchez en el Gobierno: Iván Redondo, su jefe de Gabinete, y Paco Salazar, director adjunto del Gabinete. Desde las listas electorales hasta los principales mensajes del aspirante, pasando por el rol del propio Sánchez, la campaña está dirigida por el equipo del jefe del Ejecutivo. 

Altos cargos socialistas dejan patente su malestar. No solo por haberles quitado sus atribuciones, difuminando por el camino la frontera entre el partido y el Gobierno, sino también por el diseño en sí mismo de una candidatura a la que las encuestas otorgan escasas opciones de hacerse con el poder. “Como esto no salga bien, que no va a salir bien, va a haber lío”, vaticinan en la sede del partido, en la madrileña calle de Ferraz. Aquí, los aspectos que más controversia suscitan.

El protagonismo de Sánchez

Desde que fue investida presidenta de la Comunidad de Madrid, y sobre todo a raíz de la pandemia del coronavirus, Isabel Díaz Ayuso ha hecho bandera del choque con el Gobierno central. La actitud de Sánchez ha sido aquí ambivalente. En ocasiones ha evitado entrar en esa guerra, pero ahora está volcado. El jefe del Ejecutivo tiene un enorme papel en estas elecciones autonómicas, mucho más que en otras citas recientes, como las vascas, gallegas y catalanas. Sánchez participa en cuantos mítines puede, y también ataca a Ayuso desde su puesto institucional. A principios de mes, durante una conversación informal con periodistas a bordo del avión presidencial dentro de su gira africana, Sánchez puso en duda los datos de contagios de Madrid

Una parte del PSOE teme que el presidente haya “mordido el anzuelo” de Ayuso, ayudando a colocar la campaña donde a ella le interesa, alimentando su victimismo y realzando su papel de azote del Ejecutivo, como si el 4-M fuese un plebiscito sobre Sánchez. Al mismo tiempo, en unas elecciones donde las expectativas son malas para los socialistas, alertan del riesgo de que quien sea percibido como gran derrotado, si el PP mantiene la autonomía, sea el presidente del Gobierno.

Desde la Moncloa, por el contrario, insisten en que “no se podía hacer otra cosa” distinta a la implicación máxima del líder del PSOE. No exponerse, argumentan, habría lanzado el mensaje de que daba estos comicios por perdidos. En el círculo del líder añaden que la suerte no está echada, que lo “importante” son los indecisos, una abultada bolsa, como recogen todas las encuestas. “Quedan muchos días y tradicionalmente los votantes de izquierda se movilizan muy al final de las campañas. Veremos”, indican.

Las listas electorales

El trasvase del Ejecutivo a las candidaturas del 4-M ha sido significativo. Empezando por Pablo Iglesias, que dejó la Vicepresidencia Segunda para convertirse en el aspirante de Unidas Podemos. En el bando del PSOE, dos secretarias de Estado, Hana Jalloul e Irene Lozano han dado el salto a los principales puestos de las listas, confeccionadas en gran parte por la Moncloa, ahondando en la impresión de que estos comicios van del Gobierno de la Comunidad de Madrid frente al Gobierno central. Sánchez también ha querido señalar el PSOE-M del futuro en las candidaturas, al situar a Jalloul, a Juan Lobato y Mónica Carazo —números dos, cuatro y seis— como valores emergentes. En la sala de máquinas del Ejecutivo también se buscó la incorporación de Daniel Fuentes, director general de Información Económica, pero se desestimó por no estar empadronado en Madrid, movimiento que facilitó el ascenso de Lobato, exalcalde de Soto del Real y a quien en el partido ven como potencial relevo del actual secretario regional, José Manuel Franco, exdelegado del Gobierno y actual presidente del Consejo Superior de Deportes.

Y después está Reyes Maroto. La semana pasada, los socialistas anunciaron que la titular de Industria, Comercio y Turismo se convertiría en la vicepresidenta económica en la autonomía si Gabilondo lograba ser investido. El movimiento pretendía reforzar su candidatura, señalarla para el futuro y sentarla en el escuálido banquillo de referentes de la federación madrileña. Pero también, alertan en el PSOE, lanza la idea de que Sánchez considera prescindible a la ministra, algo que contribuirá a su desgaste si finalmente, como indican casi todas las encuestas, Gabilondo, aunque vencedor en las urnas en 2019, vuelve a fracasar, por tercera vez, en su intento de gobernar Madrid. 

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El espejo catalán

Los colaboradores más estrechos de Sánchez tuvieron un papel fundamental en las recientes elecciones catalanas. El aspirante del PSC, Salvador Illa, protagonizó una campaña basada en la moderación, intentando atraer a los antiguos simpatizantes de Cs, ahora en estampida. Aquello salió bien: los socialistas catalanes ganaron en votos y empataron en escaños con ERC.

Con Gabilondo el objetivo es similar. Pero en Ferraz advierten de que el electorado que apoyó a los naranjas en las últimas convocatorias en Madrid es “mucho más conservador” que el de Catalunya, y se aferran a los sondeos para concluir que la estrategia no termina de funcionar, porque los exvotantes de Cs están saltando en masa al PP. De ahí que tampoco entiendan algunos de los mensajes y propuestas de Gabilondo. En la Moncloa, sin embargo, no creen que haya sido un "error" dirigir la estrategia hacia esos electores desencantados con Cs. "Tiene que ser un elemento más de campaña", justifican.

Las medidas

En su afán por atraer votos de centro, el aspirante ha llevado a cabo anuncios sorprendentes. Por ejemplo, rechazar un acuerdo con Podemos, por el “extremismo” de su candidato. “Con este Iglesias, no”, dijo a finales de marzo. La declaración de intenciones casa mal con lo que ha hecho el PSOE en el Ejecutivo, donde gobierna en coalición con la fuerza morada, y además, se quejan dirigentes socialistas, resulta “inverosímil, porque si la izquierda suma habrá que pactar sí o sí con Podemos”. 

Gabilondo se ha comprometido a “no tocar la fiscalidad”. Sánchez, en cambio, ha defendido subir los impuestos a las rentas más altas y las grandes empresas. Hacienda, de hecho, ya trabaja en un proyecto para hacer la tributación más progresiva. El Ejecutivo, asimismo, pactó el año pasado con ERC, a cambio de su apoyo a los Presupuestos, una reforma que obligaría a Madrid a subir los tipos. En el flanco sanitario, el candidato socialista defendió, en una reciente entrevista en ‘La Razón’, que la hostelería madrileña haya permanecido abierta durante casi toda la pandemia, respaldando en parte a Ayuso, en contra de los criterios del Ministerio de Sanidad en los momentos más críticos de esta crisis.