Nuevo vuelco en el tablero

Iglesias deja el Gobierno y cambia sus piezas

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

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Juan Ruiz Sierra
Juan Ruiz Sierra

Periodista

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Lo único seguro en la política española es que no hay que dar nunca nada por seguro. En solo cinco días, el anuncio de una moción de censura del PSOE y Cs para desalojar al PP de la Región de Murcia, una autonomía pequeña, uniprovincial, que tradicionalmente había tenido escasa influencia sobre el resto de España, ha alterado por completo el escenario. Isabel Díaz Ayuso, la presidenta conservadora de Madrid, aprovechó esa iniciativa para romper su coalición con los naranjas y adelantar las elecciones. El PP logró reventar la moción murciana al atraerse a tres parlamentarios autonómicos de Cs, que se convirtieron en tránsfugas. Y ante todos estos movimientos, Pablo Iglesias decidió participar también, anunciando este lunes que dejaría su puesto como vicepresidente segundo para convertirse en el aspirante de Podemos en Madrid, donde su partido se exponía a quedarse sin representación, emplazando a Más Madrid a colocarse detrás de su candidatura, señalando a Yolanda Díaz como su sustituta en el Ejecutivo y el partido y forzando a Pedro Sánchez a una nueva crisis de Gobierno. 

El presidente podría haber añadido un ingrediente más a esta ceremonia de inestabilidad, pero aceptó lo que le venía dado. Tampoco es que tuviese mucho margen, aunque, de nuevo, aquí nunca hay que dar nada por seguro. Según el acuerdo de coalición con el PSOE, a Podemos le corresponden cinco ministerios. Iglesias, esta vez cuidadoso en las formas, explicó en el vídeo que anunció su salida del Gobierno que había “propuesto” a Díaz, titular de Trabajo, como vicepresidenta segunda, y a Ione Belarra, hasta ahora secretaria de Estado para la Agenda 2030, como ministra de Asuntos Sociales.

Díaz compatibilizará en principio la vicepresidencia segunda con el Ministerio de Trabajo, pero Sánchez evita confirmarlo

Dentro de una maniobra gestada por muy pocos dentro de Podemos, el jefe del Ejecutivo no supo nada hasta este lunes por la mañana. Recibió una llamada de Iglesias poco antes de que este diera la noticia. Sánchez estaba en Montauban (Francia), participando en una cumbre hispano-francesa. Después, en una breve comparecencia, avaló las propuestas de Iglesias. “Díaz cuenta con todo mi apoyo. Está haciendo un extraordinario trabajo. Yo cumplo con los acuerdos de coalición. En el reparto hay una vicepresidencia segunda que representa Unidas Podemos. No va a haber ningún tipo de problema”, dijo.

Lo que no aclaró el líder del PSOE es si Díaz continuará al frente de la cartera de Trabajo, compatibilizándola con la vicepresidencia segunda. La ministra tiene muy buena relación con Sánchez, y un perfil menos áspero que el de Iglesias, pero ha protagonizado fuertes enfrentamientos con la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, a cuenta de las pensiones y la reforma laboral. La propia Díaz aseguró en Twitter que mantendría su cargo actual. Sin embargo, fuentes de la Moncloa no lo confirmaron por completo. Así que en principio será ministra y vicepresidenta, pero, otra vez, aquí no hay que dar nada por seguro. 

La candidatura de Iglesias en Madrid provoca visiones enfrentadas entre los ministros socialistas, que se enteraron por los medios 

Mientras tanto, la parte socialista del Gobierno se enteró del nuevo vuelco por los medios. Hubo desconcierto y visiones enfrentadas. “Iglesias puede provocar que todo el voto de derechas se una en torno a Ayuso y darle la mayoría absoluta”, anticipó una ministra. “Su salida no causará inestabilidad. Le dará un protagonismo que no tenía y llenará el vacío de Podemos en Madrid”, argumentó otro ministro.  

Las repercusiones

La Comunidad de Madrid, en cualquier caso, condicionará el resto de la legislatura. El PP se juega su principal baluarte. Si lo pierde, Pablo Casado estará en una posición aún más comprometida. Y si lo mantiene, su giro al centro se verá en entredicho, porque Díaz Ayuso necesitará pactar con Vox, y quizá tenga incluso que hacer un hueco en el Ejecutivo autonómico a la ultraderecha, a menos que logre una mayoría absoluta que, de momento, no anticipan las encuestas.

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La salida de Iglesias del Gobierno se entiende, sobre todo, en clave madrileña. Podemos nació en Madrid y llegó a gobernar la capital, pero ahora se exponía a quedarse fuera de su Asamblea. En las últimas elecciones, hace dos años, entró por muy poco. Las expectativas eran malas. Así que Iglesias, informa Miguel Ángel Rodríguez, decidió dar un golpe en el tablero, convencido de que un Podemos muy débil o inexistente en la comunidad lastraría las opciones moradas en todo el país. Y al mismo tiempo, ungiendo a Díaz como próxima aspirante en unas generales, diseñó su sucesión a escala estatal.

Y luego está el PSOE. Sin conocer el salto de Iglesias, los socialistas confirmaron este lunes a Ángel Gabilondo como candidato. El exministro de Educación no concita excesivo entusiasmo en algunos dirigentes del partido, debido a su estilo pausado. Pero en la dirección del PSOE creen que esa, cuando la ciudadanía pide acuerdos frente a la pandemia, es su principal virtud. Sánchez aún podría forzar un cambio de última hora, al estilo del que llevó a cabo en Catalunya con Miquel Iceta y Salvador Illa, que motivó la anterior crisis de Gobierno. Pero tiene un margen muy escaso. Aun así, hay que insistir: aquí no se pueda dar nada por seguro.