El balance de la gira báltica del jefe del Ejecutivo

Apoyo en el este frente a Rusia, pero respaldo en la frontera sur

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reacciona, durante su comparecencia con el presidente de Lituania, Gitanas Nauséda, tras ser advertido de un aviso ’Alpha Scramble’, el pasado 8 de julio en la base militar de la OTAN de Šiauliai.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reacciona, durante su comparecencia con el presidente de Lituania, Gitanas Nauséda, tras ser advertido de un aviso ’Alpha Scramble’, el pasado 8 de julio en la base militar de la OTAN de Šiauliai. / EFE / VALDA KALNINA

  • Sánchez pone en valor que España es un socio "fiable" de la OTAN para recabar la ayuda de Estonia, Letonia y Lituania en el frente con Magreb o el Sahel

  • El presidente defiende la importancia de una UE "unida" ante las amenazas de Moscú, "contundente" frente a sus ataques y dialogante en los grandes asuntos globales

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

Especialista en información de Gobierno y PSOE.

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Con los indultos aún pesando a diario sobre la actualidad política y con el horizonte de la reanudación de los trabajos de la mesa de diálogo para septiembre, era previsible que Catalunya colonizase las comparecencias de Pedro Sánchez durante su gira de tres días por los países bálticos. No porque el presidente del Gobierno lo mentara en su intervención inicial, pero sí en sus respuestas a la prensa, condicionadas por lo que ocurría en España –creación de un fondo de 10 millones para cubrir las fianzas de ex altos cargos de la Generalitat impuestas por el Tribunal de Cuentas- o incluso en Bélgica –el encuentro en Waterloo de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont después de cuatro años-. Pero Catalunya no fue, en absoluto, el eje de las conversaciones del jefe del Ejecutivo con sus homólogos de Estonia, Letonia y Lituania. Los tres países, pequeños (de una población inferior a los dos millones de habitantes los dos primeros y de 2,7 millones el último) y fronterizos con Rusia, se sienten muy amenazados por Moscú. El presidente les garantizó el apoyo en la vecindad oriental, y al mismo tiempo buscó respaldo en ellos para proteger la frontera sur, la que España tiene no solo con Marruecos, sino todo el Magreb y el Sahel. Ese era el objetivo de su corta gira, que tenía como contexto la conmemoración del centenario de establecimiento de relaciones diplomáticas con España una vez ganaron su independencia.

Precisamente la mejor visualización de la ayuda de España a las tres exrepúblicas soviéticas se produjo en la última jornada de trabajo de Sánchez. A primera hora del jueves, voló con su delegación y con la prensa que le acompañaba en el viaje desde Riga hasta la base militar de la OTAN en Šiauliai, Lituania. Allí tenía previsto asistir a un ejercicio de reacción rápida después de una breve declaración institucional con el presidente del país, Gitanas Nauséda. Un simulacro.

La mejor visualización del aporte español a la OTAN en los bálticos se vio con el aviso real de dos cazas rusos ante el que respondieron dos Eurofighter

Pero lo que ocurrió fue una amenaza real, un 'Alpha Scramble', retransmitida en directo ante las cámaras de televisión que estaban ofreciendo la comparecencia conjunta. Apenas arrancado el discurso de Nauséda, un grupo de militares entró corriendo en los hangares gemelos donde estaban aparcados dos Eurofighter del Ala 14 del Ejército del Aire para ponerlos en marcha. “¡Es un Alpha, es un Alpha!”, voceó uno de los pilotos. Todo se tuvo que parar en ese instante. Se retiraron los atriles y las banderas, se evacuó a los dos presidentes y a sus equipos, a las tropas y a la prensa. Los controladores militares habían detectado dos aviones rusos SU-24s sobrevolando el mar Báltico y que se dirigían hacia el noreste. No tenían plan de vuelo, ni el transpondedor encendido, ni contactaron con las torres de control.

Los dos Eurofighter despegaron en 12 minutos –tres menos del tiempo máximo de que disponen para alzar el vuelo- para identificar las dos aeronaves. No era una maniobra extraña. Son operaciones “relativamente frecuentes” por parte de Rusia, que busca provocar –y gusta hacerlo cuando hay autoridades de visita- y medir la capacidad de reacción de los aliados. Valga un dato: hacía 18 días que no se habían registrado incursiones. "Hoy se ha visto el buen hacer de las Fuerzas Armadas y su compromiso con la integridad territorial de Lituania. Hemos sido testigos de un caso real", se congratuló Sánchez en su rueda de prensa posterior con la 'premier' lituana.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la primera ministra de Lituania, Ingrida Šimonytė, durante su comparecencia conjunta en la capital del país, Vilna, el pasado 8 de julio. 

/ GOBIERNO DE LITUANIA

"Defender y disuadir"

Los tres primeros ministros agradecen al presidente la implicación y solidaridad de España y muestran sintonía en los grandes debates de la UE

España, con 138 efectivos, está al mando de la base de Šiauliai desde el pasado 1 de mayo hasta el 31 de agosto, cuando será relevada por Dinamarca, y aporta siete Eurofighter del Ala 14 con base en Los Llanos (Albacete). Los miembros de la OTAN se van rotando por periodos de cuatro meses para proteger el espacio aéreo báltico -los tres países no disponen de unas Fuerzas Aéreas de combate que les permita vigilar su territorio frente a Moscú-, en una operación que nació en 2004 tras el ingreso de Estonia, Letonia y Lituania en la Alianza.

Pero España no está solo presente militarmente en Šiauliai. El día anterior, el miércoles, Sánchez visitó la base de Ādaži, en Letonia. También, por cierto, bajo un sol intenso. Allí están destacados más de 300 efectivos, con carros de combate Leopardo 2E, vehículos de infantería Pizarro, el transporte oruga acorazado M-113, morteros pesados, vehículos de zapadores y misiles contracarro Spike. España, subrayó Sánchez en los dos países, quiere asentarse como un socio "serio, fiable y comprometido" de la OTAN, y aunque el gasto en Defensa sea inferior al 2% del PIB al que se comprometieron los aliados, es "el séptimo país" de los 30 miembros de la Alianza por número de efectivos, por gasto en defensa y por aportación a la OTAN, y el quinto por su contribución a sus operaciones, con casi mil militares.

La 'Operación Letonia' se lanzó tras la Cumbre de Varsovia de 2016, ante la necesidad de estabilizar la zona tras la anexión de Crimea por Rusia dos años antes. La misión es "defender y disuadir", como explicaban fuentes gubernamentales. Desarrollar una Presencia Avanzada Reforzada (eFP) que garantice la paz en la zona y frene las ambiciones de Moscú, que sabe que si ataca su frontera noroccidental no sitúa en la diana solo a los tres pequeños países bálticos, sino a toda la Alianza. "Y eso Rusia lo sabe, y por eso no va a jugar a ese juego". Sus amenazas no se traducen solo en incursiones aéreas o en provocaciones: también usa las llamadas "estrategias híbridas", como la desinformación o los ciberataques.

Moscú sí estuvo muy presente en la gira báltica de Sánchez. Los tres primeros ministros, Kaja Kallas (Estonia), Arturs Krišjānis Kariņš (Letonia) e Ingrida Šimonytė (Lituania) agradecieron la implicación y solidaridad de España en la defensa de la frontera este frente a la presión rusa y también mostraron su conexión con Madrid en los grandes debates de la UE (transición ecológica y transformación digital, inyección de los fondos europeos).

Pedro Sánchez y la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, el pasado 6 de julio en Stenbock House, la sede del Ejecutivo del país, en Tallin, la capital.

/ GOBIERNO DE ESTONIA

Relaciones "coordinadas"

Sánchez lanza un aviso a Moscú y a Minsk al reunirse con la líder opositora bielorrusa y defender el "compromiso con la libertad"

El presidente, de hecho, fue preguntado por los periodistas bálticos, en las tres jornadas de trabajo, por la mirada de España hacia Rusia. Un tema, además, que ya fue objeto de deliberación en el último Consejo Europeo, el 24 y 25 de junio pasados. Sánchez se aferró a la posición común y al informe del alto representante en política exterior, el español Josep Borrell. Remarcó la importancia de que la UE esté "unida" en su respuesta frente al Kremlin. Madrid defiende una doble vía, tanto en la Unión como en la OTAN. De un lado, ser "contundentes y resilientes ante cualquier ataque al Derecho Internacional, a los derechos humanos y a nuestras democracias". Y, de otro, abrir "espacios de diálogo para cuestiones globales", como la lucha contra el cambio climático. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la cancillera alemana, Angela Merkel, propusieron retomar el diálogo con Moscú al máximo nivel, pero su posición más tibia fue frenada por los líderes. Lo que pretenden los bálticos, continuaban desde el equipo del líder socialista en la Moncloa, es "que las relaciones con Moscú estén coordinadas, que haya un mensaje único, que no vaya cada país por libre, porque el Kremlin intenta dividir".

España, pues, subraya su ayuda en el este. Frente a Rusia y también frente a Bielorrusia, gobernada con mano de hierro desde 1994 por Alexandr Lukashenko. Las elecciones de 2020, que le dieron un sexto mandato, no fueron reconocidas por la UE, pero la tensión fue a más cuando hizo aterrizar el pasado diciembre en Minsk un avión comercial que cubría el trayecto entre Grecia y Lituania y en el que viajaba uno de los opositores del régimen, el bloguero Roman Protasevich, al que detuvo.

Pedro Sánchez charla con los periodistas que le acompañaron en su viaje por la gira báltica, el pasado 7 de julio en Riga, la capital de Letonia.

/ CARMEN DE LAS MUELAS

La primera ministra lituana defendió una respuesta contundente de la UE contra un régimen "cada vez más agresivo", que ya no puede "engañar" a nadie más. Pidió la liberación de los "presos políticos" y unas elecciones libres.

Sánchez, que apoya las sanciones contra Minsk, respaldó las palabras de su homóloga y enfatizó su posterior encuentro con la líder opositora bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya -con la que él no pudo reunirse en Madrid en diciembre por tener que cumplir cuarentena por covid-, como una prueba del "compromiso de España con la democracia y la libertad de su pueblo", del llamamiento al "cese de la violencia" del régimen de Lukashenko, a la liberación de las "personas arbitrariamente encarceladas" y a la depuración de responsabilidades por las "graves violaciones de derechos humanos". La entrevista con la dirigente era todo un aviso a Moscú y a Minsk.

Pedro Sánchez, junto al primer ministro de Letonia, Arturs Krišjānis Kariņš, durante su visita a la base militar de la OTAN en Ādaži, el pasado 7 de julio. 

/ EFE / VALDA KALNINA

Sánchez ofreció apoyo, pero también buscó reciprocidad. En su discurso a las tropas en Ādaži reclamó una "OTAN 360, que atienda a todos los desafíos, a todas las amenazas a nuestra seguridad allá donde se originan y se expanden". Como indicaban fuentes del Ejecutivo, esa vieja idea de la Alianza que consideraba el este como un frente -el telón de acero con la antigua URSS- y el norte y el sur meros "flancos" se desmoronó con la cumbre de Gales de 2014.

Con la crisis de gobierno todavía en el aire

El mensaje de Sánchez a sus homólogos era un 'vengo a ayudar, pero nos tienes que ayudar también', explican desde el Gobierno

Ahora el problema, vino a subrayar a sus homólogos, también es la vecindad sur. Marruecos, con quien Madrid mantiene un pulso aún irresuelto, pero también el resto del Magreb, el África subsahariana y el Sahel. Por la cuestión migratoria y por la amenaza terrorista. "El mensaje es algo así como 'valora que yo esté aquí, pero no olvides que yo tengo un frente, que no un flanco, en el sur'. Es un 'vengo a ayudar, pero nos tienes que ayudar también", argumentaban desde el equipo de Sánchez.

En definitiva, el Gobierno quiere que Tallin, Riga y Vilna "tengan en cuenta que igual que importa a España la vecindad oriental ellos tengan en cuenta la vecindad sur". España toma como base el 'non paper' (borrador de trabajo) sobre un nuevo pacto migratorio que impulsó junto a Italia el pasado noviembre, ya que es una cuestión que también afecta a los bálticos, como le está ocurriendo a Lituania, que recibe migrantes desde Bielorrusia tras la imposición de nuevas sanciones de la UE.

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Pedro Sánchez, durante su reunión con la leyenda del baloncesto Arvydas Sabonis, el pasado 8 de julio en Vilna, la capital lituana. 

/ GOBIERNO DE LITUANIA

Al término de una gira intensa, con cinco vuelos en tres días y múltiples reuniones y almuerzos y cenas oficiales, Sánchez pudo encontrarse apenas unos minutos con uno de sus ídolos de juventud, el exjugador del Real Madrid y presidente de la Federación Lituana de Baloncesto, Arvydas Sabonis. Detrás dejaba palabras de Rusia, de Catalunya (con foto de la estelada no prevista en el guion), de la carne y la pugna entre los ministros Luis Planas y Alberto Garzón… y pocas, o casi ninguna, sobre la futura crisis de gobierno y el papel de su escudera, Carmen Calvo. Ese será el siguiente capítulo. Presumiblemente tras otra gira internacional, la de Estados Unidos a finales de este mes. Aunque con Sánchez nunca se sabe.