25 may 2020

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Salvador Illa, la receta discreta y prudente contra el coronavirus

La pandemia pone bajo los focos al prudente ministro de Sanidad

Destacan de él tanto su capacidad de diálogo como "de tomar decisiones a contracorriente"

Roger Pascual

El ministro de Sanidad, Salvador Illa. 

El ministro de Sanidad, Salvador Illa.  / David Castro

Cuando a Salvador Illa le eligieron como ministro de Sanidad hace un par de meses parecía que le había tocado una de las carteras menos complejas. Con las competencias sanitarias derivadas a las autonomías, las tareas que esperaban al secretario de organización del PSC eran básicamente de coordinación y gestión con las empresas farmacéuticas. Un trabajo mediáticamente alejado de los grandes focos que el 'procés' había puesto en Interior, Justicia y Exteriores, departamentos que se atisbaban de más peliagudos en esta legislatura, en la que se escrutaría también con especial atención al vicepresidente Pablo Iglesias y a los ministros morados. Pero la irrupción inesperada del coronavirus barrió de un plumazo el tablero político y situó a este hombre discreto bajo todas las miradas y, desde el sábado, toda la sanidad autonómica, privada y militar bajo su control.

"Es la persona ideal para una circunstancias como estas: muy serio, riguroso, discreto, buen gestor público, con capacidad para llegar a acuerdos pero también para tomar decisiones", explican desde las filas socialistas. Ponen como ejemplo lo que hizo con la construcción del 'outlet' de La Roca del Vallès cuando era alcalde de esta población de apenas 10.000 habitantes. "Había gente que no lo veía claro pero el decidió tirar adelante. En temas delicados hay gente que se deja llevar por la búsqueda de equilibrios pero él es capaz de tomar decisiones a contracorriente". La jugada entonces le salió bien ya que este macrocomplejo, inaugurado en 1998, recibe más visitas de turistas que la Sagrada Familia. Quién le iba a decir entonces que, dos décadas después, estaría en el Consejo de Ministros que decretaría el cierre temporal de macrocomplejos como ese. 

Negociador de la investidura

Persona de la más estrecha confianza de Miquel Iceta, ya saltó a la primera plana de la política española por su papel destacado en las negociaciones de la investidura con ERC. La discreción, disciplina y capacidad de diálogo exhibidas convencieron a Sánchez por apostar por él como relevo de María Luisa Carcedo. Aunque no tenía experiencia en el ámbito sanitario (antes del master acelerado de estos días), este licenciado en filosofía de aparente estoicismo añadía la capacidad de gestión como alcalde de la Roca del Vallès (donde estuvo 10 años), director general de Gestión de Infraestructuras del Departamento de Justicia de la Generalitat y director del área de Gestión Económica del Ayuntamiento de Barcelona. 

Como José Luis Ábalos en el PSOE, Illa compatibiliza la secretaría de organización del partido con el ministerio. Un cargo al que llegó en el 2016, de madrugada y casi en el último momento tras un difícil juego de equilibrios en la confección de la ejecutiva, encallada precisamente en esa pieza estratégica. Desde entonces se ganó la confianza de Iceta, convirtiéndose en su fiel escudero, y este recompensó en el congreso del PSC del pasado diciembre su disciplina y capacidad de trabajo entre bambalinas reforzándole en su cargo y añadiéndole el de Acció Electoral. Desde las elecciones catalanas del 21-D del 2017, las que marcaron el inicio del resurgir socialista en las urnas después de una larga travesía del desierto, había sido el jefe de campaña del PSC. La mesa de negociación de la investidura con ERC se convertiría en su trampolín al Consejo de Ministros.

"Lo está llevando bien", comentan desde su entorno cercano. "No busca el protagonismo y deja que cuando se precisa una explicación más médica lo diga la gente que sabe con él lado, sin una palabra de más, dando imagen de seriedad y eficacia". Ahora, con Quim Torra clamando contra la invasión de competencias, Illa tendrá que volver a exhibir su capacidad de negociación había exhibido de tejer acuerdos como el de la Diputació con JxCat. "Es una persona con sensibilidad autonomista pero consciente de ante una crisis tan importante que tiene que haber alguien al final de la cadena de mando. No se trata de quitar competencias. Sino que unos por los otros las decisiones no se tomen", explican fuentes socialistas. 

Político prudente, alejado de los titulares estridentes, de las polémicas tuiteras y reservado con su vida privada, ha mantenido este mismo talante durante la crisis. Cuando haya ganado la carrera al coronavirus, podrá volver a correr por la Roca del Vallès y ayudar en el huerto familiar, dos de sus autorecetas para combatir el estrés.