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SEXTA JORNADA DE MOVILIZACIONES

Tensa tregua en una noche de resistencia pacífica

Manifestantes frenan a los radicales evitando disturbios en Via Laietana

Roger Pascual Guillem Sànchez

Manifestantes en la concentración de la plaza de Urquinaona, el sábado pasado.

Manifestantes en la concentración de la plaza de Urquinaona, el sábado pasado. / MANU MITRU

Después de que el viernes se confirmaran todos los pronósticos y fuera la jornada con más incidentes, el sábado se presentaba como el día de inflexión. Si se continuaba el nivel de disturbios, sería señal de que se podía mantener con fuerza más allá de esta semana. Si no, que el vandalismo podía remitir.
Tras cinco días, esta vez había manifestantes que frenaban los conatos vandálicos de los radicales. Volvieron a haber protestas, pero menos que en los días previos y sin apenas disturbios. El conflicto fue menor en la calle que en el terreno político, con los reproches entre ERC y Junts per Catalunya.

A diferencia de lo ocurrido en los días anteriores, la noche llegó sin que estuviera iluminada por el fuego de contenedores ardiendo. La Via Laietana y sus alrededores no se parecerían en nada al escenario dantesco vivido en la jornada previa. Los agentes registraron las mochilas de los que accedían a la plaza de Urquinaona para participar en la concentración organizada por los CDR –y que esta vez secundó la ANC–, en busca de objetos de guerrilla urbana. Antes de que empezara la marcha se produjeron momentos de tensión, cuando algunos agentes golpearon a manifestantes sentados en el suelo. Pero apenas fue una chispa comparado con el incendio del día anterior en ese campo de batalla en el que a las barricadas ardiendo, los cohetes y la lluvia de adoquines, botellas, tuercas y canicas de los manifestantes, el dispositivo policial respondía con botes de gas lacrimógeno, balas de foam (de los Mossos) y de goma (de la Policía Nacional).

La marcha convocada por los CDR discurrió entre consignas contra los Mossos y la sentencia, solo interrumpidas por la ovación a una pareja de recién casados. La comitiva terminó en el paseo de Lluís Companys, ante el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC), donde se produjo hace dos años una gran concentración para protestar contra los registros en la que se reunieron 20.000 personas. Este sábado no había ni la mitad (6.000 según la Guàrdia Urbana), aunque el tono era igual de pacífico y reivindicativo como el de aquel 21 de septiembre del 2017. En aquella concentración intervino Jordi Cuixart, líder de Òmnium, un día después de la protesta que a él y Jordi Sànchez les costó nueve años de prisión.


El espíritu de Cuixart y su resistencia pacífica pareció haber salido de la cárcel para volver de nuevo a las puertas del TSJC (donde lo más significativo fue la pitada que se llevó Gabriel Rufián en su breve aparición) pero, sobre todo, a la Via Laietana. Allí, por la noche, ante el lanzamiento de objetos y botellas contra cordón de la Policía Nacional ante su comisaría, manifestantes situados en primera linea reaccionaron levantando las manos para pedir que se detuvieran (como hizo Cuixart ante la Conselleria d’Economia).  Los más mayores intentaban calmar los ánimos de los más jóvenes, incluso cuando un provocador antiindependentista intentó hacer saltar la mecha del conflicto.

Los hechos más reseñables se habían producido en una marcha lenta en la avenida Meridiana y una barricada encendida por personas en la calle de Ausiàs Marc, junto a la plaza de Urquinaona, a las 22.30 horas, a una hora en la que habían terminado los disturbios en la jornada previa. A medianoche, los Mossos intentaron dispersar al un grupo de jóvenes exaltados que había provocado la barricada de Urquinaona, muchos de los cuales daban síntomas de haber bebido y que esperaban a este momento. Este reducido grupo se desplazaría después al principio de la Rambla, donde también provocaron algunos destrozos. Los disturbios por la sentencia parecen haber atraído a un determinado grupo de adolescentes que han convertido esta protesta política en un entretenimiento.