Ir a contenido

El PSOE ofrece a Podemos Vivienda, Juventud y una vicepresidencia simbólica

Los morados lo creen irrespetuoso, las negociaciones encallan y los líderes se enfrentan con dureza

Gemma Robles

Pablo Iglesias y Jaume Asens consultan sus móviles en el segundo día del debate de investidura de Pedro Sánchez.

Pablo Iglesias y Jaume Asens consultan sus móviles en el segundo día del debate de investidura de Pedro Sánchez. / DAVID CASTRO

Primera jornada del Pleno de investidura en que Pedro Sánchez trata de hacerse con la presidencia. Dinamita parlamentaria en el ‘cara a cara’ que el jefe del Ejecutivo en funciones y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, mantuvieron ante un atentísimo y silente hemiciclo y frente a millones de españoles que seguían el debate por los medios de comunicación o las redes sociales. Ambos protagonizaron una riña de Estado que, sin duda, pasará a formar parte de la historia del parlamentarismo español con el aliciente de que, por increíble que parezca, llegó cuando supuestamente la negociación entre sus respectivos partidos para formar un gobierno de coalición estaba encallada, pero viva. Hipotéticamente, lo sigue estando, según socialistas y morados. Ninguno quiere tirar la toalla, pese al ambiente viciado y pesimista. El PSOE ha ofrecido a los podemistas una vicepresidencia "simbólica y sin contenido" y dos ministerios que ahora no existen, el de Juventud y Vivienda, según ha podido saber EL PERIÓDICO de fuentes negociadoras.

La oferta se concretó en la tarde-noche del domingo. No gustó a los de Iglesias. Se consideró una tomadura de pelo que no les garantiza ejecutar políticas verdaderamente de izquierdas con contenido y presupuesto. Los de Ferraz la creen más que suficiente, informan Juan Ruiz Sierra y Miguel Ángel Rodríguez. En Podemos se subraya que son áreas cuyas competencias estarían más que limitadas por ser compartidas con otras Administraciones y que no responde a un reparto justo y respetuoso con el número de escaños, 42, que sumarían a los 123 de los socialistas. Ni Sánchez ni el líder morado quisieron desvelar esta propuesta en la tribuna, precisamente la que había provocado el bloqueo de las conversaciones antes de que comenzara el Pleno, pero estuvo presente en el fuego cruzado de sus discursos.

"Respeten a nuestros 3,7 millones de votantes y no nos propongan ser un mero decorado en su Gobierno, porque no lo aceptaremos", avisó el jefe podemista, que dice olerse que en realidad se buscan nuevos comicios. "Hemos hecho una oferta generosa, no es decorativa. Espero que ustedes la acepten porque de lo contrario podemos estar abocados a una repetición electoral", replicó el secretario general del PSOE, dando a entender que no está dispuesto a ir mucho más allá. En todo caso, Sánchez instó a su interlocutor a que reflexione antes de votar a su investidura "no" y "junto a la ultraderecha" en caso de que se rompan definitivamente las negociaciones.

¿Dos pasos atrás?

Según explicó el socialista, aún cabe dar dos pasos atrás con la coalición –que nunca ha querido-y buscar un pacto progresista de investidura o legislatura que conlleve apoyo o como mínimo, abstención. Iglesias, que ya ha renunciado a ser ministro (gesto que el presidente en funciones le agradeció públicamente) no parece estar para muchas más cesiones. Especialmente después de haber oído a Sánchez pedir hasta la saciedad a PP y Cs, sin éxito, que se abstuvieran para permitirle gobernar y defender una reforma Constitucional que evite en el futuro el bloqueo. "Somos una fuerza política joven y modesta pero nos vamos a dejar humillar ni pisar […]. Tengo la impresión de que si no hay coalición y usted convoca elecciones no será presidente nunca", replicó un Iglesias tan enfadado como, en esta ocasión, comedido en las formas.

Se intuía que el debate entre ambos sería rocoso, pero imposible pensar que tan transparente. Tan tenso. Tan intenso. Tan impredecible en sus consecuencias para ambos dirigentes, para sus organizaciones, para el futuro de España y de los españoles que, en estos momentos, no pueden descartar volver a las urnas el próximo 10 de noviembre si Sánchez no logra cuadrar un círculo por la derecha o por la izquierda, por el constitucionalismo o el independentismo, por activa o por pasiva, que se le resiste. No cambió el escenario su larguísimo discurso trufado de propuestas y ofertas de Pacto de Estado de Sánchez en el que, inicialmente, ni mencionó a Catalunya específicamente (sorpresa en las bancadas indepes, decoradas con flores amarillas en homenaje a los presos, y en los escaños naranjas y azules) ni ofreció ningún cariño a los morados que se supone pretende seducir.

Ministro Abascal y aviso de JxCat

En este contexto el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, avisó de que el espectáculo visto en el hemiciclo este lunes "no ayuda" a ser optimista. "Lo mejor que puede pasar es que todos se vayan a dormir, reflexionen y se acuerden de [Santiago] Abascal en la tribuna –que se estrenó en esta jornada con un discurso extremo que a nadie pasó inadvertido- y piensen que puede llegar a ser ministro si hay elecciones", resaltó. Nada dijo del voto de su grupo que, de momento, sigue proclive a la abstención. Otra cosa es JxCat: Jordi Turull y Josep Rull tuitearon anoche a favor del 'no', visto el debate y analizado el mensaje lanzado sobre la crisis catalana.

Desde el centro derecha tampoco le llovieron alegrías a Sánchez. Ni Pablo Casado ni Albert Rivera atenderán su demanda de que se abstengan para permitir un Gobierno. El líder popular, que tiró de humor, exhibió cintura y abandonó los exabruptos de jornadas de antaño, confirmó al aspirante que mantiene su intención de firmar con él Pactos de Estado, pero hasta ahí. Y le reprochó entre sonrisas sus"exigencias"y "tono de coacción" para pedirle un voto que no llegará. Otra cosa fue Rivera, agresivo a ratos con el socialista, su "plan" y su "banda" para someter España, aseveró, a los deseos secesionistas y batasunos. "Lo decente es oponerse al Plan Sánchez… voy a votar que no con las dos manos", espetó el naranja. El apirante le respondió que tomaba nota.