TRANSICIÓN de los socialistas catalanes

El ejército rojo se acuartela

Los generales que ayer fueron capitanes diseñan cómo cederán el mando en el PSC

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NEUS TOMÀS
BARCELONA

Los despachos situados en la cuarta planta de la sede del PSC son el cuartel donde el Estado Mayor de los socialistas catalanes ha pergeñado la estrategia del partido en los últimos 16 años, desde el congreso de Sitges en el que el movimiento de los llamados capitanes descabezó a la cúpula obiolista. Tres de esos hombres ascendieron a generales -José Montilla, José Zaragoza y Miquel Iceta-, y durante este tiempo han aplicado la máxima militar que asegura que la fortaleza de un ejército estriba en la disciplina rigurosa y la obediencia inflexible a los oficiales. Es lo que Iceta resume coloquialmente como moral de victoria y fe ciega en el mando. Pero hoy, con la moral por el suelo, solo queda la fe en la jefatura. Tras la derrota de las autonómicas, los generales han decidido, antes de pasar a la reserva, acuartelar a la tropa para decidir quiénes y cómo regresan al campo de batalla.

Montilla ya ha anunciado que se irá después del congreso previsto para el próximo octubre, y se da por hecho que la renovación supone también que Zaragoza e Iceta seguirán su ejemplo, aunque ninguno de los dos lo ha admitido, al menos públicamente. Otra cosa es, como se ha evidenciado en los 10 días transcurridos desde el 28-N, que los tres generales aspiren a pilotar la transición. Confían en controlar los motines que puedan ir surgiendo en los próximos meses e impedir que el malestar de un sector del partido acabe dando lugar a una rebelión. Albergan además la esperanza de que los oficiales díscolos -Antoni Castells, Montserrat Tura, Ernest Maragall y, con matices, Marina Geli- asuman que también ellos deben dejar paso a otros dirigentes que se responsabilicen del futuro socialista. Alcaldes como Àngel Ros (Lleida), Pere Navarro (Terrassa) y Joan Ignasi Elena (Vilanova i la Geltrú) defienden postulados catalanistas muy similares a los suyos pero con un discurso renovado. Otros, como el de Cornellà de Llobregat, Antonio Balmón, amigo personal de Montilla, ejercen de mediadores entre ambos sectores, la cúpula y los críticos, para facilitar una regeneración pacífica. El resultado que obtengan algunos de estos alcaldes en las municipales puede reforzarlos cara a pilotar el partido. Eso incluye también a Jordi Hereu.

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FIELES / Los generales son los que, arropados por los dirigentes territoriales que les otorgaron los galones, han diseñando la táctica a seguir en cada momento. Apelaron a la disciplina de Joaquim Nadal para que en 1995 se enfrentase al imbatible Jordi Pujol. Cuatro años después fueron a buscar a Pasqual Maragall conscientes de que les daría muchos quebraderos de cabeza pero que seguramente era el único con posibilidades de llevarlos hasta la Generalitat. Y ahora intentan controlar la transición, con la tranquilidad que les da saber que en el congreso las federaciones con más militantes, las del área metropolitana, son las que aportan más delegados al cónclave y que, por lo tanto, sus votos serán decisivos. El triunvirato socialista cuenta con la fidelidad de dirigentes de perfiles tan distintos como Nadal y la ministra de Defensa, Carme Chacón, que sabe que la dirección del partido apostó por ella desde un principio para que se hiciese un nombre en Madrid. Otro fiel (que en el lenguaje del PSC es sinónimo de no generar conflictos) es el jefe de filas en el Congreso, Daniel Fernández. En su caso, además de no dar problemas, intenta resolver los que a menudo surgen con el PSOE.

Para pilotar la regeneración en el territorio, la cúpula tiene el apoyo del primer secretario de Lleida, Joaquim Llena, fiel a Zaragoza como lo fue su antecesor, Ramon Vilalta, y del de Tarragona, Xavier Sabaté. En sus federaciones ya surgen nombres para la nueva etapa. Así, el alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros; su portavoz municipal, Begoña Floría, y la mano derecha de Llena, Mònica Lafuente, suenan con fuerza. Dos diputadas, Rocío Martínez-Sempere y Laia Bonet, están bien situadas para sentarse en la futura ejecutiva del PSC. Más ambiciosa la primera y más discreta la segunda, ya están ambas en campaña de promoción interna. Y otro llamado a asumir protagonismo es Marcel Prunera, discreto colaborador de Castells y respetado por el mando y la tropa, un mérito cuando lo que está en juego es la lucha por el poder.