Opinión | Campaña electoral

Carol Álvarez

Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico

Barcelona será toda verde, ¿y luego qué?

Barcelona nunca tendrá un parque del Retiro pero puede tener estallidos de naturaleza dispersos por toda la ciudad, otra cosa será cómo garantiza a sus vecinos poder disfrutarlos

barcelona web

barcelona web / LEONARD BEARD

La campaña de las elecciones municipales ha levantado el vuelo y a veces siente una que como electora se ha elevado también, como en un globo aerostático, y desde allí se asoma a un mundo de infinitas posibilidades. Tiene algo la campaña de concurso de ideas, y las reconstrucciones virtuales y ‘renders’, esas láminas que recrean por ordenador los deseos urbanísticos que se proyectan, nutren la imaginación de lo que podría ser la ciudad del futuro si sale un candidato u otro. Es fascinante. 

Ante nuestros ojos pasan escenarios que parecen imposibles, como en una Exposición Universal, un Futuroscope, que deja boquiabiertos a los visitantes a la muestra. Aquí abriremos una calle, aquí cubriremos una carretera. Veamos. Cómo sería la Barcelona con la Gran Via cubierta desde Glòries hasta el Besòs, como propone Daniel Sirera por el PP. Jaume Collboni sugiere recuperar medio millón de metros cuadrados para la ciudad con la cobertura de las rondas litorales, que suman 8 kilómetros. Ernest Maragall, por ERC, también dibuja una Barcelona de arriba y una de abajo, de alguna manera, al plantear que se perfore un nuevo túnel bajo la ciudad por la zona del Morrot, para construir en su caso una nueva vía ferroviaria para Rodalies. Barcelona puede crecer, siempre hasta ahora con la amenaza de quedar estrujada por el mar y la montaña y con los límites metropolitanos del norte y el sur: puede crecer elevando una planta, y la superficie de arriba, naturalmente, será siempre la verde, la de parques y árboles y zonas de recreo y paseo para los vecinos. 

Sobre el papel nos maravillamos también con el último proyecto urbanístico innovador de la ciudad, el llamado ecodistrito de la Mercedes, en el barrio de Bon Pastor: prevé convertirse en una isla contra el calor, con mucha vegetación entre oficinas nuevas, equipamientos y viviendas que nace como superilla, esto es, sin acceso prácticamente de coches por sus calles. El Ayuntamiento ya ha bendecido el proyecto, que aunque despierta admiración y embelesa con toda su teoría y planos y mapas, presenta también los primeros temores ante el fenómeno en alza de la gentrificación verde. 

Son las mismas reservas, con la boca pequeña aún, que ofrecen los vecinos de los nuevos espacios verdes y peatones que explotan en la ciudad al ritmo veloz de las obras: es importante llegar a las urnas el 28-M con las calles bien puestas. Sí, Barcelona podrá sumar a sus encantos y propuestas de ocio los safaris botánicos por distintos puntos urbanos donde identificar y disfrutar árboles vistosos y poco frecuentes en estas latitudes, desde el madroño hasta el árbol del fuego, se convierte poco a poco en la némesis del Madrid de Isabel Díaz Ayuso y de alguna forma desarrolla una descentralización verde. Barcelona nunca tendrá un parque del Retiro pero puede tener estallidos de naturaleza dispersos por toda la ciudad. Ni lo de poner plantas en el balcón que soltó Díaz Ayuso en la campaña puede competir con este modelo, insisto en lo de modelo, de urbanismo. 

El nuevo mandato municipal, gobierne quien gobierne, impulsará una Barcelona más verde y en definitiva, más extensa, más habitable. Ya no es un problema de agenda. La patata caliente que tendrá que afrontar quien mande será la de la vivienda y los precios, porque la Barcelona de esos bocetos y recreaciones maravillosas -¿quién no querría vivir en un 'render' de esos?- tendrá que luchar por hacer equilibrios entre los barrios para evitar la desigualdad y garantizar que sus gentes, en definitiva la esencia de todo barrio, no sean desahuciados paradójicamente porque les han puesto un jardín en la esquina de casa.