Análisis, por Andreu Claret Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

En Francia, nadie suma

Macron sale tocado de una primera vuelta en la que su formación ha pedido 7 puntos, pero Mélenchon tiene muy difícil obtener nuevos apoyos en la segunda vuelta

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Acto de campaña de Jean-Luc Mélenchon en París

Acto de campaña de Jean-Luc Mélenchon en París / Christophe Petit Tesson / Afp

Vamos a pasar la primera vuelta de las legislativas francesas por el tamiz del verbo 'sumar' que ha puesto de moda la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz. Ante la imposibilidad de saber quién ha ganado, por el empate en votos de las dos principales coaliciones, mejor preguntarse quién suma más, para intentar saber lo que puede ocurrir en la segunda vuelta. Jean-Luc Mélenchon puede exhibir los resultados de la coalición de izquierdas como una victoria, aunque vistos de cerca estos no sean para echar las campanas al vuelo: 26,11%, una cuarta parte de los franceses que han votado y el 13% del electorado. Casi el mismo porcentaje que la formación que encabeza Emmanuel Macron (25,88%), aunque con una diferencia sustancial. Mientras la izquierda rompe techos electorales rebajados por su sempiternas divisiones, Macron sale tocado de unas elecciones en la que su formación ha retrocedido siete puntos.

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Hasta aquí los resultados, a los que conviene añadir el buen porcentaje del Rassemblement Nacional liderado por Marie Le Pen (cinco puntos más que en 2017). Vayamos a lo de sumar, que es de lo que se trata de conseguir en la segunda vuelta, circunscripción a circunscripción. El próximo fin de semana se trata de pedir el voto a quienes están dispuestos a votarle a uno con una pinza en la nariz antes de que gane el enemigo de siempre. Ninguno de los dos lo tiene fácil. Casi el 70% de los franceses no quieren que Mélenchon sea primer ministro, que es lo que sucedería si su coalición obtuviera una mayoría absoluta en la nueva Asamblea Nacional. Difícil lo tiene, pues, un hombre cuya capacidad para unir a las izquierdas va pareja al rechazo que provoca en el resto del electorado. Algo parecido a lo que le sucedía a Pablo Iglesias, incluso en el momento álgido de Podemos. Así las cosas, todo indica que la coalición de izquierdas constituirá la principal fuerza de oposición, lo que no es poca cosa teniendo en cuenta su práctica desaparición de la vida parlamentaria en la última legislatura.

La capacidad que tuvo de Macron de sumar cuando lanzó su movimiento parece haberse esfumado. Hoy, más del 61% de los franceses piensan que sus propuestas políticas no sirven para resolver los problemas del país. Claro que las sumas que se producen en una segunda vuelta no necesitan de adhesiones inquebrantables, con lo que no está descartado que sus seguidores puedan obtener una mayoría absoluta o estar muy cerca de la misma, según las proyecciones en escaños. Lo más probable es que les falten algunos diputados, y necesiten pactar las leyes con formaciones menores de la derecha. Si este es el resultado final, no habría pues cohabitación entre dos políticos que hubiesen llevado Francia a un periodo de inestabilidad porque se odian más allá de las ideologías que representan. No obstante, Macron tampoco tiene motivos para tocar todas las campanas al mismo tiempo. Sale debilitado de la primera vuelta y lo más probable es que encare una legislatura donde se conjugue mucho el verbo negociar. Algo que nunca ha formado parte de su manera de concebir el poder.