Elecciones en Francia

La coalición de la izquierda francesa busca en la 'banlieue' una victoria en las legislativas

  • La Nueva Unión Popular aspira a ganar buena parte de circunscripciones en las periferias de grandes ciudades

  • Es uno de los territorios en que el presidente Emmanuel Macron podría perder más diputados

Jean-Luc Melénchon en un acto de campaña, el jueves.

Jean-Luc Melénchon en un acto de campaña, el jueves. / REUTERS/Nacho Doce/

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Enric Bonet

“Buenas tardes, venimos por las elecciones, es por Jean-Luc Mélenchon”. Thomas Portes, candidato de la nueva alianza unitaria de la izquierda, repite en cada casa la misma frase, consciente de estar en un territorio propicio. Era el jueves 9 de junio y este dirigente mélenchonista repartía propaganda electoral en un bloque de pisos de un barrio modesto de Neuilly-sur-Marne, en la periferia este de París. A las puertas de la primera vuelta de las elecciones legislativas, este domingo en Francia, los habitantes de esta localidad de la 'banlieue' se dividían entre aquellos que afrontan estos comicios con indiferencia y los incondicionales del insumiso Jean-Luc Mélenchon, el nuevo hombre fuerte de la izquierda. 

El candidato Thomas Portes y militantes de la Unión Popular.

/ Enric Bonet

“Pueden contar conmigo para el domingo”, responde una joven francesa con raíces africanas tras haber recibido un folleto. “¿Pero no se habían terminado ya las elecciones?”, pregunta en otro piso un adolescente, que como varios de sus vecinos cree que el ciclo electoral concluyó con las presidenciales a finales de abril. 

Desde que en el año 2000 se modificó el calendario electoral en Francia para que la elección del presidente coincidiera con la de los diputados, el vencedor en las presidenciales se imponía de manera casi automática en las legislativas, consideradas una votación de segundo rango. Estos comicios parlamentarios se caracterizan por dividir el territorio francés en 577 circunscripciones (número de escaños) y solo resulta elegido el representante más votado en cada una de ellas, un sistema electoral propicio para el partido presidencial.

Sin embargo, esta tendencia se ha visto alterada este año con la composición de la Nueva Unión Popular, formada por la Francia Insumisa (afines a Podemos en Francia), el Partido Socialista, los verdes y los comunistas. Según los últimos sondeos, la coalición del presidente Emmanuel Macron podría quedarse sin mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Tampoco puede descartarse totalmente una sorpresa con una victoria de la izquierda.

Recuperar los históricos cinturones rojos

Uno de los territorios en que la nueva alianza progresista podría arrebatarle más diputados a Macron son los barrios y ciudades obreras, con un elevado porcentaje de población de origen inmigrante, también conocidos como la 'banlieue'. “Creemos que podemos lograr los 12 diputados de la Seine-Saint-Denis (al nordeste de París), allí Mélenchon consiguió el 49% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales”, destaca Portes sobre el segundo departamento más pobre de Francia y a menudo estigmatizado por la ultraderecha por su carácter multicultural y sus problemas de inseguridad. De hecho, el presidente hizo allí uno de sus últimos desplazamientos antes de la primera vuelta de las legislativas.

Además de la Seine-Saint-Denis, los dirigentes de la Nueva Unión Popular aspiran a teñir de rojo buena parte de las circunscripciones periféricas de París, así como de otras grandes ciudades, como Marsella, Lyon o Lille. Quieren recuperar los históricos cinturones rojos, esos territorios obreros que eran feudos de los socialistas y los comunistas, pero cuya identidad se fue diluyendo con la desindustrialización y la multiplicidad de identidades con el auge del individualismo y la multiculturalidad. Por ejemplo, en las legislativas de 2017 la izquierda consiguió siete diputados en Seine-Saint-Denis, pero el partido de Macron obtuvo tres y la derecha republicana, dos.

“Hace cinco años la gente pensaba que Macron no era ni derechas ni izquierdas, pero se dieron cuenta rápidamente que era alguien conservador cuando decidió recortar las ayudas al alquiler”, explica Fatiha Keloua-Hachi, candidata socialista en este departamento. “Los habitantes de Neuilly-sur-Marne están exhaustos, en los centros de repartición de comida hay al menos 2.000 personas inscritas todos los sábados”, afirma Portes, que se enfrenta al diputado saliente Patrice Anato, del partido del presidente. Con un 28% de la población por debajo del umbral de pobreza, los habitantes de Seine-Saint-Denis resultan muy sensibles ante la pérdida de poder adquisitivo por la inflación, principal tema de la campaña. 

“Sabe hablarle a los jóvenes de origen migrante”

“Normalmente, no solía votar en las legislativas, pero esta vez lo haré por un candidato de Mélenchon”, asegura Kamel, 55 años, un electricista de origen argelino. Este habitante de Neuilly sur Marne asegura compartir “al 100%” algunas de las propuestas de la izquierda, como bloquear los precios de productos de primera necesidad o aumentar el salario mínimo a 1.500 euros. 

El dirigente insumiso “sabe hablarle a los jóvenes de origen inmigrante como yo. Pero me temo que si gana las elecciones, no cumplirá con la mitad de las cosas que promete”, declara Mohamed, 35 años, un vendedor de automóviles que escucha música y discute con un grupo de amigos en la salida de una estación del tren de cercanía, en la localidad vecina de Gagny. Su discurso refleja una desconfianza respecto a la clase política muy habitual entre los habitantes de Seine-Saint-Denis, donde la participación se situó alrededor del 30% en las legislativas de 2017.

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Con la denuncia de la violencia policial y la defensa vehemente de los franceses de confesión musulmana ante los ataques de la ultraderecha, Mélenchon se ganó la simpatía de los habitantes de la “banlieue”. Hasta el punto que el 69% de los electores musulmanes lo apoyaron en la primera vuelta de las presidenciales, según un sondeo de Ifop. 

Sin embargo, la Nueva Unión Popular ha recibido críticas por la poca presencia de candidatos de origen extranjero en Seine-Saint-Denis —solo 4 de 12 —, además del nombramiento a dedo de aspirantes con poca implantación local, como Gabriel Amard, yerno de Mélenchon, en la “banlieue” de Lyon. “Hay una evidente paradoja entre un discurso claramente antirracista y el perfil de los candidatos que no se corresponde con el de la población local. Hay un problema de representatividad en este sentido”, critica Cécile Gintrac, una geógrafa y una activista implicada en la vida asociativa de esa zona.