FÚTBOL

Las antiguas viejas glorias

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Ladislao ’Laszy’ Kubala.

Ladislao ’Laszy’ Kubala. / EL PERIÓDICO

Como todos los aficionados que ahora somos viejos y estamos llenos de memorias, también fui joven y en mi memoria de muchacho tuve nombres propios que eran leyenda cuando desperté al fútbol. Pronto, además, como cualquiera de mi edad y de mis circunstancias, tuve la oportunidad de tener mis propias glorias retiradas, algunas de las cuales prolongaron su estancia en el fútbol, jugando en clubes más humildes que los que ya les quedaron atrás. 

Entre estos últimos los más singulares, por su pasado en clubes rivales, fueron Ladislao Kubala y Alfredo Di Stéfano, cuya fama como jugadores del Barcelona y del Real Madrid no los acompañó en sus destinos posteriores, aunque siempre fueron dignos, excelsos, futbolistas, y además excelentes preparadores de jóvenes que aspiraban a ser como ellos.

Siempre fui apasionado de las viejas glorias, acaso porque adivinaba que la vejez nos afectaría a todos y sus efectos sobre nosotros iba a ser similar, en cualquier caso, a los de las estrellas que fuimos marcando en los álbumes adolescentes que nos acompañaban cada temporada de nuestra fugaz adolescencia. 

Recuerdo que en esos álbumes anotaba éxitos y tristeza, de mi equipo o de los equipos ajenos, en los que a veces se producían noticias dramáticas que en aquellos tiempos inmaduros me causaban enormes destrozos anímicos. Recuerdo al respecto que cuando murió Herrerita, un buen futbolista asturiano del Real Madrid, sentí una tristeza sin fondo, pues era un muchacho joven y todos decían en la radio que la naturaleza había sido muy injusta con su talento y con su vida. Por eso en mi álbum puse una orla negra en torno a la imagen del futbolista muerto.

Esas cosas pasaban, e imagino que ahora, si pasaran cosas así, accidentes, muertes o retiros, muchachos como mi nieto, que es muy aficionado al fútbol y a sus jugadores, aun sin edad de recordar viejas glorias, tendrán reacciones parecidas a las que ahora cuenta este abuelo que también fue adolescente.

En otros tiempos

Me vienen estas cosas a la cabeza porque estos días las televisiones están haciendo un curioso viaje al pasado con motivo del partido que anoche jugó el Real contra el Liverpool, en pos ambos de una Copa de Europa con antecedentes que dan mucho de sí a la hora de las remembranzas. A raíz de este encuentro cuyo resultado ya conocen ustedes, y habrán celebrado o lamentado, según sus legítimas preferencias, los futbolistas retirados del Real Madrid se han asomado a las pantallas para contar cómo era en otros tiempos este tipo de confrontaciones, cómo las abordaban ellos, cómo las temían o cómo las disfrutaban. Me entretuve observando los vestigios que había dejado la vejez en cada uno de ellos, desde el más veterano, el ahora legendario Vicente del Bosque, al muy atlético Mijatovic, al repeinado Hierro, al ahora menos yeyé (pero muy peinado también) Salgado, y al muy bien puesto Jorge Valdano… 

No les va bien ahora el adjetivo viejo que antes antecedía a la gloria vivida, pues actualmente la palabra viejo no parece políticamente correcta, pero lo cierto es que cada uno ha envejecido a su manera, mantienen tareas que los mantienen vivaces y alerta, y no se parecen en absoluto a aquellos que eran tachados de viejas glorias por la juventud que les vino en seguida a retirar de la circulación… 

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La mayor parte de los citados siguen viviendo cerca del fútbol, o en el fútbol, y cada uno de ellos hablaba de lo que hizo con una madurez que le va bien a este deporte cuya mercantilización parece haberle quitado el glamour que hace años resultaba un patrimonio. 

Los escuché con atención hablar de glorias en las que no participó mi equipo, pero mientras los oía me emocionaba sentir que cada uno de ellos me dio disgustos, pero que ahora, felizmente, le dan a mi memoria la alegría de seguir siendo aficionado a este saludable, inolvidable, entretenimiento. El fútbol, cuánto amo el fútbol y cuánto añoro a aquellas viejas glorias que se llamaron Kubala, Di Stéfano… ¡y don Luis Suárez, que felizmente sigue vivo y burlándose de las solemnidades cursis que ahora adornan el trabajo en el que fue feliz!