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Indultos para combatir el cuanto peor mejor

El reto de Sánchez es demostrar que los indultos pueden ser útiles para aislar a los agoreros del cuanto peor mejor, en Madrid y en Waterloo

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 19 de mayo. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 19 de mayo.  / EFE/ Fernando Alvarado

Cayetana Álvarez de Toledo ha resumido en dos palabras el relato político con el que la derecha se dispone a armar la marimorena. Los indultos son inútiles y contraproducentes, ha sentenciado la marquesa de Casa Fuerte. Puede que la derecha no tenga un plan, mas allá de organizar una algazara en la plaza de Colón, pero tiene un relato: los indultos no servirán para combatir al independentismo. Al contrario, darán alas a quienes están dispuestos a volver a quebrar el orden constitucional y estatutario, como hicieron en 2017. Pedro Sánchez no debería despreciar esta idea porque está profundamente arraigada en la opinión pública española (incluida parte de la catalana). Debe combatirla si quiere que el coste de los indultos sea asumible. En otras palabras, a los defensores de las medidas de gracia les falta acompañar su propuesta de un relato que pueda contraponerse con verosimilitud y eficacia al de la derecha.

No basta con la fundamentación jurídica de unos indultos cuya impugnación tiene escaso recorrido, por mucho que el Tribunal Supremo se haya pronunciado en contra. Indultar es una prerrogativa que han ejercido presidentes del Gobierno del PP y del PSOE y de la que se han beneficiado militares, funcionarios, jueces, banqueros o ciudadanos de a pie. Nada impide que los condenados del 'procés' lo sean ahora, total o parcialmente, con o sin advertencias acerca de las consecuencias que tendría su reincidencia (no en sus ideas, sino en la vulneración de las leyes). Este no es el problema porque Sánchez está legitimado para indultar. El problema es que muchos desconfían de que sirva para algo. Piensan, como dice la marquesa, que los indultos serán inútiles y que incluso pueden ser contraproducentes. Si el Gobierno no cambia este estado de ánimo, la medida puede provocar un auténtico descalabro social y ahondar aún mas el foso que separa Catalunya del resto de España.

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Conseguirlo no será fácil mientras parte del independentismo no facilite la tarea. En todo caso, no será posible sin poner por delante la utilidad política de la medida. Hace 15 años, Mariano Rajoy llamó a recoger firmas contra el nuevo Estatuto catalán. Quince años después, ahí están las consecuencias: el independentismo dobló sus apoyos y España arrastra uno de los mayores problemas políticos de la Unión Europea. Las mociones que el PP piensa llevar ahora a 8.000 municipios son más de lo mismo. Munición para Carles Puigdemont y quienes viven de la confrontación. Los datos para demostrar que el diálogo y la concordia tienen efectos contrarios son escasos, pero existen. Desde que Sánchez gobierna, el 'no' a la independencia vuelve a estar por encima del 'sí'. La estrategia del PP ha azuzado el conflicto, dejando en manos de los jueces su resolución. El reto de Sánchez es demostrar que los indultos pueden ser útiles para aislar a los agoreros del cuanto peor mejor, en Madrid y en Waterloo, para fortalecer la democracia en España y para ganar credibilidad en Europa.