Acuerdo para formar Govern

Puigdemont se lleva el gato al agua

A cambio de la presidencia, Pere Aragonès ha cedido a la pretensión de Junts de disponer de cuotas de influencia que los de Esquerra habían rechazado hasta ahora

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Jordi Sànchez y Pere Aragonès.

Jordi Sànchez y Pere Aragonès. / ACN / BERNAT VILARÓ

Cada partido ha obtenido lo que buscaba: Esquerra Republicana ostentará la presidencia de la Generalitat y Junts per Catalunya tendrá el poder. Puede parecer una simplificación que deja mal parada a ERC, pero lo esencial del acuerdo de gobierno suscrito por ambos partidos conduce a la misma conclusión: a cambio de la presidencia, Pere Aragonès ha cedido a la pretensión de Junts de disponer de cuotas de influencia que los de Esquerra habían rechazado hasta ahora. La confirmación de Elsa Artadi al frente de una poderosa vicepresidencia de Economía y Hacienda que gestionará los fondos europeos para la reconstrucción constituye una victoria en toda regla para su mentor, Carles Puigdemont. Atrás quedó la idea de una Comisión adscrita a la Presidencia y la aceptación de que la gestión de los fondos tenga que ser consensuada entre todos los departamentos parece más una concesión destinada a salvar la cara que un auténtico mecanismo de control.

Como herederos de Convergència y conocedores de los resortes del poder, los seguidores de Puigdemont nunca han pensado seriamente en quedar fuera del gobierno. El amago de apoyar un Gobierno de Esquerra desde fuera o las insinuaciones de provocar nuevas elecciones han sido tretas destinadas a debilitar al contrincante y obligarle a bajarse del coche antes de caer por el precipicio. Nunca hubo tal precipicio porque Junts necesita del clientelismo como el agua de mayo, para cuajar una organización que tiene más de movimiento que de partido. El acuerdo presentado por un Pere Aragonès más bien encogido y un pletórico Jordi Sánchez se lo permite. A la presencia de Artadi al frente de esta megaconselleria se suman otros departamentos con importantes partidas presupuestarias, o que resultan estratégicos para el independentismo. Si a ello añadimos que la presidencia del Parlament esta en manos de un peso pesado del partido como Laura Borràs, y que Junts, la CUP y la ANC serán mayoría en el llamado espacio de gestión estratégica del independentismo (frente a ERC y Omnium), los consensos de hoy pueden pasar a ser las tutelas de mañana en cuanto lo decida Puigdemont desde Waterloo.  

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Es imposible entender las concesiones de Aragonès sin conocer la trascendencia que tiene para Esquerra volver a ocupar la presidencia de la Generalitat. Es un sueño que sus militantes han cultivado durante décadas, a la sombra de Jordi Pujol, de Pasqual Maragall o José Montilla. Cuando Aragonès ocupe el despacho de Lluís Companys, los más veteranos se olvidarán por unos días de este mal acuerdo y pensaran en el presidente, los cuatro diputados y los 42 alcaldes fusilados. La historia no pase en balde, algo que los dirigentes más jóvenes, como Jéssica Albiach, olvidan a menudo. Puigdemont, que algo sabe de historia, le dijo a Sánchez que siguiera al volante aunque se le apareciera el precipicio, porque estaba seguro que Aragonès seria el primero en saltar. Así es cómo se ha llevado el gato al agua.