Pedir ayuda es de valientes

'Irse', de Esmeralda Berbel. Literatura que cura

Qué necesario reconocer la fragilidad, el estar mal, que no somos superhombres ni supermujeres

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Imagen alegórica de una persona enferma de depresión.

Imagen alegórica de una persona enferma de depresión. / Tytryrt (Archivo)

A veces es la vida la que escoge qué es lo que toca escribir. Pasa como autora, y pasa también como articulista. Estos días ha llegado a mí el libro Irse de Esmeralda Berbel. Me hablaron de él, por azares maravillosos del destino, y decidí comprarlo enseguida. Fui a la Llibreria Calders, no lo tenían y tardarían unos días. No pasa nada. Lo encargo. Estamos demasiado acostumbrados a tener las cosas al instante, comprando por internet o también con los libros electrónicos. Este libro se iba a hacer esperar y tenía todo el sentido. Recibí un mensaje de la librería minutos antes de irme de vacaciones. Con el coche cargado hasta arriba, retrasé mi salida para ir a buscarlo. Seguramente, Irse es un libro que requiere ser leído con calma, saboreando cada palabra, sintiendo cada situación. Yo lo leí de una sentada. El libro es un diario en el que la autora narra la separación del padre de su hija que fue su marido durante 25 años. 

En los momentos complicados de mi vida lo único que me ha salvado ha sido la escritura. En las peores épocas, cuando piensas que no te vas a sostener, cuando temes que no haya salida, ha sido escribir lo que me ha devuelto la cordura, lo que me ha puesto a flote, lo que ha dado un sentido que, a veces, cuesta encontrar. Y es un lujo leer libros como este, en el que la autora pone su alma en las páginas, su corazón desgarrado, su intimidad y, sobre todo, su vulnerabilidad. Sin pudor, sin miedo, y con la generosidad de quien sabe que su dolor curará a otros, que su temor aliviará, que su llanto consolará.  

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Pienso en Esmeralda, sin conocerla, e intuyo o fabulo que durante un tiempo ese libro era lo único en lo que podía confiar, lo único a lo que podía librarse sin miedo. Porque después de una separación, el miedo es el sentimiento más atroz. Miedo a la soledad, miedo a la fragilidad,  a que nos vuelvan a hacer daño, al futuro, al pasado y también al presente. Un presente eterno que parece que no va acabar nunca. Y juraría que este libro la salvó. Porque igual que los lectores necesitan la lectura para generar preguntas, y respuestas, y para sentirse comprendidos, los escritores necesitan hablar de lo que les pasa para sanarse. Los buenos libros son los que nos hacen sentir que ese libro es un amigo, que es alguien a quien conocemos, que no es diferente de nosotros. Y eso es lo que pasa con Irse. Que es reconocible, que es singular y a la vez universal y, sobre todo, que es de verdad. 

En un mundo en el que lo que se premia es la fortaleza, qué necesario escuchar las voces vulnerables, las sinceras, las que dicen "no puedo más", sin complejos y sin tapujos. Estos tiempos que estamos viviendo son, sin duda, los tiempos de más fragilidad emocional y psicológica que hemos vivido. Además, lo son a nivel mundial, y nos afectan a todos, independientemente de las clases sociales y la raza, lo que es algo totalmente único y excepcional. El otro día me emocioné con una publicidad en el metro en la que se ve a un hombre que te mira, desgarrado, al lado de la siguiente frase: "Jo tampoc estic bé, i tu, com estàs?" Confieso que el primer día que lo vi me impactó tanto que rompí a llorar de inmediato. Qué necesario reconocer la fragilidad, el estar mal, el no ser superhombres ni supermujeres. Qué necesario libros como Irse, qué necesarias campañas como 'jotampocesticbe.com' de Obertament, Associació catalana per la lluita contra l’estigma en salut mental. Pedir ayuda es de valientes. Escribir sobre lo que nos pasa, también.

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