ANÁLISIS

El eco catalán de Trump

Mientras EEUU empuja hacia la puerta de salida al personaje al que entregó su destino hace cuatro años, algunas de sus peores singularidades retumban aquí mismo con una áspera reverberación

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Donald Trump en una ceremonia por los soldados caídos en combate en el Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia.

Donald Trump en una ceremonia por los soldados caídos en combate en el Cementerio Nacional de Arlington, en Virginia. / AFP / BRENDAN SMIALOWSKI

La caída de Donald Trump es tan esperpéntica y nociva como su mandato. Tres semanas después de su derrota y cuando con gran retraso acaba de activarse la maquinaria administrativa del relevo, el personaje sigue fanfarroneando desde la Casa Blanca.

Un sugestivo debate brota en la escena política estadounidense y se extiende por el globo. ¿El trumpismo, ese populismo derechista con sesgo autoritario, fracturador de la sociedad, corrompedor de la democracia, groseramente despótico, ensimismado en una identidad excluyente, desvergonzadamente falsario…; el trumpismo puede sobrevivir a Trump? ¿Quiere el Partido Republicano taponar su sangría democrática?

La cuestión no solo ocupa a EEUU. Afecta al mundo. De forma especial, a este Occidente de clases medias empobrecidas en el que los líderes populistas podrían perder ahora abrigo. En El País, la politóloga Míriam Martínez-Bascuñán y el periodista Xavier Vidal-Folch intuyen una era pospopulista. Es un esbozo teórico guiado por una voluntad gramsciana, pero preñado de incertidumbre.

Como sea, mientras EEUU empuja hacia la salida al personaje al que entregó su destino hace cuatro años, algunas de sus peores singularidades retumban aquí mismo con un eco áspero. La Guardia Urbana le mete un balazo en el abdomen a un mendigo en el centro de Barcelona. La derecha española disfraza de eliminación de la educación especial lo que en la ley Celaá es un refuerzo técnico y profesional de los centros públicos para que puedan integrar al máximo posible de alumnos con necesidades especiales.

Noticias falsas

El vicepresidente del Parlament Josep Costa, de JxCat, anima a aprender de Trump para alcanzar el poder. «Sobre todo», precisa Costa, «nuevas formas de comunicación, movilización y confrontación política». El también puigdemontista Ramon Tremosa, que como eurodiputado alcanzó una sobresaliente maestría en la creación y difusión de noticias falsas y fotomontajes fraudulentos, es destinado al Govern para minar la proyección de Pere Aragonès.

[Aragonès, de ERC, parte con una desventaja en la carrera electoral catalana. No posee un carisma arrollador, ni siquiera uno mediano. No magnetiza a las audiencias. JxCat ha señalado a Aragonès como un punto flaco de la candidatura de ERC. El otro es la inveterada inestabilidad republicana.

Los tácticos de Carles Puigdemont apuestan por la desestabilización: espolear la inseguridad casi adolescente de Esquerra para empujarla al error. ERC es consciente de la debilidad de su hombre y ha impartido la consigna de protegerlo. Amparar al candidato Aragonès.]

Sin disculpa

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En EL PERIÓDICO, el filólogo Albert Branchadell descarta que JxCat sea un partido trumpista. Pero constata un aire familiar entre el puigdemontismo que niega la realidad catalana y el magnate que niega su derrota. Este vínculo trumpista no es patrimonio exclusivo de los de Puigdemont. Los de Oriol Junqueras participaron con idéntico entusiasmo durante los años del ‘procés’ en la negación de la realidad: la independencia iba a ser inmediata, fácil y barata, el Estado era impotente, la UE y la ONU esperaban con los brazos abiertos y el gran capital, con avidez.

De ahí venimos, sin que nadie haya balbuceado una disculpa.