Investigación en marcha

Indignación entre los vecinos que convivían con el sintecho herido de bala

Ocho testimonios recogidos por los Mossos no vieron que el hombre empuñara el cuchillo cuando recibió los disparos de la Guardia Urbana

Marjan se encuentra ingresado en estado crítico y el conseller Sàmper explica que sobre él pesaba una orden de ingreso en prisión

Lugar donde recibió el disparo el sintecho el pasado sábado.

Lugar donde recibió el disparo el sintecho el pasado sábado. / MANU MITRU

4
Se lee en minutos
Guillem Sànchez

Marjan, el sintecho que recibió un disparo en el abdomen de la Guardia Urbana de Barcelona, sigue en estado crítico ingresado en la UCI. El Ayuntamiento sigue su evolución atentamente mientras, en paralelo, avanza la investigación de lo ocurrido por parte de los Mossos d'Esquadra. Según fuentes consultadas por EL PERIÓDICO, un elemento central que la justicia deberá dirimir es si el hombre empuñaba o no su cuchillo cuando recibió el tiro del agente de la Guardia Urbana el pasado sábado a las 19.00 horas frente al número 44 del Passeig de Sant Joan. Seis agentes del cuerpo municipal afirman que sujetaba la navaja con la mano cuando avanzó hacia el policía que abrió fuego. Ocho ciudadanos, sin embargo, han declarado que no vieron el cuchillo. Existe una tercerca opción: que el arma blanca colgara de su muñeca, anudada a una bolsa de plástico. 

Los hechos sucedieron en la orilla opuesta del paseo barcelonés en el que Marjan llevaba instalado desde hacía cuatro meses. Para los vecinos del bloque número 27, Marjan no era un simple sintecho.

"Se pasaba el día entero aquí mismo, de pie", explican señalando una columna que está justo al lado del portal de acceso al edificio. "Con un vaso en la mano". Pero Marjan "no pedía dinero de forma activa", se limitaba a sostener el vaso en silencio. "No hablaba español y, aunque se comunicaba en inglés, tampoco contaba mucho en esa lengua, era callado". De 43 años de edad y originario de Hungría, la comunidad de esta escalera lo tenía por un tipo "inofensivo" al que veían con ojos paternalistas. "Casi todos le bajábamos comida, o le comprábamos un bocata, o le dábamos ropa para que se abrigara ahora que se acerca el frío", detallan. Tras tantos meses de confianza sin incidentes, ahora no son capaces de comprender qué pudo ocurrir el sábado a las siete de la tarde que justifique un desenlace que lo mantiene al filo de la muerte. "Habla con quién quieras, estamos todos indignados", resumen cuatro vecinos distintos.

El vaso y el sombrero

Marjan llevaba un sombrero de cowboy y, casi siempre, vestía un chaleco reflectante. Tenía barba rubia, casi blanca y descuidada. E iba cargado de bolsas blancas. Envuelto en una de esas estaba la navaja que propició los disparos del policía municipal. "El sábado iba con tanta bolsa porque hace pocas semanas otra patrulla de la Urbana le quitó su carrito, donde lo guardada todo", relata Fernando, la persona con quien más trato ha tenido Marjan durante los últimos meses.

Fernando es el dueño de un colmado ubicado a diez metros de la columna donde Marjan echaba todas las horas del día. "En cuanto le daban una moneda, venía aquí a comprar comida". "Nunca compraba alcohol, nunca. Se llevaba un tomate, una cebolla, un plátano, frutos secos, bollería… depende del día", recuerda visiblemente dolido. "Es que no dio jamás ningún problema: ni olía mal, ni incordiaba a los clientes, compraba lo que fuera y se día, entraba tres y cuatro veces al día", asegura. "Hablaba muy poco porque creo que era muy tímido pero yo no detecté en él ningún tipo de enfermedad mental, no lo sé…". "El sábado estaba como cada tarde en su columna sosteniendo el vaso. Se le veía tranquilo. Dicen que alguien llamó a la policía porque estaba amenazando a la gente de la calle, estoy convencido de que si fuera así, hubiera oído alguna cosa, porque está aquí al lado. Pero lo primero que oí fueron ya las sirenas de la Urbana al otro lado del paseo". Tanto Fernando como otros vecinos apuntan –sin pruebas– a que la llamada la hizo una mujer de la zona que había pedido en ocasiones anteriores a la policía que se llevara a Marjan de su columna. 

Ocho testimonios 

La Guardia Urbana acudió a identificar a Marjan en respuesta a una llamada de una mujer –no consta si la misma a la que se refieren los vecinos– que requirió ayuda al 112 porque no podía entrar en su párking por la presencia de Marjan, según fuentes policiales. En respuesta a esta petición fue abordado por una patrulla municipal, que trató de identificarlo. Marjan ignoró a los agentes y huyó. Cruzó el paseo y fue interceptado en el lado opuesto. Los vídeos captados por ciudadanos graban a partir de ese insante, cuando un furgón, sobre la acera, le corta el paso. Marjan, en las imágenes, se da la vuelta y avanza hacia donde están tres policías que lo encañonan con la pistola reglamentaria. Marjan –con un trote que parece de desorientación– va hacia uno de ellos –un cabo que acaba de bajar del furgón–. Este policía, cuando lo tiene casi encima –con la duda de si pretende o no hacer uso del cuchillo–, abre fuego. Dispara dos veces. Acierta una. 

Las declaraciones de seis agentes municipales afirman que Marjan estaba empuñando el cuchillo en ese instante. Sin embargo, ocho testimonios de ciudadanos recogidos por el Área d'Investigació Criminal (AIC), a cargo de las pesquisas, no vieron que el sintecho sujetara el arma cuando recibió el disparo. 

Los Mossos están a punto de cerrar la instrucción inicial del episodio y está previsto que informen al juzgado en las próximas horas. Los investigadores de la policía catalana revisan las llamadas al 112 y también todas las grabaciones que existen del episodio. El agente que usó el arma de fuego ha recibido estos días el apoyo de sindicatos que recuerdan que un instrumento como la Tasser, la pistola eléctrica, habría permitido controlar la situación sin que resultara herido.

Noticias relacionadas

Orden pendiente

Según el 'conseller' de Interior, Miquel Sàmper, sobre este ciudadano húngaro pesaba una orden de ingreso en prisión pendiente dictada por un juzgado de Algeciras –por delitos de coacciones y atentado contra agente de la autoridad–. Si se recupera del balazo en la tripa, deberá afrontar una segunda denuncia por otro delito de atentado.