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El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, en el Parlament.

ALBERT BERTRAN

El engaño de las masas

Luis Mauri

La propaganda independentista le está ganado la partida al Estado con un puñado de falsedades jurídicas

Mil, diez mil, cien mil veces, un millón... Da igual. Una mentira repetida hasta el infinito no acaba convirtiéndose  en verdad objetiva, se pongan como se pongan los teóricos de la propaganda y la comunicación de masas y por más que aquel aforismo atribuido sin fundamento académico a Goebbels haya hecho fortuna universal (aviso para la jauría digital: me trae sin cuidado la ley de Godwin, bastante jaleo tenemos ya con las nuestras).

Podría contraargumentarse que es posible manipular la conciencia de un grupo social hasta el punto de que este no sea capaz de distinguir entre la realidad y una realidad falseada. Pero ni siquiera en el supuesto de una hipnosis colectiva que consolidase una percepción quimérica de la situación real, esta última dejaría de existir.

Los apóstoles del 'brexit' cimentaron su victoria electoral en el engaño de las masas. Algunos de ellos no tuvieron empacho en admitirlo tras la victoria. Datos falsos, argumentos falaces, descripciones manipuladas fueron inyectados como verdades inapelables en las mentes de amplios sectores de la población británica, con especial éxito en las capas más damnificadas por la crisis, menos formadas y menos informadas, más vulnerables, en suma, al palique de los vendedores de crecepelo milagroso. Y ahí están ahora: engañados y mareados de vértigo ante una realidad que es la que es, no la que les habían dibujado.

Un derecho inventado

Los ciudadanos que desean la independencia de Catalunya tienen todo el derecho a luchar democráticamente por ella. Faltaría más. Pero no les asiste un tal derecho a decidir. Este invento de los propagandistas del 'procés' no existe en ningún ordenamiento jurídico ni tiene reconocimiento internacional alguno. Es una figura jurídica inventada. Es cierto que también es un gran hallazgo de la 'agit-prop' nacionalista, que hace tiempo que le ganó la batalla al Estado, lo cual no tiene nada de extraño, vista la vocación de bombero pirómano de Mariano Rajoy. En todo altar independentista debería venerarse con devoción la figura de Sant Marià Rajoi, benefactor de la causa.

Otros argumentos pretendidamente jurídicos de los independentistas no son inventos como el derecho a decidir, sino directamente embustes.

Mantra sagrado

El derecho de autodeterminación que no falta en una de cada dos frases que pronuncia Oriol Junqueras, por ejemplo. En el marco jurídico internacional, Catalunya, como todos los pueblos, tiene derecho a la autodeterminación, pero no a una secesión no acordada con España. La ONU reconoce desde 1960 el derecho de autodeterminación de los pueblos colonizados, sometidos militarmente o bajo el yugo del racismo. No es el caso catalán, por mucho que algunos se empeñen en ello. España (con Catalunya incluida) también goza como pueblo de ese derecho de autodeterminación, de modo que en el marco jurídico internacional la autdeterminación de Catalunya se ejerce mediante el autogobierno; una secesión unilateral vulneraría el principio de integridad territorial de los estados, igualmente amparado por la ONU y que solo es obviable en el caso colonial. En estos detalles nunca entra Junqueras. Él describe como un mantra sagrado una sola parte de la realidad, que es lo mismo que falsear esa realidad.

O cuando asegura que la UE reconocería una independencia unilateral de Catalunya. Nos remite entonces a la descomposición de la antigua URSS y sostiene sin rubor alguno que si Lituania, Letonia y Estonia fueron admitidas en la Unión Europea (15 años después del colapso soviético, aunque esto no lo cita), lo mismo sucederá con Catalunya. Calla, sin embargo, un dato obvio: las repúblicas bálticas no se desgajaron de ningún estado miembro de la UE que pudiera imponer su veto al hipotético nuevo socio. Un dato sin el cual la media verdad deviene falacia entera.