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Los 'riders' en la tormenta legal

Solo una regulación adecuada dificultará irregularidades y abusos laborales en plataformas digitales del estilo de Glovo

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Un policía entrega una mascarilla a un repartidor de Glovo.

Un policía entrega una mascarilla a un repartidor de Glovo. / JOSÉ LUIS ROCA

Si Jim Morrison levantara la cabeza! Supongo que se sorprendería de que una de sus canciones con The Doors, 'Riders on the storm', apareciera citada en las páginas económicas de un diario. Y no tanto por la existencialista letra e hipnótica melodía de ese tema sino por el título, que viene como anillo al dedo para describir la situación que viven los repartidores de Glovo Deliveroo

En todo caso, estos repartidores, para los que se utiliza el término 'rider' al igual que los jinetes de la famosa canción, no son los únicos que se encuentran inmersos en una tormenta legal que propicia las injusticias y la precaridad laboral como consecuencia de su relación con estos negocios de intermediación para la entrega de comida y otros productos a domicilio. Quienes reparten para Amazon Flex, filial del gigante del comercio electrónico dedicada al servicio de entrega a domicilio, han visto cómo la Inspección de Trabajo los considera falsos autónomos y obliga a la compañía a pagar sus cotizaciones a la Seguridad Social como asalariados.

Con anterioridad, el Tribunal Supremo dictaminó también que los 'riders' de Glovo son falsos autónomos, es decir, que su relación verdadera con la plataforma es la de asalariado. Bajo la lupa de la legislación laboral actual lo son. Desde luego, este desbarajuste legal no tiene más arreglo que una regulación adecuada que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz explicó en una entrevista en este diario y luego ha ido anunciando. Si cumple con lo previsto será uno de los próximos anteproyectos de ley que llevará a la mesa del consejo de ministros.

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En realidad se requiere aprobar una normativa que contemple una combinación de características que se adapte al modelo. Pero ha de ser teniendo en cuenta que hay repartidores que prefieren seguir siendo autónomos y que a la vez impida o dificulte que quienes no lo sean en realidad adquieran obligaciones y derechos de los asalariados. 

Es evidente que no debe frenarse la innovación, de la que no andamos sobrados, pero tampoco esta ha de servir como pretexto para que se cometan tropelíasabusos o irregularidades en materia laboral, muchas veces amparadas en una legislación que ha sido incapaz de adaptarse a los nuevos hábitos y tiempos. Un ejemplo son los trapicheos que denuncian repartidores protagonizados por personas vinculadas a Glovo que les cobran 50 euros semanales para poder trabajar. Son irregularidades facilitadas por una legislación se queda muy por detrás de la realidad. Una regulación adecuada evitaría que los 'riders' siguieran pedaleando en esta tormenta.