24 oct 2020

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Dos miradas

Gabriel Rufián en el pleno del Congreso.

ERC y las riendas

Emma Riverola

En el pulso por la hegemonía independentista, la deriva de Waterloo abre una posibilidad a ERC. Pero ahí está el PNC, que puede quedarse en experimento o llevarse la herencia convergente

Todos los partidos tienen pulsiones que les atraviesa. Si en el PSC impera el pragmatismo, en el vínculo de Convergència con sus posteriores derivadas hay una voluntad dominante y hegemónica nacionalista. Para ello ha ido mudando de piel y de alma, hasta convertirse en el artefacto de Puigdemont y Torra. Una transmutación acelerada por la combustión del ‘procés’ y la ola conservadora populista internacional. En ERC, su historia está salpicada de arrebatos desestabilizadores.

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En el pulso por la hegemonía independentista, la deriva de Waterloo abre una posibilidad evidente a ERC. Todo depende de su capacidad de autocontrol. Ante la pandemia, ni Rufián ni Vergés ni otros siguieron la deleznable consigna del ‘Madrid nos mata’ de JxCat. Pero Junqueras coqueteó con la idea. Y ahí está el PNC, el nuevo partido de los sensatos centrifugados por la vorágine puigdemontista. Puede quedarse en experimento o, a largo plazo, llevarse la herencia convergente. Y de nuevo, ERC se quedaría sin las riendas. En un sándwich entre el populismo y la sensatez de su adversario nacionalista y víctima de su aversión al posibilismo.