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EL TABLERO CATALÁN

Manifestantes independentistas exhiben carteles con los rostros de Puigdemont y el resto de líderes del ’procés’, el pasado octubre, en Barcelona.

AP / EMILIO MORENATTI

Las armas de Puigdemont para dinamitar la investidura

Andreu Claret

ERC hace frente a una diciembre horribilis, plagado de fechas que pueden reavivar el independentismo más irredento

Madrid está que arde, es cierto. Menudean conspiraciones políticas para que España no caiga en manos de comunistas chavistas y de aquellos que quieren despedazarla, por decirlo con palabras del PP y de Vox. Aromas de los años 30 que agitan los medios de la capital pero que pueden tener un efecto contrario al deseado, pues empujan a Esquerra Republicana al realismo desde que Oriol Junqueras abandonó la teoría del 'cuanto peor mejor'. Sin embargo, las maniobras que pretenden hacer naufragar la investidura no vienen solo de la agarrotada política española.

Existen también en Barcelona, donde Quim Torra enciende cada día una bengala, y en Bruselas, donde Carles Puigdemont se resiste a ser el convidado de piedra de un pacto que pondría en entredicho su relato. La última prueba de su contrariedad por la música pactista que suena estos días ha sido la carta del 'president' Torra a Meritxell Batet, recordándole que no iría a los actos de la Constitución con el pretexto de que no fue votada por la mayoría de los catalanes que hoy tienen derecho de voto (obviando que lo fue por la mayoría de quienes podían votar en diciembre de 1978). En Barcelona está también el botón nuclear que Torra puede pulsar en cualquier momento, convocando eleciones autonómicas cuando más le convenga a Puigdemont y menos a Junqueras.

Los temores de los republicanos no vienen del tono desabrido que utilizan Cayetana Álvarez de Toledo o Javier Ortega Smith. Sus reservas tienen que ver con un endiablado calendario político y jurídico que no les es favorable. De ahí que hayan expresado su malhumor cuando Pedro Sánchez adelantó que esto estaba hecho, y además, sin tocar una coma de la Constitución.

ERC hace frente a un diciembre horribilis, plagado de fechas que pueden reavivar el independentismo más irredento. El 19 de diciembre se conocerá la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la inmunidad de Junqueras, que puede, de rebote, dejar libre de movimientos a Puigdemont. Dos días más tarde, Esquerra celebra su congreso, y la historia nos recuerda que los congresos de los republicanos los carga el diablo. Para más inri, es posible que en las próximas semanas se sepa si Torra queda inhabilitado por el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC).

Descorchar el cava

En cuanto a la decisión del TJUE, la preocupación de ERC es qué consecuencias puede tener para Puigdemont. Efectivamente, si el tribunal sigue la recomendación del abogado general de la UE, según el cual Junqueras es miembro del Parlamento Europeo desde su proclamación, este obtendría una gran victoria jurídica y moral, pero Puigdemont i Toni Comin podrían descorchar el cava, pues al no haber sido condenados recuperarían su inmunidad y no podrían ser procesados sin que el Parlamento Europeo lo autorizara.

Según la interpretación de algunos juristas como Javier Pérez Royo, Puigdemont podría viajar, incluso a España, sin ser detenido, y podría incluso presentarse a la presidencia de la Generalitat. Se comprende que los negociadores de ERC no pueden comprometerse a nada antes de esta fecha. De ahí que la parte no visible de las negociaciones esté, probablemente, más adelantada de lo que se hizo público en un comunicado conjunto lleno de buenas intenciones pero falto de concreción sobre el qué y, sobre todo, el cuándo.

El congreso de Esquerra se celebrará con una dirección reforzada por su victoria en la reciente consulta en la que participó el 70% de la militancia y más del 94% votó a favor de la propuesta oficial: no investir a Sánchez si antes no hay negociación. Solo una minoría, el colectivo Primer d'Octubre, pidió volver a votar antes de dar el 'sí' definitivo, advirtiendo de que lo harían contra el acuerdo si este no incluye el respeto al derecho de autodeterminación, la libertad de los presos y la anulación de todas las causas pendientes contra independentistas.

Talante asambleario

Por el momento parece que la dirección de ERC tiene la sartén por el mango ya que, en los congresos comarcarles celebrados durante las dos últimas semanas, esta posición no ha recabado apoyos suficientes para trastocar sus planes. Pero los congresos de Esquerra tienen un talante asambleario, con una militancia muy sensible a cualquier acontecimiento imprevisto. De los que Puigdemont es experto en promover. Por ejemplo, la convocatoria de Tsunami Democràtic con motivo del clásico Barça-Madrid del próximo día 18. Si todo transcurre pacíficamente, servirá para recordar que la calle sigue alerta, pero si hay altercados, y una actuación contundente de la policía, esto también podría añadir dificultades a las negociaciones.