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Espacios urbanos

Peatones pasan junto a la obra de Ememem en la plaza de Urquinaona.

ÁLVARO MONGE

La antiplaza Urquinaona

Juli Capella

Ememem, artista callejero francés, ha puesto una nota de color en un enclave realmente gris y deprimente, una no plaza, un no lugar que nos hace reflexionar sobre su significado

Si te acercas desde Fontanella, puedes ver en el suelo una colorista intervención a modo de pavimento cerámico donde reza el texto “Aquí yace un charco”. Es la reparación de un agujero tras el arranque de baldosas en los recientes disturbios que tuvieron como escenario la antipática plaza Urquinaona. Su autor es Ememem, artista callejero francés autocalificado como 'reparador del asfalto'. Una nota de color en un enclave realmente gris y deprimente, una no plaza, un no lugar, que nos hace reflexionar sobre su significado. Porque una plaza debería ser un espacio para estar. Y esta y otras muchas plazas proyectadas a partir de finales del siglo XIX son esclavas de la circulación rodada. Sin embargo, las plazas nacieron precisamente como lugar vacío, plano, platea, de ahí su origen griego y romano, los bárbaros nunca crearon plazas en sus poblados. Son lugares donde poder estar y no solo circular, para eso ya está la calle. En las plazas se festeja, se descansa, se juega, y ahí nacieron los mercados. Mi madre me decía "vamos a la plaza a comprar". Y yo pensaba ¿a cuál?

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En los años 80 se procedió a remodelar muchas plazas en Barcelona, pavimentándolas y apaciguando o retirando la circulación. Fueron las polémicas plazas duras, donde aprendimos que una plaza no es un jardín ni un parque, aunque necesitemos ambos espacios en la urbe. Ahora toca hacer una revisión integral de las plazas, buscando una nueva lógica de uso. La plaza Urquinaona es actualmente una vergüenza, una 'z' de calzadas trinchando el espacio que imposibilita su función originaria de refugio urbano, de ágora, de vacío. Porque eso es precisamente lo que aquí necesitamos, algo de nada. Un poco de desierto frente a la jungla del entramado urbano y la proliferación de elementos. Llegar a una plaza debería ser “salvado”, la oportunidad de refugiarte del tránsito, del acoso de las fachadas y sus comercios, una sala de estar comunitaria. Y muchas plazas siguen siendo los retales de suelo inservibles que desecha el rey coche.