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La esencia del teatro

Interior del Teatro Galileo, en Madrid.

Smedia

Mejor que no sea danés

Josep Maria Fonalleras

Últimamente la insensatez ataca al teatro. Todo debe ser "real" y "verídico" para que sea "auténtico"

Hace un mes que la compañía belga Studio Orka estrenó en el Manchester International Festival una obra que se llama 'Tuesday', que es el nombre del protagonista. Cuando era un bebé, su madre lo abandonó en una iglesia y el cura que le encontró lo bautizó como Martes, "porque es el día que te encontré". Ahora es viejo y rememora su vida. Es un espectáculo para niños y mayores, una fábula optimista.

Una de las amigas de Martes es discapacitada, va en una silla de ruedas. Pero resulta que la actriz que interpreta a esta mujer no es discapacitada, al igual que el actor que  hace de Martes no se llama Martes y no fue abandonado, siendo niño, en la calle. Pero hace ver que sí, lo aparenta. Es lo que tiene el teatro: hacer ver que es verdad todo lo que pasa en el escenario. Hacer ver.

Ataque al teatro

La obra estuvo a punto de no estrenarse porque el director del MIF, John McGrath, exigió que el personaje de la chica en una silla de ruedas debía ser interpretado por una actriz que realmente, en la vida y no solo en el teatro, fuera en una silla de ruedas. La compañía dijo que no podían cambiar de reparto como si tal cosa, pero encontraron una solución bastante fácil pero efectiva, que satisfizo a la organización. Cambiaron el guión y dijeron que solo era temporalmente discapacitada y que, con el tiempo, dejaría de serlo. McGrath aceptó porque así "se garantiza que la representación sea auténtica".

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Es un ejemplo más de la insensatez que últimamente ataca al teatro, a la esencia misma del teatro. Todo debe ser "real" y "verídico" para que sea "auténtico". Es un virus global. Robert Lepage estrenó hace un año Kanata, una historia sobre Canadá producida por el Théâtre du Soleil de Ariane Mnouchkine. En Kanata, que habla de indios iroqueses, no participa ningún indio iroqués. Las críticas fueron feroces. Y la Mnouchkine dijo: "Siempre será un actor quien interprete a Hamlet; y no es necesario que sea danés. De hecho, creo que es mejor que no lo sea. El teatro exige distancia, transformación, propone el camino de la imaginación. No puede haber compasión sin imaginación". Es así de sencillo. De profundo.

Joan Ferraté tambien nos lo advertía; decía que la literatura y las artes tienen la capacidad de convertir el engaño en sabiduría.