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A PIE DE CALLE

Carlos, voluntario de Arrels, habla con Navdeepsingh, antes de que la Guàrdia Urbana le expulse de esta plaza.

LAURA GUERRERO

Pobreza acumulada

Ferran Busquets

La ineficacia de los poderes públicos para evitar o poner fin al sufrimiento de tantas personas es escalofriante

Dos de cada diez personas que viven en Catalunya cuentan con menos de 915 euros al mes para hacer frente a los gastos diarios. La última Encuesta de Condiciones de Vida de Idescat muestra que son muchas las personas que viven por debajo del umbral de la pobreza porque tienen unos ingresos completamente insuficientes para gozar de un nivel de vida adecuado.

Además, nos encontramos en un momento en que trabajar tampoco te aleja de esa situación, tal como constatamos al ver a personas que, después de trabajar durante el día, por la noche no tienen otra opción que dormir en albergues para personas sin hogar. Pero, incluso ante esa realidad, la resistencia política a establecer un salario mínimo adecuado lo mantiene bajo mínimos y perpetúa la pobreza en el trabajo

Todos sabemos que las grandes transnacionales tienen unos beneficios enormes al tiempo que quienes trabajan en ellas ganan unos sueldos minúsculos. De hecho, una cosa es consecuencia de la otra. Mientras obtienen ingentes beneficios, esas grandes corporaciones pagan unos impuestos proporcionalmente muy inferiores a los que aportan los asalariados que trabajan 40 horas semanales. Sueldos cada vez más bajos. Necesidades básicas, como la vivienda, cada vez más caras. Lucro en aumento para quienes contribuyen cada vez menos a las arcas públicas para cumplir con su parte del contrato social. Trabajar ya no garantiza poder salir adelante, mientras gracias a ese esfuerzo hay quien podría gozar de una vida de lujo durante siglos. 

Un hito que nos queda lejos

Si el trabajo ya no es garantía de no caer en la pobreza, ¿qué pasa con las personas que por motivos muy diversos no tienen la capacidad de trabajar? Personas que han de poder subsistir, como todo el mundo, pero que no pueden incorporarse al mercado laboral. A pesar de los estigmas y las etiquetas, que refuerzan prejuicios y agravan el riesgo de exclusión, no se trata de personas que no quieren trabajar, sino de personas que por razones diversas necesitan apoyo del resto de la ciudadanía, y a las cuales el Estado del bienestar, hoy debilitado y en crisis cuando todavía lo estábamos construyendo, debería poder dar respuesta. En el caso de Catalunya, pueden contar como mucho con una renta garantizada que aspira a un máximo de 664 euros mensuales, un importe harto escaso si tenemos en cuenta el coste de la vida.

Resolver la espiral de la pobreza es un hito que ahora mismo nos queda muy lejos porque requiere muchos consensos y acuerdos políticos que perduren durante décadas. La casuística se diversifica y las situaciones nuevas se acumulan a las anteriores, de forma que el fenómeno resulta cada vez más complejo. La ineficacia de los poderes públicos para evitar o poner fin al sufrimiento de tantas personas es escalofriante. Salario mínimo bajo, fiscalidad incapaz de redistribuir la riqueza y compensar las desigualdades, mercado de la vivienda descontrolado, prestaciones insuficientes... Las situaciones de pobreza e injusticia se acumulan y, mientras tanto, buena parte de la población sufre a diario las consecuencias de nuestra incapacidad.

Temas: Salarios Pobreza