22 sep 2020

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LA CLAVE

Sabrià pasa junto a Torra y Aragonès, en el Parlament.

Joan Cortadellas

Y gobernar, ¿para cuándo?

Enric Hernàndez

Parados, desahucios, pobreza, listas de espera, barracones escolares... Entre ultimátum y ultimátum, estaría bien que el Govern se pusiera manos a la obra

Entre hojas de ruta, elecciones cada dos por tres, investiduras frustradas y el 155, llevamos tantos años de desgobierno que ya ni nos acordamos de cuando se gobernaba. Porque tal vez no se lo crean, pero antaño el Govern tomaba decisiones -acertadas o no- pensando en el interés general -o simulando hacerlo-, y el Parlament aprobaba leyes no para romper con España o empotrarse contra el Constitucional, sino para beneficiar a los catalanes. En aquella etapa, ya pretérita, había también, como hay hoy, miserias partidistas y maniobras de vuelo gallináceo, pero la calidad de vida de los ciudadanos ocupaba un espacio central en la agenda política. Eran otros tiempos.

Hoy Catalunya tiene 388.344 parados, un tercio de ellos sin subsidio alguno. 1,5 millones de catalanes viven en riesgo de pobreza, drama que afecta casi a uno de cada tres menores de 16 años. 325.000 familias no podrán calentar sus hogares este invierno y, pese a ello, la Generalitat se ha ahorrado el 40% de la partida consignada para paliar la pobreza energética. El Govern ha denegado la renta garantizada de ciudadanía a 70.000 catalanes y solo se la ha concedido a 5.000. De promedio, cada día diez familias son desahuciadas de sus domicilios. El parque de pisos sociales está estancado desde hace 20 años. 

160.000 pacientes se agolpan en las listas de espera de la sanidad pública, lo que dobla la tasa estatal. Faltan miles de médicos y enfermeras. Cada curso 20.000 chavales cursan sus estudios en barracones.

En el último año han mudado su sede social o fiscal 3.854 empresas, según el Colegio de Registradores (2.500, según la Generalitat). El impacto económico aún es leve -las fábricas y empleados no se volatilizan-, pero la inversión extranjera cae un 41% mientras crece en el conjunto de España.

HASTA QUE LLEGUE LA REPÚBLICA...

Podemos seguir manifestándonos, discutiendo, lanzando y retirando ultimátums o invocando un derecho a la autodeterminación que nadie reconoce. Pero, hasta que la prometida república cristalice y sane todos nuestros males, no estaría de más que quien debe hacerlo se pusiera manos a la obra y empezase a gobernar.