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Al contado

El Cercle y los tipos de diálogo

El Cercle y los tipos de diálogo

Agustí Sala

Pese al interés del empresariado en que impere la negociación para el conflicto catalán, los partidos hablan pero no acuerdan

"Con esta foto me conformo". Es la frase con la que el expresidente del Cercle d'Economia y catedrático de Economía, Antón Costas, manifestó la satisfacción de reunir en una misma sala en Sitges a representantes del arco parlamentario catalán para tratar de desencallar el conflicto catalán. "Si queréis lo dejamos aquí", incluso bromeó. El objetivo de la 34 Reunió Cercle d'Economia, convertirse en un oasis en medio de la crisis política para normalizar la situación y recuperar la confianza empresarial, podría haberse empezado a conseguir. O eso podía parecer.

Lo cierto es que cada partido expuso su punto de vista a partir del documento del Cercle sobre la posibilidad de elevar un nuevo Estatut a rango de norma constitucional votado en un referéndum y otro que contiene propuestas para un nuevo sistema de financiación autonómica. Ganas de que hubiera acercamiento había, pero especialmente por parte de los empresarios. Para unos la propuesta se queda corta y para otros, quizás es demasiado ambiciosa.

En definitiva, no hubo consenso ni siquiera en torno al riesgo para la convivencia y la fractura social de las que ha alertado el Cercle, que preside Juan José Brugera. No todos perciben lo mismo a su alrededor. Hay diferentes concepciones no solo sobre la política y la manera de practicarla sino sobre la situación que se vive en Catalunya. Y eso dificulta hallar puntos de encuentro sobre los que edificar una solución consensuada.  

¿Es eso que practicaron el diálogo que tanto reclaman los empresarios ? Como no lo tenía claro recurrí al diccionario de la RAE. Y vi una de sus acepciones: "plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos".

Ciertamente se parece a lo visto en el debate en Sitges. Una película con final previsible. Cada uno expuso su visión y propuso sus ideas sin mucho interés en aceptar o asumir las del otro, aunque esa era la intención de los organizadores. Y, por tanto, no se llegó a alcanzar el nivel de otra de las acepciones de la palabra:"discusión o trato en busca de avenencia". Eso es algo que, por ahora, tendrá que esperar. 

El problema es que si se sigue por el mismo camino de hace meses, si no años; se puede perpetuar otra de las definiciones que recoge el diccionario y que se refiere al "diálogo de sordos", que es aquel en el que "los interlocutores no se prestan atención". Y peor aún: se corre el riesgo de desembocar en un "diálogo de besugos", aquella "conversación que carece de lógica" y, por tanto, muy alejada del "mirar al futuro sumando" que pidió insistentemente a los partidos Antón Costas.

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