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DEBATE EN SITGES

Una ventana sin vistas

Los partidos exhiben sus diferencias frente a la propuesta de diálogo del Cercle d'Economia

La llegada de Sánchez, a quien Torra insta a asumir "riesgos", no reduce la grieta entre los bloques

Daniel G. Sastre

Una ventana sin vistas

Andrea Zamorano

Si la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa constituye, como dijo Antón Costas, una “ventana de oportunidad” para disminuir la tensión política en Catalunya, no está claro que sea un ventanal imponente, de los que se bastan para bañar de luz una estancia. Es más bien, a juzgar por el debate que tuvo lugar este viernes entre los representantes de los principales partidos catalanes, un humilde ventanuco, que además está casi cerrado. Pese a la metáfora voluntarista del presidente de la Fundació Cercle d’Economia, la partición en bloques –el independentista y el no independentista- sigue intacta.

A pesar del apoyo de ERC y PDECat a la moción de censura del líder del PSOE, a quien el 'president' Quim Torra instó en otro acto a asumir "riesgos" y negociar con la Generalitat, en el debate celebrado en Sitges quedó claro que la división entre partidos catalanes va para largo. Todas las fuerzas recibieron con buenas palabras el documento del Cercle que propone, entre otras cosas, una reforma del Estatut y una mejora de la financiación para Catalunya. Pero si para algunos da en el clavo, para otros va tan lejos que es temerario, y para los independentistas ni siquiera merece consideración más que como un “planteamiento intelectual” ya superado.

Las referencias a una eventual fractura social en Catalunya dieron la medida de lo alejadas que están las posiciones. Para Inés Arrimadas es innegable. “Solo aquellos que ven solo media Catalunya pueden negar la fractura social”, le dijo a Sergi Sabrià (ERC). Y Miquel Iceta expresó algo parecido con otras palabras: “Quienes de forma temeraria apretaron el acelerador sin conocer las limitaciones del coche y la carretera, nos han estrellado el coche”. Ambas afirmaciones fueron acogidas con aplausos, que dan una idea del sentir general de los empresarios reunidos en Sitges.

Para los soberanistas, sin embargo, no hay ninguna grieta social en Catalunya. Lluís Font, el diputado que Junts per Catalunya envió al debate, solo admitió “discrepancias” en la sociedad, y Sabrià acusó a Ciudadanos de azuzar el debate sobre la fractura por intereses electorales.

El representante de ERC fue de hecho quien más discrepancias mostró con el “deterioro de la convivencia” que detecta el Cercle d’Economia, y con sus propuestas. Tras lamentar que Oriol Junqueras no pudiera participar en las jornadas, como hizo en las tres ediciones anteriores, porque lleva 211 días en la cárcel de Estremera, añadió con rotundidad: “Buscar un encaje o una mejora de la financiación se queda muy corto. Lo mejor es un Estado propio. Tardaremos más de lo que nos habría gustado, pero queremos todas las herramientas de un Estado”.

A Iceta y a Xavier Domènech, en cambio, las propuestas políticas de la institución les parecieron bastante correctas. El representante de los ‘comuns’ fue, al margen del moderador, quien más se empeñó en subrayar la necesidad de una negociación sin apriorismos. Para otros, como Arrimadas, no puede haber diálogo si antes la Generalitat no se compromete a cumplir la ley. Y para Font, de JxCat, no se puede hablar mientras la amenaza judicial penda sobre los representantes independentistas.

Sin rastro de autocrítica

No hubo rastro de autocrítica en ninguno de los dos bloques, y sí muchas advertencias con respecto a las intenciones reales de los contrarios. “¿De verdad creemos que el independentismo se conformaría con más competencias culturales o con un mejor modelo de financiación?”, afirmó por ejemplo Xavier García Albiol, que, por otro lado, condensó en una frase el pasmo general por el vuelco de la situación política de los últimos días: “Cuando me preparaba las notas para venir era el representante del partido del Gobierno y ahora soy el representante del partido de la oposición”.

Antón Costas, moderador del debate, llegó a suplicar un acercamiento de posiciones. “Dadnos una alegría, buscad un acuerdo sin condiciones de partida”, dijo hasta dos veces hacia el final del acto, en vista de que las posiciones seguían tan enconadas como siempre. Pero los políticos continuaron a lo suyo, cada uno abrazado a su parte de realidad.