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Al contrataque

Quim Torra, durante el acto de toma de posesión como president.

ALBERTO ESTÉVEZ (EFE / POOL)

El Tata Martino del independentismo

Jordi Évole

Muchos independentistas han vivido la elección de Quim Torra igual que los culés vivieron la llegada del Tata: sin ilusión

Ya hace tiempo que el conflicto entre Catalunya y el resto de España se ha convertido en un Barça-Madrid. Gran parte de sus protagonistas políticos y mediáticos usan expresiones que recuerdan más a las de un enfrentamiento futbolístico que a las de un conflicto político. Las tertulias del 'procés' acaban teniendo en ocasiones un increíble parecido con las del 'Chiringuito' de Pedrerol. Cuando nos quejábamos de la politización del futbol, alguien nos descubrió que igual era más preocupante la futbolización de la política.

Pues para no desentonar con esa tendencia, me sumo a la corriente que triunfa. Y observo que a Quim Torra se le está poniendo cara de Tata Martino. No es que se parezcan físicamente. Se parecen por lo que pueden acabar representando para los suyos.

Traicionar la esencia

El Tata Martino (que a mí siempre me pareció un buen tipo) fue entrenador del Barça justo después de los años gloriosos de Pep Guardiola y Tito Vilanova. El Tata no ganó ningún título importante en su única temporada en el club. Pero eso no fue lo peor. Lo que peor llevaron los aficionados es que el juego de Martino traicionó la esencia del fútbol de toque del que tanto presumían los culés.

Muchos independentistas han vivido la elección de Quim Torra igual que los culés vivieron la llegada del Tata: sin ilusión, incluso con decepción. Torra traiciona el juego inclusivo del que presumía el independentismo. Un 'tiki-taka' muy astuto que aparentemente jugaba para sumar. De repente descubren que el nuevo 'president' no comulgaba con esa filosofía integradora, por mucho que ahora disimule. Torra jugaba a otra cosa. Un juego más feo, menos elegante, aunque igual más sincero.  

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Los más cafeteros del 'procés' –que no son pocos- seguirán a tope con su flamante 'president'. Pero no son los dos millones que salieron a votar el 1 de octubre. Tampoco son ni uno ni dos los diputados de Esquerra que han votado que sí a su investidura con la pinza en la nariz. Por no hablar del papelón de la CUP con su abstención.

Me decía un amigo 'indepe': “¿Yo he ido a todas las diadas multitudinarias, he participado en el 9-N, en el 1-O… para acabar teniendo a este señor de 'president'? ¿No había otro?”. Su toma de posesión en la clandestinidad, y con la plaza de Sant Jaume prácticamente desierta de su afición, denota que algo ha fallado. Muchos 'indepes' han leído con dolor sus tuits, sus textos en varios digitales catalanes (por cierto, en Catalunya creo que ya tocamos a más digitales que a médicos por habitante) por no hablar de sus fotos en la sede del PSOE. Esas fotos tan cutres no pueden ser las de un futuro 'president' de la Generalitat.

Lo único que puede salvar a Torra es que la reacción contra él sea tan furibunda que eso le refuerce. No lo descarto. La miopía del Gobierno y del Supremo es tan grande que igual nadie se da cuenta que Torra se puede convertir en el mejor fichaje de los no independentistas. O igual no es miopía. Igual es que ya interesa seguir con este Barça-Madrid eterno.