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LA CLAVE

El exconseller Santi Vila saluda al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante una entrega de premios de la patronal catalana Foment del Treball.

De 'Vilas' y 'Tardàs'

Enric Hernàndez

Sin más "traidores" como Vila y Tardà que cuenten a los independentistas las verdades del 'procés', Catalunya se abocará al colapso

Javier Cercas clamaba en otoño por la aparición de un político que ejerciese en el ‘procés’ el mismo papel que jugó en la transición el franquista Adolfo Suárez. "Necesitamos a un líder independentista que les diga con los hechos a los independentistas que todo ha sido un error amasado en mentiras (...). Se convertirá en un traidor para los suyos, pero sin él será difícil resolver esta crisis."

Cinco meses después de los sucesos de octubre, el podio de traidores del independentismo anda muy disputado. En su revisionista narración sobre el ‘procés’, ‘De héroes y traidores...’ (Península), el ‘exconseller’ Santi Vila se erige en villano oficial de la órbita posconvergente al ajustar cuentas con los exsocios del Govern, con sus correligionarios y consigo mismo.

Otro tanto hizo el republicano Joan Tardà al escribir en EL PERIÓDICO que al independentismo le han sobrado tripas y le ha faltado cerebro, que carece de mayoría social y que solo el acercamiento a los ‘comunes’ y al PSC permitirá consolidar logros y ampliar su base. Un artículo controvertido pero al fin respaldado por la cúpula de ERC, que ha definido las tesis de Tardà como "junquerismo en estado puro".

DE SU PROPIA MEDICINA

El apelativo de "traidores" es el más benévolo que la patria digital ha proferido contra Vila y Tardà en las volcánicas redes sociales, como le sucedió a Carles Puigdemont cuando quiso convocar elecciones y a Roger Torrent (ERC) tras suspender la inviable investidura del 'expresident'. Digámoslo todo: los líderes que pública o discretamente rompen con la alocada vía unilateralista están bebiendo de su propia medicina. Porque el uso perverso de las redes para demonizar e intimidar al discrepante ha sido desde el principio el látigo inquisitorial con el que el ‘procés’ ha logrado mantener prietas las filas y ha intentado doblegar voluntades ajenas.

Ese mismo pulso entre irrendentismo y posibilismo es el que ahora bloquea la formación del Govern. Solo la CUP y Puigdemont se mantienen fieles al trampantojo de la DUI, mientras JxCat y ERC enfilan (sin confesarlo) el retorno al autonomismo. Sin más ‘Vilas’ y ‘Tardàs’, el colapso está asegurado.

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